Para los visitantes de otros lugares, que veo aparecen, y que son frecuentes:
Les cuento que mi país se llama Argentina —tierra de la plata—. Queda al sur del mapa: debajo de todo, según las editoriales. Es un país netamente agro-exportador y futbolero. Exportamos alimento para 450 millones de personas, y una vez ganamos un mundial de fútbol: en 1986 en México. También compramos uno, en 1978, pero da vergüenza recordarlo, así que me sincero y les digo que ganamos sólo un mundial: de la mano de Maradona y de Baldano. Mi país se divide en regiones. Cuyo: la de la cueca y del vino, el Litoral: del Paraná y el chamamé, la Patagonia: del loncomeo, la estepa y los glaciares de la valdivia, el Noroeste: de los guainos y el cardón, el Chaco: del Chelaalapí y el algarrobo, y la Pampa: de la milonga y los espinales.
La ciudad donde vivo se llama Rosario; es la tercera ciudad en cantidad de habitantes y está en el límite entre la pampa y el litoral. Dentro de Rosario, vivo en el norte, en un barrio bastante contrastante. Si miro hacia el este veo las casas de los dueños de todo, y si miro al oeste veo a los siempre ninguneados. Vivo justo en la mitad de lo que amo. A 630 metros, yendo hacia el naciente, está el río viejo, y a 680 metros hacia el ocaso, el terraplén ferroviario que limita a los desterrados. Muchas horas al día me la paso detrás del terraplén, en la villa miseria que la gente conoce como la Cerámica, mientras que de noche y los fines de semana, permanezco sentado a la vera del Paraná, pidiéndole respuestas al Espíritu del Agua.
Es muy difícil tratar de mantener una conversación con este espíritu.
Cuando termino mi jornada laboral, cada tarde, caliento agua para preparar un mágico elixir folclórico, descubierto por nativos guaraníes, y que llamaron llamado caá caihué —los criollos le decimos yerba mate— y parto hacia la costa para sacar a pasear a mi perrita. Entonces, mientras Maleva del Río, en la arena, corre a los perritos limpios, arrojándolos al barro y llenándolos de olor a pescado, y yo disfruto de la sabrosa infusiómn amarga, busco en el ruido casi imperceptible del agua contra la costa, el rumor de Y Yara que narra y llora desconsuelos.
Tiene voz de niña. Algunos imaguaré cuera —gente vieja— dicen que es una guerrera que desnuda viaja sobre el lomo de un pirá guazú —pez enorme—. Otros, que es una cuñataí —niña— con la cabellera muy larga y escamosa, que observa el mundo desde el fondo del cauce.
Y Yara —ese difícil espíritu del agua— no contempla lo que a nosotros se nos ha dado por llamar bien o mal. El amor y el odio, para esta divinidad pagana, son estados puros. Odio al aborrecer a Tupá Yara —dios del sol—, y amor hacia las criaturas que habitan bajo las aguas, mediando en los asuntos turbios de las rayas y los bagres, e interviniendo con su ejército de palometas —pirá añá: pez del diablo— en las discusiones que se le antojan subversivas.
Y Yara no atiende los conflictos mundanos de la superficie. Aunque algunas veces creo que dice mi nombre. Creo que lo sabe.
El río me ha llevado,
se ha adueñado de mí.
He caído en los brazos turbios del
viborón naviero y
me he dejado arrastrar por
su torrente de aguas oscuras
hacia lo más recóndito de
sus lejanos esteros.
Casi no puedo saber quién fui.
Me quedan ruidos, gritos, euforias y
culpas de ese otro que
ha sido llamado por
el Espíritu del Agua.
Y Yara nombra estados puros. Silencio y desazón en esto que nosotros conocemos como el mundo real. Silencio de remansos y respuestas turbias. Ay, niña de escamas en la cabellera larga… criatura que nada podés sentir más que odio y amor. Lentamente voy entendiendo tus estados. Otra vez se retuerce la panza de dolor… maldito cuerpo mortal que no está preparado para este designio.
Creo que era más feliz cuando lloraba por saberte, río, y, ahora que te sé, duele.


Muy lindo, che. Ahora vete a dormir, jaja
Al final todavía estoy sin pegar un ojo. Esta tarde, cuando venga de la escuela, caigo redondo.
Nice picture! sin necesidad de estar ahí creo que me paré justo en frente de tu casa para ver hacia el poniente y el oriente, ya se todo lo que tienes alrededor y creo que hasta me encontré contigo y Maleva del río que me dio un oliscón en los zapatos…
Si no hacemos de nuestra casa un paraíso, entonces es muy difícil soñar que un día viviremos en el… prefiero pensar que lo que tenemos en el momento es lo que realmente necesitamos y merecemos, si con el tiempo logramos encontrar un mejor lugar, jamás llegaremos a sentirnos de la misma manera que cuando convertimos a nuestra casa en el paraíso.
Acá te dejo a otra que sufre de insomnio a veces: anavaleria.wordpress.com
Será porque el dia está tan lleno de ruidos y distracciones, de tantas cosas irracionales y aturdentes que por fin cuando estas solo en las infinitas horas de la madrugada es cuando tienes tiempo para desarrollar o pensar en todo aquello que estuvo callado y oculto en la luz del dia? no cambio mis madrugadas por nada, ni las mato con pastillas para dormir… donde morirían las ideas? ahi yace la respuesta… nunca nacerían.
no lo tomes como un mal, sino como una ventaja sobre el resto de mortales que viven inmersos en la rutina y falsedad del mundo. Ah! y gracias por pasar por mi blog
Suerte con el insomnio
Yo no puedo con el insomnio… lo detesto. Pero sé que es productivo para muchos artistas. A mí me traba el cerebro y se me ocurren porquerías como ésta.