El alumno
Muchas historias del río parecen encerradas en la nostalgia de un tiempo imaguaré, cuando los sapukais rompían el silencio del monte, o cuando el yacaré era el señor de los esteros. Aun así, y como es mi intención destacar, todavía se suceden maravillosas anécdotas que dejan entrever que el tiempo de la mística sigue marchando, que las letras chamameceras, las canciones y las leyendas litoraleñas, todavía tienen motivo de inspiración, si queremos que nuestra traza siga adelante.
Es cierto que las islas aún guardan misterios ocultos. Pero cada vez menos nos atormenta el llanto del crespín o las apariciones del carpincho blanco. Ocurre que las nuevas historias incluyen lozanas y renovadoras musas, muy distantes de aquellos mitos. Hoy, decenas de narraciones cantan al hombre perseguido que escapó de Coronda, a la venganza de las gatas peludas que avanzan río abajo, o al ecosonda que encuentra la silueta de un monstruo semienterrado en las profundidades del canal.
A pesar de todos estos cambios, la tradición litoraleña nos estimula a mantener vivas las letras de nuestros viejos poetas. Así, las «Monedas de Sol» de Chacho Müller brillan con el mismo esplendor de antaño, y la «Canción de Cuna Costera» de Linares Cardozo sigue durmiendo al gurí que sueña con ser pescador. Pero debemos saber que el nuevo hombre también ha llegado al delta, ha visto con sus ojos color cemento y, a golpes de aire puro, ha matizado también su río. Ahora distingue un curupí de un aliso, un remanso de una corredera[i], un moncholo de un patí, un dos hileras de un bandoneón. Las obras nuevas abren las puertas a quienes disfrutamos de la prosa y el canto, renacidas del puesto vacante que dejaran nuestros viejos poetas.
Intentando hacerse cargo de este legado, la siguiente historia, escrita por Juan Olivera y revisada por Facundo Santoro, nos relata el episodio de Paolo Cardozo, un alumno de Río Marrón —escuela de canotaje de la zona norte rosarina— cuando decide salir a caminar por las islas. Trascurrió en la Semana Santa del año 2005, en Boca de las Cañas, Departamento Victoria.
Está escrita de manera infiel, enunciando muy pocos de los términos que utilizara Paolo, cada vez que la relatara en un fogón.
Esta vez, no sé si fue por voluntad o fuerza mayor, pero debí salir lejos y caminar hasta una laguna para buscar esa porción de misterio. Tuve que atravesar un albardón lleno de mosquitos y sauces, sortear los cardales secos, pasar por yuyeríos espinudos, enterrar las botas en el barro y, una vez sorteados esos obstáculos, por fin esperar. Ahí estaba yo… solo… con un telefonito celular en las manos y un paisaje gigantesco ante mis ojos —SIN SERVICIO—.
A lo lejos se veían enormes los puertos cerealeros y, detrás de ellos, un fuego que encendía con furia las nubes blancas del poniente —UNA RAYITA DE SEÑAL (pero está en modo analógico)—. Un poco más acá se acostaban los esteros interminables del paisaje islero.
Una garza mora apareció entre los pastos, dio varias vueltas por la zona y se perdió detrás de unas arboledas —DOS RAYITAS (sigue analógico: lo apago y lo vuelvo a prender para ver si pasa algo)—. Una pareja de zorzales de pecho colorado se arrimó a la escena, curiosos del ser humano que apretaba botoncitos, al tiempo que revisaba el fondo del agua, caminando con cautela y blandiendo su machete —HOLA, DULCE (el saludo inicial de mi teléfono)—.
—¿Serán taruchas o sabalitos? —Algo se movía entre los camalotes. El río, aunque mostraba unas leves subas por aquellos días, estaba pronto a bajar y estos charcos no tenían salida—. Si los agarro con el machete van a la fritanga; total… igualmente están condenados… que los coma yo o los caranchos… —Me lamenté de no tener una fija[ii] en ese momento— DIGITAL, CON UNA RAYITA (capaz que tenga suerte).
Me di cuenta que eran sábalos, los de lomo negro, y no eran tan chiquitos.
—A ver si llego —pensé.
Caía la tarde y la mosquitada se hacía cada vez más insoportable —DIGITAL, CON DOS RAYITAS—. Cada vez estaba más cerca del animal.
—Ya te tengo. No te me escapés, por favor —estaba tan cerca—, que te aso ahora mismo. Te veo y me hace ruido la panza.
Aguanté los mosquitos, que ya tenía de a docenas en el rostro, elevé el brazo que empuñaba el arma y preparé el golpe certero. Elegí el lugar exacto donde iba a dar machetazo: entre la branquia y la aleta pectoral.
—Ahí voy —pensé, pero entonces ocurrió:
—TI TI TI TI TI TI (¿eh?) MENSAJE RECIBIDO.
El sábalo se ahuyentó con el ruido. ¡Se fue!
—¡Ay! Se escapó. ¡Qué odio! ¡Qué tremendo mi fastidio! —vociferé insultos en cantidad; por supuesto, dije groserías mucho más fieras, pero me da un poco de pudor repetirlas en este momento, que lo cuento en frío.
Después de aventar los mosquitos miré al aparato culpable de la fuga del pez.
—LEER (decía la pantalla, haciendo referencia el nuevo mensaje que había receptado) —mis sensaciones en aquel momento se parecían a una mezcla de bronca e intriga—. ¿Será de ella? —como por arte de magia, la totalidad de mis exasperaciones se volvieron sosiego y puras ansias.
El sol que se alejaba y la luna que asomaba al este, miraban, rojos de celo, cómo mis ganas de leer el mensaje tan esperado hacían temblar las puntas toscas de mis dedos callosos, buscando desesperados en el pequeño aparato las respuestas a los grandes sigilos de la juventud
Nota de Facundo Santoro, censurada luego por Juan Olivera cuando la historia se publicó el la página oficial del la escuelita de canotaje: «supongo que, si el Señor me lo permite, años más tarde y al releer estas líneas, encuentre poco oportuno creer que Paolo utilizara de forma atinada la palabra juventud para identificar el momento donde el amor se presenta como un misterio por el cual nos enfermamos, hacemos humillantes manifestaciones públicas o, por el contrario, nos hacemos de la fortaleza para prescindir de casi cualquier cosa que no se parezca al placer de ocultarse en los ojos cálidos de la mujer amada. De lo contrario, si entiendo que juventud es la palabra acertada donde se encuadra el misterio del amor, entonces mi vida habrá dejado de tener sentido, igual que la de todos ustedes. Seguramente, si aún permanezco con vida: si aún no he cometido un suicidio, me hallaré llorando entre las sombras del muchacho que fui en este pasado… que fui en este presente que se me habrá vuelto tan lejano.»
Mis ojos se llenaron de regocijo al ver las letras oscuras en la pantallita verde:
—QUÉ CALOR EN ROSARIO. TE EXTRAÑO MUCHO. CONTAME QUÉ ESTÁS HACIENDO DE LINDO.
Ahí estaba ella, mi Andrea, respondiendo al mensaje que le mandara ayer, antes de que entráramos en este riacho. Respondía y preguntaba desde la otra orilla… Y también estaban ellos, los dos dioses guaraníes, el Tupá y el Yasí, decorando los horizontes de aquel 26 de marzo, repartiendo ambos todo su poder a los vientos litoraleños. Arrojándome estrellas, arreboles, siriríes, brisas pamperas, mosquitos de a cientos, pero sin lograr desencantar mis ojos, que encontraron entre esas toscas palabras inertes, la voz de la niña más dulce de aquel momento.
Tal vez haya sido Dios quien me habló, entonces, en su lenguaje cifrado y arcano, sirviéndose de las palabras de mi novia. Tal vez me dijo: CONTAME QUÉ ESTÁS HACIENDO DE LINDO, PORQUE SE TE VE CONTENTO DESDE LO ALTO. ¿VISTE?… AHÍ TENÉS TU PAISAJE Y TU GURISA, QUE SON LAS CLAVES QUE ELEGISTE PARA EDIFICAR TU INTEGRIDAD. ¿O NO SE PARECE A ESTO LO QUE BUSCASTE TODOS ESTOS AÑOS? AHORA… AHORA VOLVÉ CON LOS TUYOS. ANDÁ Y ABRAZALO A JUAN, TU PROFE, DECILE GRACIAS POR TODO LO QUE HIZO POR VOS, POR HABERTE TRAÍDO. PORQUE YO, TU SEÑOR, TOLERO MENOS LA INGRATITUD, QUE LA ARROGANCIA.
Volví al campamento. Habían hecho fuego y estaban, como dijo don Julio Migno, «vistiando de humo las mosquitadas». Lo abracé al profe Juan y le comenté que mañana íbamos a hacer fijas con troncos de aliso para ver si agarrábamos unos sábalos. Me miró desconfiado y retrucó:
—En esta escuela no matamos peces ni cortamos árboles.
Igualmente le agradecí. Los ayudantes del profe (que en realidad habían ido al raid a tomar vino y a jugar a las cartas) rieron al ver la escena. Esa noche los oí: recordaron con Juan cuando robaban armados en los espineles de los pescadores distraídos, y cuando, a golpes de machete, desmontaban alisales enteros para armar aleros contra el sol y benditos[iii] para repararse de la lluvia.
Segunda nota de Facundo Santoro: «Durante un asado en una guardería para kayacs, yo escuché a Paolo Cardozo relatándole esta historia a los integrantes viejos del Círculo Rosarino de Canotaje. Recibió aplausos y ovaciones.»
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BIENAVENTURADOS LOS QUE ELIGEN AL CIELO COMO TECHO Y A LA TIERRA COMO NIDO.
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hola no te das una idea lo k me hacen llorar estas lineas al esta tan lejos de mi Rosario y no poder contemplando el parana con lo k mas me gusta de mi tierra , desde Barcelona .España
Santi que sabio sos
YO, TU SEÑOR, TOLERO MENOS LA INGRATITUD, QUE LA ARROGANCIA.
El mostro
Santiagodelrio, que hermosas fotos publicas, cobran su propia vida en cuanto le das lectura a tus letras..
Definitivamente es un mensaje del cielo, y que hermoso es cuando el conducto es el ser amado..
Mis Saludos y un abrazo
Marcela y Juan: vuelvan así no tienen que llorar de lejos. Un abrazo. ¿No leyeron el texto que escribí sobre la gente que se va de Rosario?
Mostro: Había que traer a Luismi y a Guarany para que volvieras.
Leyla: El amor es ese misterio tan extraño. Algunos sé que lo han encontrado. Debe ser hermoso.
Excelente Post!
Excelentes fotos, se disfrutan con el relato interrelacionados, realmente lo disfrute y aprendí.
Solo te sugiero Santiago, si podes aclarar el significado de más palabras, que para vos serán muy comunes, pero tal vez vez para mi no, y menos para alguien del extranjero.
Estarías transmitiendo lo nuestro, y ahh, ponlo en letra mas grande a las definiciones o Glosario, ya que los chicatos no no vemos!!, tome una lupa gigante del reino!!, no macanas,
pero un poquito mas grande se verían mejor, al menos para mi.
Abrazo
Marcial
Voy a tener en cuenta estos avisos. Gracias por la sugerencia.
Estoy de mas agradecido porque transito junto el relato y las imágenes, esas sensaciones en mi cuerpo que nunca olvida y, revive en ese tiempo de esta realidad, esa cresta de la ola que quién sabe por que fuerza te impulsa y te lleva el alm……YYYYEEEEAAAA ! ! ! QUE LINDO ES… ! ! ! !
Hola santiago!! bueno como siempre solo palabras de agradesimiento por los relatos y por transportarme hasta alla con una simple lectura y unas hermosas imagenes!! espero volver pronto para escuchar mas anecdotas y sentarme a compartir un fueguito y una pava en vivo…!!