Rejunte de ideas.
El hombre —je, je— es así. Debe ser así. Bla, bla, bla.
Porque antes… Bla, bla, bla… Cuántas estupideces.
¡Por favor! ¿Desde cuándo tienen que soportarse estas cosas?
Los valores familiares bla, bla, bla…
Industria opresora familiar.
Las mujeres… ¡Qué horror! Las mujeres
de ahora son unas locas:
Encaran a los hombres.
Un atropello a la razón y a las buenas costumbres.
Buscate una como la gente.
Entonces hice caso… traté de hacerlo…
Lindo el molde… bueno el molde…
Un bello modelito canónico.
Era cómodo, era seguro…
El molde estaba lleno de ángulos rectos.
Todo organizado,
todo predefinido,
todo acordado.
Una pinturita.
Todos orgullosos en la familia.
Los chistes eran de salón.
Las malas palabras eran frecuentes,
pero representaban arrojo de rebeldía.
¡Qué nivel!
El molde lindo.
Sólo una cosa no encajaba en el molde…
Sólo una.
Una cosita no encajaba en el prolijo rompecabezas
de ángulos rectos…
Y me echaron. Quedé afuera.
Yo no encajaba.
Anoche me cautivaron unos ojos…
Busqué a su alrededor y,
para sorpresa,
no ubiqué el molde.
¿No estaba?
Busqué donde encajaban las piezas…
Mas no hallé estructura.
No había una matriz.
¿Será real?
Hay veces que los moldes son imperceptibles,
sutiles, confusos, histéricos.
No sé…
No encontré nada que se le parezca.
No había líneas rectas.
¿Será real?
Facundo Santoro. Rosario, otoño 2005.


Los moldes nunca se acomodan a mi estructura.. jejeje eso les digo a la familia
El caso es que alguna vez seguimos las ideas de la familia, seguimos sus costumbre y caemos en los que es “mejor para ti.” pero el molde nunca encajo.. por mas elastica que me volvi.. no, no encajo.. ninguno.. pero eso si.. lo intente.. que no se queje la family…jejej
Excelente Texto… Saludos
El molde se rompió cuando el horror se hizo visible.
Todavía ando tambaleante por lo resonante de la percusión. Qué fuerte fue romper ese horrendo molde. Qué lindo.
Qué sano.