Según narran en los más íntimos fogones del AKU, la anécdota cuenta lo siguiente:
Probá con este número de celu: es de una piba que está re buena, habló Leonardo Ferreyra, el bioquímico de Barrio Refinería, al tiempo que le enseñaba a Facundo Santoro el número de teléfono de una joven kayaquera.
Ahora le mando un mensaje de texto, rió Santoro.
«Un día abrí los ojos y al nacer vi que yo era río. A pocas almas las he visto así: Algunas no saben, siquiera, que ya son río», envió el poeta a su muchacha desconocida.
«Kien sos?», fue la pregunta, después de unos minutos.
«A veces el ruido es tan ensordecedor, que es mejor apacientarse —apacentarse: el celu no tiene el corrector de este programa que uso para escribir— al tiempo del silencio», respondió Santoro con un vaso de fernet con cola en la diestra, y el teléfono en la zurda.
Sonó una llamada que jamás se atendió. Qué le voy a decir, se excusó Santoro y explicó: cuando sepa quién soy me echa a patadas. Que llame, total no la atiendo.
«Si n m decis kien sos tendre q bloqear los sms provenientes de tu num», insistía la muchacha.
Me tiró el centro atrás y me dejó mano a mano con el arquero, exclamó Santoro; a un poeta como yo no se le puede jugar tan tontamente. Mirá cómo le rompo el arco; y preguntó a su compañero: contame algo más de ella. Es periodista, disparó Ferreyra, rema en kayac, viaja en bicicleta, es adventista. Adventista, ¿eh?, pensó Santoro y respondió: «Tal vez sea lo mejor. En vano espero el asomar de esta luna que intentará menguar las pulsiones más oscuras. Mejor anulá mi número. Adiós… A Dios… Ah, Dios… Maldita mortalidad impía».
El teléfono volvió a sonar. Sigue llamándome.
«Atendeme carlos, dnd estas», otro mensaje.
No tiene ni idea de quién soy, habló Santoro y volvió a apretar botoncitos con el dodo gordo de la mano izquierda. «Perdón, Ruperto, estoy verificando que el agua del retroproyector de plasma líquido no desnomalice, y que el río no deje de llorar a esa luna amarilla que nos vela tímida», si me cambia de nombre, le hago lo mismo.
«M pusiste nombre d rata, ja. En serio carlos. Dnd estás?»
«Hey gordo, dónde andá, tengo un pedo extraordinario», el mensaje de texto de Iván Machado, un músico amigo de Santoro, se interpuso en la conversación.
«X favor, muchacha. Dejame en el velo de este misterio. No es duda ni temor: es un encono que no deja de supurar. Ya no llames ni me mandes Sms. Lloro en cada contacto con vos. Por favor. Gracias», escribió Santoro a la muchacha desconocida.
«Solo quiero saber xq m incumbe, no es ningún pekdo —pecado— mi curiosidad», insistió por última vez la muchacha.
«Dnd andas pibe. Ya saliste p la isla», este mensaje es de Hernán (Dacharry), le explicó Santoro a Ferreyra, que había quedado como atontado mirando la luna llena recién asomada..
«Este finde me quedo en Rosario, Colo, estoy en la rambla. No voy a cruzar a la isla. Si andás por acá, pasate a tomar un fernet que ya subo al rancho».
«Voy a la calle Reconquista, Iván, una desas viene Hernán».
Un mensaje había en el teléfono de Facuando Santoro cuando despertó al mediodía. Provenía del número de ella. «Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar de amabilidad. Abrir las canillas, las compuertas del llanto», Oliverio Girondo (1891-1967) le confesó a Santoro —que tontamente se soñaba viajando en tranvía por Rosario— que la muchacha desconocida no pudo dormir en toda la noche.
«Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando».
Oliverio Girondo.
Se va otro día.
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Más allá de los esteros, según cuenta la leyenda, existen enormes aldeas de piedra.
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La inspiración puede ser responsable de una gran mentira???





Crepuscular de un asomo;
asomo k no es tal…
Asoma la luna,
El misterio cesa y,
el encono…
gotea.
Gotea lágrimas.
Lagrimas deskiciadas brotan;
brotan y fluyen hacia recónditos lugares;
forjando grietas…
k socavan en el interior del ser.
K retorna al naufragio de este misterio lunar
En la hora del velo crepuscular…
No puedo creer esto que estoy leyendo. Gracias. Te juro que me empiezan a llamar la atención los Unicornios desde ahora. Siempre los odié… pues los relacionaba con nenas tontas o con los pintores de earógrafos que siempre hacen los mismos dibujos en la peatonal córdoba.
Incluso llegué a aborrecer a Silvio Rodríguez en el instante más talibán de mi guerra contra los caballos unicornianos.
Jaja.
Un abrazo.
No nos odies… a pesar d k la mayoría d ustedes nos toma como un cursi animal… nos solo keremos ser libres. Libre d esos conceptos vagos. Solemos tener hábitos solitarios y esquivos k nos tornan agresiv@s y sin intención alguna alejamos a quienes d verdad nos comprenden… En esa pasada guerra k tu yamas “guerra contra los caballos unicornianos” nos kdamos pensando en la raza humana… raza cruel si las hay… en fin, terminamos yendonos… solo nos perdemos hacia el rumbo de ninguna parte con míras hacia el Paraná inmenso…
Disculpe señor/a Unicornio pero si usa la letra K, ella suena como CA
Para usar la K como ud la usa, use mejor la Q
Dr Efraín Guzmán,
Director de Gramatología Saintterriense
¿Por qué no usan las letras que corresponden? Los profesores de español ya no saben transmitir la magia de nuestro idioma. Y sí, en eso soy totalmente tradicionalista.
Abajo las trabas retóricas de esta lengua. Sólo las uso por gusto, pero amo ver a mis alumnos escribirme en el chat con sus letras extrañas y siglas indescifrables… pensar que unos años antes no había forma de hacerlos dejar de jugar a los videos. Ahora, gracias al chat, a los sms, al fotolog, bla bla, están todo el día leyendo y escribiendo. Sólo falta que vuelvan al deporte. Jaja. Por eso —por esto último que mencioné— desde acá los queremos hacer amar el río y la tierra.
Lo bueno, Unicornio, es que los saintterriense aún no se han dado cuanta por qué escribe Ud así.
Es un genio!!!!
Lo admiro en silencio, y eso Ud lo sabe. Aún agacho la mirada de vergüenza cuando a lo veo pasar delante mío.
Cuando revisé los originales, vi que este texto, escrito en completo estado de ebriedad, nacido en los ocasos de la última primavera, tenía por nombre «silencio mediocre somnoliento».
M alfabetyzaron y syn preguntar ympusyeron la lengua española… d esta manera cualkyer ynterstycyo k los unucornyanos ayemos será la forma d resystencya
k-dyfycyl-empalabrar-lo-k-uno-syente… e-ymagynese-aun-syendo-unycornyo…
Pués el sylencyo medyocre somnolyento manda a yorar como don Olyveryo dyspone… en el eco de un tyempo dystant…
Esperemos que de los ecos se hayan dispersado. Me gusta cuando los recuerdos se vulven olvidos.
Casi de casualidad di con este blog.En primer lugar quería felicitar a Santiago por “Llorar como manda Girondo”. En segundo lugar, le expreso mi admiración a Unicornio por sus reflexiones, se nota a simple vista que se trata de una persona sumamente inteligente y con un maravilloso mundo interior.
Mmhh. Desconfío de los floreos.