I Yara no contempla lo que a nosotros se nos ha dado por llamar bien o mal. El amor y el odio, para esta divinidad pagana, son estados puros. Odio al aborrecer a Tupá Yara -dios del sol-, y amor hacia las criaturas que habitan bajo las aguas, mediando en los asuntos turbios de las rayas y los bagres, e interviniendo con su ejército de palometas en las discusiones que se le antojan subversivas.
I Yara no atiende los conflictos mundanos de la superficie. Y acusa contaminación y depredación a la obra de su antítesis Tupá.
.
.
.
.

El río me ha llevado,
Se ha adueñado de mí.
He caído en los brazos turbios
Del viborón naviero,
Y me he dejado arrastrar
Por su torrente
De aguas oscuras
Hacia lo más recóndito
De sus lejanos esteros.
Casi no puedo saber quién fui.
Me quedan ruidos,
Gritos, euforias
Y culpas
De ese otro que
Ya ha sido llamado
Por el Espíritu del Agua.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
¿Y EL FIN DE SEMANA?
.
.
Tranquilo. Muy tranquilo.
.
.
El sol que se escondía rojo, presa del humo que lo irritaba.
.
.
El sol se fue lento… silencioso.
.
.
La noche trajo sus matices.
.
.
La lejana ciudad nos mostró de lejos su dorado resplandor.
.
.
Y tuvimos una mañana de baja presión.
.
.
Tan baja que trajo…
.
.
…el milagro.
.
.
¡¡¡Sí!!! El agua del cielo.
.
.
Y llegó en abundancia.
.
.
Y con el agua: el final de los incendios…
.
.
¿Habrá sido ésta la última imagen del humo de las islas? ¿O los horribles ganaderos volverán al ataque cuando vuelva la seca? Dios no lo permita. Alguna vez tenemos que ganar los buenos… los que amamos el río.
.
.
.
.
.
No bajamos los brazos.
.
.
Hay tanto por qué rezar.
.
.
Tanto que debemos seguir combatiendo.
.
.
Para un día por fin recuperar nuestro río bello. Ése que matan las acopiadoras de pescado, los agroquímicos de los sojeros, la mugre que dejan los lancheros, los clorados de las papeleras, la pólvora de los furtivos, las mallas de tramados diminutos.
.
.
Allá vamos.
A seguir nuestra lucha.
Allá vamos.
Mientras quede un solo mugrieto que siga echando colillas al cauce bueno, nosotros seguiremos sin bajar los brazos.
.
.
Allá vamos.
.
.
A combatir los que te matan.
La muerte sigue firme en tus costas.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Y un regalito:

















muy buenas tus fotos lastima la enseñansa de tu tecnica de remo entre los camalotes saludos dede victoria
Menudo atardecer, Santiago!!! Impresionante, cada día un poco más… Qué envidia sana nos das!!!
Bernardo: Victoria, la de las siete colinas. Si no existieran los accidentes ni los desafíos, para qué carajo viviríamos. Si no nos arriesgamos a vivir, nos compramos una televisión y nos limitamos a mirar al imbecil de Tinelli. Por suerte para los costeros no existen esos límites.
Pili: no hay qué envidiar. Saliendo de cualquier lugar urbano aparecen las maravillas de la naturaleza.
Es cierto que en casi todas partes hay lugares maravillosos, pero son paisajes bien distintos, te lo aseguro!!! Y aquí, demasiado poblados la mayoría!!! Es casi imposible ir a una playa y estar solo, o no escuchar ruído de coches o no ver civilización…
La montaña es diferente, pero aun así, tampoco se parece a lo que he visto en tus andanzas…