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La voz de una radio (revisión y fotos del finde)

ESCUELITA RIO MARRON

La voz de una radio

 

           Cuando yo era muy pequeño observaba durante largas horas a mi padre junto a su poderosa radio. Movía los ecualizadores, apretaba botoncitos, introducía y sacaba casetes. La radio era su mundo oscuro y misterioso. Por las noches lo escuchaba sintonizar, a través de la onda corta, señales asiáticas, europeas, aunque nada entendiera él sobre lo que hablaran sus locutores. Jamás comprendí su amor por las voces de lejos; supongo que se soñaría un espía de la guerra fría tratando de interceptar señales comunistas, o eran simplemente esas interferencias quienes lo llamaban como una sirena a un marino, como un urutaú[i]a los ojos ciegos de un acampante; esos silencios y, desde el fondo del caos y la oscuridad, un ser humano, o una melodía intentando romper con ese mutismo… salirse de entre las sombras para contarnos qué terrible tormenta de nieve estaría azotando a los sherpas del Nepal; qué nuevos bloqueos económicos se sucederían en el Peñón de Gibraltar, sembrando odio entre españoles y anglo-andaluces; o qué colección de arpegios estaría recordando a la Rusia de los zares. Mi padre no lo sabía, raramente buscaba una transmisión latina, pero a todo el resto podía —o creía— imaginarlo en su navegación por las voces sin fronteras de la onda corta. Recuerdo su colección de revistas de «El Eternauta», de Héctor Germán Oesterheld. Un señalador especial marcaba la página donde los presos por la nieve fosforescente se enteraban, gracias a una radio de onda corta, que la invasión extraterrestre no era sólo un desastre local, sino que estaba implicando una masacre a escala mundial. 

          Un día, revisando el contenido de unos casetes que hallé en unas cajas, después de la mudanza a la casa de calle Reconquista, encontré una poesía sin autor que me recordó los tiempos en que yo lo observaba a mi padre sintonizando y grabando.

           —Escuchá esto, Facundo —me decía—. Es una radio árabe. ¡Cómo hablan! —y así pasábamos las horas de la noche: mientras yo le prestaba atención a sus hallazgos, también jugaba al chinchón con mi madre. Tuve la suerte de que en mi casa no se mirara la televisión, sólo se encendía ese aparato cuando mi abuela venía de visita—. Vamos a grabarlo —mi padre había encontrado algo nuevo.            Recordé los versos en el mismo momento en que oí las primeras palabras, después de apretar el play. Mi padre había grabado esa poesía en una tarde lluviosa de domingo, cuando la estática de los rayos no el permitieron ir lejos en su sintonía. —Una emisora de Encarnación, en Paraguay —gritó aquella vez. Decidí transcribirla. No tiene dueño, creo. Su autor seguramente estará muerto y en su descendencia, sólo olvidos serán estas líneas. Voy a firmarla, pero no usaré mi nombre, pues será una aberración al alma de aquella musa. Utilizaré mi seudónimo, mi nombre en clave que sólo sirve para publicar plagios y opiniones. Le pondré el nombre de algún tonto que se crea poeta. ¿Y por qué publicarla? Porque versos tan hermosos no pueden pasar por alto. Porque sería una pena que se perdieran en el magnetismo de una grabación que pronto dejará de existir. Si yo se la envío a la revista de Cecilia[ii], quedará escrita en mi ordenador, y en nuestros correos electrónicos, también en la imprenta donde a la revista se la hace material, y en las miles de copias que deambularán por el barrio. Si la publico como anónima, entonces será ése el momento mismo de su muerte. Si lleva un nombre, tal vez alguien, alguna vez, se preguntará por su origen, puesto que la pobre, por no ajustarse a estilos, rimas o métricas, escasas posibilidades tiene de volverse popular.

           La voz de una radio, encerrada en un casete que acusaba en su etiqueta «Febrero de 1978» decía —bajito y estorbada por una nube de interferencia—:

No soy piedraSucumbida,

Oculta bajo un arenal.

Ni el arroyo

Que andando grietas

No halla vertiente

Por donde escapar. 

Tampoco algarrobo

Que impone su altura,

Mirando de arriba

El aromital[iii].

Nunca el ocaso

Ardido de nubes,

Que llama al sollozo

Crepuscular. 

Nunca el suspiro,

Perdido,

De un ventisquero,

Ni el camalote

Que no sale a flote

En un lagunal. 

Soy secreto y no vanagloria,

Destino y no final. 

Soy el último paisaje…

El que retrocede un paso a cada andar. 

Soy de tierra, de agua y de cielo. 

Estoy en la mirada del que añora;

Del que sabe que

Más allá de mi espalda

Está su pasado, su lugar. 

Estoy en la incertidumbre del observador,

Del que no conoce el trajinar

De mis nubes ni mis vientos,

Por más baquiano que se dé en aparentar. 

Soy el silencio del errabundo que calla, y

Por más que ande

Las distancias más tendidas

Sin detenerse vez alguna,

Me contempla,

Al saber

Lo que jamás ha de alcanzar. 

Soy el horizonte.                    

 

                                          


[i] Urutaú: ave nocturna que no puede ser divisada a simple vista. Hay personas que pasan su vida entera en el monte, sin poder ver jamás al ave. Su nombre, aunque guaraní, viene de la onomatopeya que nos hace imaginar su canto. He oído que también se la llama curucucú, entre los kayaqueros.

[ii] Revista de Cecilia: una de las revistas barriales donde Facundo Santoro publicaba sus ensayos y poesías.

[iii]Aromital: supongo que el poeta, aquí, hace referencia a alguna especie de espinillo, o árbol de menor altura que el algarrobo. El aromo, para algunas comunidades, es el algarrobo. El espinillo: aromito para algunos chaqueños y correntinos.

 

 

EL SOL SE VA, VIENE LA NOCHE
EL SOL SE VA, VIENE LA NOCHE

LAS FOTOS DEL FINDE. JUAN, EXPULSADO DE SU CASA, SE QUEDÓ CON LO` PIBE`; VOLVIÓ LA SOLE, QUE NO SE ASUSTÓ EL FINDE PASADO; EL PIBITO CON HAMBRE SE COMIÓ TODO; EL MONO LEO EXTRAÑÓ A SU CHICA; EL COLO WISKI SE FUE A DORMIR TEMPRANO PORQUE NO SE RECUPERA, Y EL MAESTRITO ROMPIÓ CON QUE QUIERE QUE LLEGUEN LAS VACACIONES.   

DEL RIO Y OLIVERA
DEL RIO Y OLIVERA
PROFE JUAN LAGUNERO
PROFE LAGUNERO
PROFE JUAN OLIVERA
SEDUCTOR POR NATURALEZA
LA ESCUELA DE JUAN OLIVERA
LA ESCUELA DE JUAN OLIVERA
GRACIAS, VIEJO PARANÁ
GRACIAS, VIEJO PARANÁ
Para que no se les olvide… lo dijo el primer comunista:
 

 

 

 


4 Respuestas a “La voz de una radio (revisión y fotos del finde)”


  1. 1 Unikornio
    Julio 10, 2008 a las 00:49 p07

    existe menos amor sy se trata de un enemigo (en esto de ex/poner la vyda)???

  2. Julio 10, 2008 a las 00:49 p07

    QUE LINDA GENTE CHEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!!
    AUNQUE YA NO LOS VEA SIEMPRE ME ACUERDO DE TODOS USTEDES!!!
    BESITOS

    UN PREGUNTA LA MUJER HERMOSA ES LA PORO????

    POROOOOO DIOSA UNICA MAESTRA Y SUPER PECHUGONA JAJAJA TE QUIERO PORO

  3. Julio 11, 2008 a las 00:49 p07

    Unik: lo que pasa que dar la vida por un amigo es como lo más noble que hay, aunque muchas veces ponemos el lomo por cualquira, sin saber si está de nuestro lado o en la vereda de enfrente. Creo que dar la vida por un amigo no es sólo jugarse el pellejo en un momento puntual, sino contruir a su lado. Uno no elige a las personas… ellas van apareciendo, y uno se encariña, y ya es demasidado tarde. Las personas aparecen y desaparecen de nuestra vida. Y uno las toma como amigas y se juega todo por ellos. Lo feo es que hay muuuuchas personas que no tienen amigos. No hay nada tan patético como esas personas que te dicen: AMIGOS: LOS PUEDO CONTAR CON LOS DEDOS DE LA MANO. Qué feo es eso. TAl vez sí los íntimos sean pocos, pero qué lindo es salir a andar en la bici por Rosario, y saber que en cada barrio nos espera una puerta abierta. Hay gente a quien la amistad le queda muy grande… para ellos va el Juan 15:13. Para que busquen sus amigos. Mi hermano es mi mejor amigo, a mis alumnos los quiero tanto, que son mis mejores amigos, los kayakeros de la banda y los vulgares de Saint Terriens son mis mejores amigos, los chicos del AKU son mis mejores amigos, esa compañera maravillosa que estoy conociendo es mi mejor amiga. No sé si tengo enemigos… Sí hay gente que aborrezco, y mucho, como el h de p que me echó de la escuela hace dos años atrás, pero creo que en una arrojo sí expondría el cuerpo por él. Ahora, no pondría jugarme la vida por algien así.

  4. Julio 11, 2008 a las 00:49 p07

    Andrea: gorda hermosa. Cortada!!!!!!! Cómo te cortaste!!!!!!


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TAPA DEL LIBRO SANTIAGODELRIO Todos éstos están ahora atrapados en nuestro remanso costero:

«La caza es sólo una denominación cobarde para un asesinato especialmente cobarde de criaturas sin posibilidades. La caza es una forma secundaria de enfermedad mental humana». Teodoro Heuss.

A diferencia de los soldados, que en la mayoría de los casos tienen ante sí a un enemigo con iguales posibilidades, el cazador es especialmente cobarde: él dispara sólo cuando la víctima no se puede defender.

Que el hombre se atribuya el derecho de matar por diversión a seres vivos que sienten y que perciben el dolor igual que él, es algo absolutamente miserable.

Los cazadores futivos están acabando con la fauna nativa. No les sigas la fiesta a los matadores de carpinchos. Defendé nuestros recursos.

«El fuego quedó prendido, como testigo nuestro ... en silencio, contrarestrando los escopetazos de los bobos que todavía van a cazar algo cuando no necesitan de eso para vivir ... quitando una vida inutilmente.

Cuando era chico me gustaba cazar a mí también, hasta que traté que una perdiz levantara vuelo para tirarle y, como no subía a pesar de mis pisotones al suelo, al acercarme me di cuenta que tenía cría abajo ... nunca más le tiré con algo a un ser vivo.»

Capitán Martín Burbuja.

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