El reencuentro
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«Pero quizás en lo hondo del viejo la verdadera razón de no haber vuelto jamás a España era su temor de encontrar una España distinta a la que él había conocido e idealizado a la distancia. Su España propia. Por eso prefirió mantener su condición de exiliado y continuar fiel a una España hecha a medida de sus deseos y de sus frustraciones, una España trágica o eufórica de acuerdo a sus estados de ánimo, una España maleable, una España plastilina que pudiera estirarse, redondearse, voltearse, romperse y volverse a armar siguiendo sus argumentos y necesidades.»; Pacho O’Donnell.
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Algunos alumnos de la Promoción 1990 de la escuela primaria número 156 de Barrio Alberdi, se reunieron en mayo de 2006. Hacía más de quince años que la mayoría había dejado de verse por completo. Todo empezó como de costumbre, como cuando uno se junta con la gente que hace más de una década no ve. «¿Te acordás del viaje a Córdoba, en séptimo?»; «¿Te acordás cuando la hicimos llorar a la de Sociales?». Los recuerdos de siempre, y llegan los gratos momentos actuales, y los desagradables también. «Cómo estás cambiado»; «Eras petisa y gordita»; «Así que te recibiste»; «Qué lindas las fotos de tu nene»; «No sabía lo de tu mamá».
La noche fue por demás de agradable y todos prometieron volverse a ver. Pero una vez que todo acabó, cuando se hallaron solos en sus casas, los sentimientos de cada uno fueron muy diferentes.
Romina Serrat acabó llorando porque se veía vieja, cansada; apenas veintiocho años, y ya añorando lo lindo que había sido su infancia, en contraposición a sus tiempos actuales, donde la inestabilidad laboral y afectiva la castigaban tanto.
Carolina González estalló en lágrimas al saber que muchos de sus amigos habían podido llegar a esa edad sin hijos, y aún riendo como los niños que «volvieron a ser» en esa oración de mayo.
Germán Agüero se lamentó enormemente. Supo que no hizo otra cosa más que hablar del trabajo. Todo su argumento fue en función del sistema opresor que a él lo esclavizaba, y a otros apenas se les presentaba para subsistir. Dedujo también que toda la libertad de la que gozaba venía de la mano del medio tirano que robaba a su vida largas horas invertidas en inicuos tormentos, cotejados éstos a la felicidad que por ellas podía obtener.
Sólo se hicieron presentes los años felices cuando éstos ya habían pasado.
Kiara Osorio, la estudiante de lingüística de la Florida, también se dejó apenar por el reencuentro. Pero ella no lamentó las anécdotas del pasado. Muchas de éstas ya habían sido olvidadas y, en su lugar de la memoria, reemplazadas por nuevas y mejores aventuras. Ella lloró, pues ninguno de sus antiguos compañeros tuvo las ganas de entender que las únicas noches donde las tonalidades amarillo-urbanas, en el cielo, contrastan con los celestes de las nubes, son las que enseñan una luna llena… como ocurrió durante esa fría velada.
No volvieron a reunirse jamás. Optaron por saludarse tímidamente y, en lo posible, con la cabeza gacha, si alguna ocasión del destino los volviera a cruzar en un bar o en una esquina de Rosario.
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No tiene que ver con el texto, pero va un pequéñisimo homenaje a los Tucu-Tucu:


Los que fueron cómplices de aventuras y momentos cruciales en la divina vida de estudiante, la “sociedad” a la que tuviste que enfrentarte cuando estabas en la flor de tu adolescencia, los que vieron nuestros cambios de lo más feo a lo mejorcito o viceversa (las espinillas, los bigotes, los braquets, nuevas curvas, nuevos músculos, etc)… Aún si mantuvieras contacto por msn con tus ex compañeros,cuando suceden estos encuentros hay un aire de lejanía y no pertenencia, ha sido tanto el tiempo que te ha separado de ellos que cada uno ya es otra persona que tú conociste…
Ojalá las cosas se mantuvieran congeladas en el tiempo, ojala que no creciéramos y podamos ser niños para siempre… hay un niño en cada uno de nosotros, hay que dejarlo salir a jugar contigo mismo.
Hay una frase muy bella, de la escritora francesa Simone de Beauvoir, q vino a mi mente apenas termine la lectura d estas lineas y q quiero compartir; dice asì:
“¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad”
Yo soy hincha de Heráclito. No me puedobañar dos veces en el mismo río aunque me esfuerce porque sea el mismo.