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Ago
08

El pedido de la Psicóloga

El pedido de la psicóloga

 

         Florencia Salguero, complaciendo un pedido de Geraldina Arsanto —su psicóloga—, les pidió a varios de sus amigos que fueran honestos y escribieran lo que realmente pensaban de ella. Según la orden de su terapeuta, Florencia debía leerlas y encontrar allí las claves que no podía hallar por sí misma, producto de una subjetividad dificultosa. 

         Rápidamente comenzó a recibir las respuestas: «Es una chica genial, pero un poco loca», «Al fin se decidió a comenzar la terapia, porque su potencial es enorme y nos apena verla triste y confundida», «Florencia es una mujer sincera y quiere salir de su crisis. Yo, por nada del mundo, quisiera que ella abandonara las consultas con la psicóloga». La última carta en llegar fue la de Facundo Santoro, su amor imposible, que no había entendido la consigna con claridad. Él pensó que la epístola solamente sería leída por la psicóloga. Fue muy drástico y sincero.

 

         Tamaña obligación la que me han encargado: ser el verdugo, el juez, el observador minucioso que debe aplaudir buenas, y condenar las malas actitudes de esta joven que pide ayuda a los gritos para poder encaminar su vida.

         Voy a limitarme a ser cruel pues, como supongo, ello debe interesarle a mi lectora más que la enumeración baladí —¿habrá leído alguna vez a Borges?— de adjetivaciones amables y estimulantes.

         Doy por sobreentendido que Florencia Salguero es una muchacha muy comprensiva, compañera, atenta, trabajadora, etcétera, etcétera, pero quiero entender que, no por llevar una vida de felicidad y euforia, le pidió a usted, señora Geraldina, su ayuda profesional.

         Voy a decirle la verdad —mi verdad—: Sofía es una persona pluscuamperfectamente subjuntiva[i]. La conocí en la facultad de Humanidades, en el año 1999. Ella prepara los trabajos prácticos y anotaba mi nombre como si yo fuera uno de los integrantes del grupo. También firmaba la asistencia en los tres días a la semana en los que yo nunca cursaba. Y fue ella quien me incitó a actuar contra el misterioso varón del excusado, que pasaré a explicar a continuación, pues aunque la historia poco pueda ayudar en su diagnóstico, le resultará muy curiosa. Casi todas las noches, en el cubículo septentrional del baño que está en el vértice noreste del primer piso del edificio, durante varias horas, un varón se sienta en el inodoro. Usa una campera marrón de corderoy y un pantalón de bota-mangas anchas y tela cuadriculada (lo sé porque lo he espiado varias veces por debajo de la puerta, aunque el ángulo de visión sólo me permitiera llegar con la vista hasta sus pantorrillas) y, en su fatídico fetiche, ocupa el inodoro más lindo. ¡Intriga! Yo esperaba horas cátedras enteras afuera del salón hasta que apareciera, pero jamás lo vi caminando por los pasillos. Luego, misteriosamente, aparecía adentro del baño. El baño estaba libre, y al rato aparecía ocupado por el varón misterioso. Cuando alguien le golpeaba la puerta para que desocupara el recinto, se oía un gemido parecido a un «¡Ocupado!», o algo por el estilo. Un día ya no aguanté la curiosidad y, sigilosamente, asomé una cámara fotográfica por debajo de la puerta. Tomé la fotografía —Sí, me animé— y huí. Corrí a gran velocidad por los pasillos. Oí que desde el baño llegaba un rugido ensordecedor: seguramente, todo el edificio universitario habría oído el alarido. Entonces, mientras corría, se cortó la luz. ¡Miedo! Caí, pues, por las escaleras que están junto a la facultad de Arte y, al golpear la cámara contra los escalones, se abrió la tapita de atrás, haciendo saltar el rollo por los aires, velándose, pues, la foto que yo tanto deseaba. Una pareja de estudiantes ayudó a incorporarme.

         Como le contaba, señora Geraldina, y volviendo al tema que nos compete: con Florencia hemos pasado algunos buenos momentos pero —le seré sincero— en realidad yo asistía esos pocos días a la facultad por tratar de ganar el amor de una muchacha entrerriana. No me interesaban las densas materias del primer año, ni las nuevas amistades que pudiera hacer allí. Y Florencia nunca lo entendió: amor no correspondido.

         Ella me vivía hablando de su maravillosa visión de la vida. Trataba de venderme su personalidad, que yo elegí no comprar… que no me interesó en absoluto.

         Una vez, inspirado en su pesada insistencia por recibir migajas de mi amor, escribí estas líneas que jamás publiqué y que, según creo necesario en este momento, debo sacarlas de este cajón lleno de tierra y ácaros.

 

De todas las formas de habernos conocido

Nos tocó la peor…

La que hizo que yo no te ame

Ni te quiera siquiera conocer.

 

Si te descubría en una academia de arte

Lo primero que hubiera descubierto

Iba a ser, seguramente, ese toque de

Magia y misterio que te encierra y que,

Por lo que me contás,

Dejás para momentos especiales.

 

Si te conocía de viaje hubiera visto

La verdad de todas las cosas que decís «me gustan»,

Y tal vez me hubiera enamorado

De la manera en que usás tu plena

Libertad.

 

Si te hallaba de noche, en alguna peña,

Con seguridad hubiera admirado esa espontaneidad

Que decís tener…

¿Viste…?

La noche y la espontaneidad no van de la mano.

 

Pero no. Parece que te conocí en un lugar que no te deja ser libre,

Ni espontánea,

Ni auténtica

Como decís que sos.

 

Por eso es que no te amo

Ni te quiero siquiera conocer.

 

         Después de leer esta carta, Florencia Salguero abandonó la terapia, se recluyó unos años en el campo nudista Yatan Rumi[ii], al pie del macizo de los Gigantes, y jamás volvió a hablar con Facundo Santoro.

 

 


 



[i] Pluscuamperfecto del modo subjuntivo: tiempo desiderativo que indica acciones acabadas, antes de otras también pasadas: hubiera o hubiese amado.

[ii] Yatan Rumi: en quechua, piedra desnuda. Campo naturista que organiza la famosa maratón nudista por las sierras de Córdoba, cada mes de diciembre.


12 Respuestas a “El pedido de la Psicóloga”


  1. Agosto 11, 2008 a las 00:49 p08

    Yo tambien hubiera dejado mi Terapia..
    Bonita Publicacion!!

    Saludos y un abrazo

  2. 2 Rubén Cardozo
    Agosto 11, 2008 a las 00:49 p08

    Yo soy alumno del primer año comun y me contaron del tipo ese del baño de la noche. que bueno. simentero de algo mas te aviso. jajajajajajaj. les voy a pasar esta pagina a mis compañeros de la facultad

  3. Agosto 11, 2008 a las 00:49 p08

    Leyla: gracias. fue muy traumático para la chica.

    Rubén: no dudes en avisar

  4. Agosto 11, 2008 a las 00:49 p08

    Pobre chica, cuando era adolescente estuve 2 años enamorada de un flaco que no me dio bola. nunca llegué a terapia pero juro que la entiendo!!

    Y tambien entiendo a facundo… es el problema de ser irresistible… Que yo nunca tuve! :P

    beso malefico

  5. Agosto 12, 2008 a las 00:49 p08

    Hermosa historia de amores locos correspondidos con ignorancia.
    Un Beso kayakero :)

  6. 6 pelado
    Agosto 12, 2008 a las 00:49 p08

    Historias de amores no correspondidos… buen relato, linda experiencia para contar. Ahora … el amor no correspondido es con José Crudeza? Florencia focalizó, creo, su necesidad de amarse en otra persona en lugar de ella misma, su amor no correspondido es con ella misma.
    Crudo, pero quizas efectivo, más que 1000 horas de terapia. Ojalá pueda verse, entenderse y amarse. Si no es en esta vida, será en la próxima. Una vez lei: Ten muy en claro que tú eres único en este mundo … igual que todos los demás.

  7. 7 claudia favale
    Agosto 12, 2008 a las 00:49 p08

    ¿entendi bien? ¿como es eso de pedir comentarios a otros ? ¿sugerencia, no poder escuchar?
    ojo, no todos los psicologos son conductistas ,los otros , algunos nos manejamos con el unico instrumento posible, la palabra singular y en ella creemos mas alla de otros comentarios.
    que bueno que huyo de eso!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  8. Agosto 13, 2008 a las 00:49 p08

    Miss Mostro: el dolor por el amor no correspondido es muy fuerte.
    Mariandre: viste cómo son esos amores…
    Pelado: la gran capacidad de autoengañarnos es lo que al final nos hunde solos.
    Claudia: te juro por los dientes que me quedan que es real. De verdad se lo pidieron!!!

    Un abrazote a todos. Gracias por leer el cuento. La mayoría de los visitantes del blog sólo se deleita en mirar fotitos, y para mí no hay honor más grande que el de que me lean. Mil gracias. Sé que es horrible detenerse en textos que aparecen en el monitor: la vista se cansa y uno se mufa, por eso doblo mi gratitud hacia ustedes.

  9. Agosto 14, 2008 a las 00:49 p08

    tremenda la narreacion… muy buena. la verdad que es una historia, a demas de la cuota de realismo, que genera deleite en el lector.
    voy a mencionar un caso pareticular, solo por dar fuerza a aquello de ” si no te amas tu quien espera que te ame”, que me toco vivir de cerca.
    durante cuatro años sali con una mujer, hermosa no solo por su fisico sino por su forma de ser, que me quedo marcada a fuego, tanto que de allí nunca mas logre formalizar.
    no soy escritor ni mucho menos, pero la intencion es decirles que esta persona cayo en una depresion tan significativa, producto entre otras cosas de su pronunciada bipolaridad, que se paseó de psicologo en psicologo, de psiquiatra en psiquiatra y finalmente de pastillas en pastillas sin lograr salir de su problema. la chica era muy parecida a la del cuento, similutid mas similitud menos, en la confusión que generaba el ser que deseaba ser y el que realmente era, llegando a distorciones realmente muy significativas…
    obviamente las cosas sentimentalmente se pusieron bravas al punto de ser insostenibles, por lo cual muy apenadamente decidi terminar con ello despues de un sin fin de idas y venidas… pasaron ya 6 años y lo ultimo que supe, hace muy poco, es que esta internada en un neurosiquiatrico… nada agradable…
    quiero significar que para personas como esta mina, y como la flaca del cuento, lo que genera ese malestar existencial, esa necesidad de huir no es el amor no correspondido (que por cierto duele y pega fuerte cuando es autentico) sino la escasa consoideracion de la persona para consigo mismo, el conocido “amor propio”, que ausente en un sujeto, intuyo, genera el deposito de esas auto expectativas y necesidades fisicas y mentales en otras persona…
    bue me colgue yendo pa tras…. como sea, muy bueno el cuento y con mucha tela pa cortar…. saludos muy buena la pag

  10. 10 Cristina
    Agosto 15, 2008 a las 00:49 p08

    voy a ser muy sintetica: EXELENTE TU TRABAJO¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

  11. Agosto 18, 2008 a las 00:49 p08

    pobre chica… :(
    la verdad es que el amor nos trastorna a todos..
    como díce el sabio SABINA: “porque el amor cuando no muere mata..porque amores que matan, nunca mueren”
    muchos besis amigooo!!!

  12. Agosto 19, 2008 a las 00:49 p08

    Enorrag: creo que el hecho de sufrir tanto por amor es sólo una de las manifestaciones de una vida miserable y llena de cobardía. Creo, personalmente, que lo que le pasó a Florencia es sólo la gota que colmó el vaso… un vaso llenado con puras ilusionen… con falta de iniciativa. Me da asco la gente que dice “qué lindo lo que ustedes hacen, a mí me encantaría, pero se la pasa encerrada mirando la tele o este monitor pedorro”.

    Cristina: un millón de gracias.

    Rowin: Muchos besis desde este lado del mundo. GRacias por tu comentario. Amores como los de CONTIGO son los más lindos y los que jamás se olvidan.


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TAPA DEL LIBRO SANTIAGODELRIO Todos éstos están ahora atrapados en nuestro remanso costero:

«La caza es sólo una denominación cobarde para un asesinato especialmente cobarde de criaturas sin posibilidades. La caza es una forma secundaria de enfermedad mental humana». Teodoro Heuss.

A diferencia de los soldados, que en la mayoría de los casos tienen ante sí a un enemigo con iguales posibilidades, el cazador es especialmente cobarde: él dispara sólo cuando la víctima no se puede defender.

Que el hombre se atribuya el derecho de matar por diversión a seres vivos que sienten y que perciben el dolor igual que él, es algo absolutamente miserable.

Los cazadores futivos están acabando con la fauna nativa. No les sigas la fiesta a los matadores de carpinchos. Defendé nuestros recursos.

«El fuego quedó prendido, como testigo nuestro ... en silencio, contrarestrando los escopetazos de los bobos que todavía van a cazar algo cuando no necesitan de eso para vivir ... quitando una vida inutilmente.

Cuando era chico me gustaba cazar a mí también, hasta que traté que una perdiz levantara vuelo para tirarle y, como no subía a pesar de mis pisotones al suelo, al acercarme me di cuenta que tenía cría abajo ... nunca más le tiré con algo a un ser vivo.»

Capitán Martín Burbuja.

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