Dimos una vuelta larga por el arroyo Paranacito, entrando por la Boca de la Milonga —a la altura de Granadero Baigorria—, a poco más de una hora de remo desde la guardería para kayaks, y derivando el arroyo durante dos días hasta llegar a la Zanja del Caica, por donde pudimos salir otra vez al Paraná grande, a la altura de un brazo llamado Los Marinos, que empieza frente a la estación fluvial de Rosario.
El día de la partida sabíamos que se harían las dos marchas en Buenos Aires: la del campo y la del gobierno. Ese problema que durante 120 días sólo ha logrado empobrecer más a los argentinos que no tenemos un cargo político ni hectáreas de maldito campo sojero. Entonces sería la elección en el Senado, y quién sabe quién ganaría esta pulseada.
Cansadísimo de remar, en el arroyo la Lechiguana del paraje Charigüé, tuve un sueño mientras descansaba tirado sobre la gramilla. Pero no fue uno de esos sueños inconscientes que llegan cuando uno se duerme. Tampoco era un pleno acto de conciencia, pues las ideas se entretejían solas mientras los párpados pesaban a los ojos, en la ensayada siestita.
Sonó el celular: un mensaje: UN BESO. POR DÓNDE ANDAN. PERDONA QUE TE MANTENGA INFORMADO, PERO SENADORES VETÓ LA 125. No tardé en responder. ESTAMOS EN EL CHARIGÜÉ. QUÉ VOTÓ COBOS? Su respuesta: ÉL DESEMPATÓ. Qué bárbaro, pensé, y respondí con ironía: VISTE QUÉ GROSOS QUE SOMOS LOS RADICALES. Y era de esperar: la respuesta fue agresiva: LOS RADICALES SON BURGUESES QUE SE CREEN REVOLUCIONARIOS. YO JAMÁS PODRÍA MILITAR EN UN PARTIDO QUE NO REPRESENTA A LOS TRABAJADORES NI A LOS MARGINADOS.
Pero tal era mi cansancio y dolor de espalda, que mis ojos cerrados al sol comenzaron a formar imágenes confusas… formas y colores que cambiaban a cada rato. Mucho sueño.
Las formas tomaron cuerpos y recordé las épocas del magisterio en el profesorado evangélico donde me volví maestro de primaria. Cada tarde, al mismo horario, se dictaba un breve devocional donde repasábamos la Palabra de la Biblia. Cuando se pedía por el destino del país, no se hacía desde el odio o desde la justicia legislativa, siempre se pedía para que Dios iluminara a los políticos, para ser guiados en verdad y sabiduría. En las marchas pedimos justicia, el las radios se pide acción, en las iglesias se pide luz.
Pequeños puntos brillantes y gusanitos transparentes quedaron de la borrada de la mente y nuevas imágenes aparecieron.
Martín Lousteau tenía miedo, casi tartamudeaba, miraba a su madre Kristina y anunciaba un 44 % móvil a las retenciones sojeras. Y entonces vi fuego, y más pobreza. Apareció la basura por todos lados: Moyano, Bussi, D’Elía, Miguens, Moreno, Margaritti, Goyán, Duhalde, Reutemann, Macri, Brito…
Por suerte los esos rostros se borraron. Luces y gusanos chiquitos bailaban al compás de «ñá» cortito de las cardenillas que se habían acercado. Los alisos que me mantenían al reparo del viento cantaban mansos un norte que más tarde rotaría a pampero.
Hasta el pasto habla cuando habla la isla. Y mi isla llamó a su creador, que fusionó las ideas anteriores en una síntesis que me mantuvo pensante.
Jesús sentado en un tronco caído y Kristina con un mojarrero y los pies enterrados en el barro costero. Estaban los dos ahí, al lado de mi kayak.
—Dale, pescado, mordé la carnada ahora —imperaba la señorita K.
—Así espantarás a las piabas, amiga —respondió el pelilargo más bueno del mundo.
—Mirá, Jesús, yo tengo el anzuelo y la carnada exacta, pero ellos no la muerden. Todos muerden cuando se sabe elegir la carnada. Ellos ya no.
—Te temen… tal vez. Tal vez se estén burlando de vos.
—Pero si no tengo un arma. Tengo comida y se las sirvo delante de la boca, y de mis propias manos; y ellos nada. ¡Nada!
—Soberbia, altanería… Fijate cómo tu agitación levantó a todos los jejenes que te han puesto de ronchas un vestido…
—Asquerosos y molestos.
—…y cómo la moscas se nutren del sudor que te ha bañado.
—¿Y qué hago, Jesús?
El Hijo tomó mi pava negrita y le cebó un mate a la Señorita K.
—Tenés que salirte de ésta.
—¿Pero cómo? Ya no sirve mi carnada. Estos pequeños idiotitas ya no me creen, sólo les hacen caso a las bogas gordas… se han dejado convencer de que es bueno vivir del cereal.
—Hablá con Cobos.
—Yo no doy marcha atrás. Sería un fracaso político. ¿Y vos por qué no me das un consejo bueno y sabio? Si vos tenés fama de ser sólo amor. Y otra cosa: el mate está amargo.
—¿Para qué el albedrío, si vamos a romper sus reglas? Yo transformo vidas, pero no decido por el corazón de nadie. Trato de ponerme en tu sufrido y terco lugar, y así poder darte un consejo. Y te respondo: el mate es de Santiago, y él no acepta que nadie le ponga azúcar.
—¿Y cómo hago con este conflicto?
—Se te va todo de las manos. Acordate del inservible de De la Rúa.
—Pero dar marcha atrás sería un golpe bajísimo para mi gestión. Y perdoná que insista: ponele azúcar que amargo me hace doler la panza, y hace cuatro meses que no me corta esta cagadera.
—Hacé así: asegurate Diputados, asegurate un 50% en Senadores, y dale la libertad a Cobos de que se te revele. Le pongo un poquito de azúcar pero sólo para darte el gusto. Decile al mendocino que desempate en tu contra. Ganan los dos. Vos te salís de esta discusión y él puede re-fundar la porquería del radicalismo. Antes me caían bien. En el cielo, algunas veces, juego a los penales con Alem.
—Pero yo vivo de las retenciones. ¿Cómo voy a dar marcha atrás?
—Ya sé. Pero te vas contra otros ricachones. Apuntale a las aceiteras, a los mineros, a las pasteras, a los acopiadores de pescado. Sé que tenés debilidad por la política fiscal, y todavía hay para seguir atacando. Y sé que tanto te gustan los números, que me enteré que Néstor te cumplió esa rara fantasía sexual tuya, tatuándose AFIP en un glúteo, e INDEC en el otro.
Abrí los ojos pero ya no estaban. Mi cansancio era tal que otra vez recosté la cabeza y quedé en silencio. Con la vista busqué a Paolo, mi compañero de la travesía en kayak: prendía fuego. A ver cuándo te levantás, me dijo, tengo el mate listo. Ya voy, le respondí.
Quedé en silencio. Imaginaba a la Argentina grande: Reforma agraria, cultivos sustentables, sustitución de importaciones, campos con campesinos, políticos con vocación de servicio, justicia, calles tranquilas, escuelas sanas, no es tan caro… No es tan difícil.
Levantate, gordo, que está lista el agua… ¿Le echaste azúcar antes al mate? No, Paolo, le respondí, ¿por qué? Porque tiene gusto dulce, explicó.
Esa tarde regresamos a Rosario. Siempre hay que volver. Los viajes, hasta ahora, siempre han terminado en regreso. Cuando uno viaja, la cabeza también y, lamentablemente, ella también vuelve y dejar de soñar.




Hola, me dijo mi Renatita que estuvo mirando este blog. Estoy muy enamorado de ella, y ella me dijo que era re lindo lo que ustedes hacían. Si ella algún día se enamora de mí, me voy a comprar una piragua para sacarla siempre a remar por el río Paraná.
Que grossos fuimos los radicales, compadre: Recuerda a Yarará y al doctor Torres en la misma trinchera por el pueblo? Que sueño inconcluso, ese
Ramoncito: fuerza con lo tuyo. Te esperamos con la piragua.
Calixto: es muy triste ser radical. Lo digo por experiencia. Jamás olvidaré a Yarará ni a Torres. Recuerde que la reunión cumbre es cada 10 años. Aún faltan ocho.
Bonito tu relato Santiago. Los viejes terminan en regreso, espero pronto el mio..
Saludos, buen comienzo de semana.
Podemos soñar cuando queramos!!! eso no nos lo puede impedir nada ni nadie
muchos besis