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No se arrima al fogón

La cicatriz que Iván Machado, el músico de Barrio Unión, luce en el costado izquierdo de su cara, es el recuerdo que le dejara una reyerta de noche de viernes. Ocurrió en la peña rosarina conocida como La Machadera, que funcionaba en el local de la Casa Paraguaya.

Machado estaba borracho y Néstor Renzi, su amigo artesano, le insistió en que subieran al escenario para cantar unas chacareras. El músico interpretaba los acordes de «De fiesta en fiesta», de Peteco Carabajal, al tiempo que Renzi la cantaba. Al concluir la canción, el público los abucheó en masa.

El músico alcanzó a distinguir, en una mesa larga, al grupo de chetos y chetas que empezaron con la silbatina. Así fue que, enojado y a pesar de su timidez, pidió a Renzi que bajara de la tarima y se adueñó del micrófono. Exigió silencio y habló:

—Fiero, tosco y desafinado es mi cantar de musiquero… No importa, me alcanza para cantar las penas que siento. Los años de guitarrero —comenzó a arpegiar entre acordes de la escala de sol mayor— me enseñaron que el imbécil, de mi voz, siempre se burla en su altanería de culto. En cambio el pobre… el humilde… él se consuela al oír mis letras; será tal vez por su situación doliente, o tal vez, porque sólo canto lumbres que intentan calmar los fríos de su alma. Hoy haré una excepción… —inició el rasguido—. Hoy le dedico mi canto al imbécil… al fulano agresivo que sólo puede hacer su crítica cuando se encuentra acompañado por los idiotas que lo vuelven arrogante y corajudo. Para ustedes —señaló a la mesa de quienes se burlaran instantes atrás—, que viven una peña folclórica como si fuera ésta una experiencia exótica; que los veo en la mesa de los reidores… para ustedes va esta doble .

(Primera)

Hay quien no canta y se ríe,
Que se burla del cantor,
Alegando desentonos
Justifica su razón.
Déjenlo al pobrecito
Si no se arrima al fogón.

Canta el grillo del ligustro,
Canta el sapo en el zanjón;
Cómo no cantamos juntos
Coplas que son tradición.
Déjenlo al pobrecito
Si no se arrima al fogón.

Le pregunto al viento pampa
Si conoce una canción:
Coplas del sauce en la brisa
Interpreta en sí mayor.
Déjenlo al pobrecito
Si no se arrima al fogón.

(Aura)

Vengan paisanos al coro,
Que vivan las chacareras.
Desafinen sin pudor
Zambas, guainos, chorrilleras .
Déjenlo al pobrecito
Si no se arrima al fogón.

(Segunda)

Me amonesta este fulano
Porque reprobé solfeo.
Me enseñó una garza mora
Una gaviota, un tero tero .
Déjenlo al pobrecito
Si no se arrima al fogón.

El alma pa’ echar raíces,
El corazón pa’ sentir,
Este garguero rasposo
Para cantarle al vivir.
Déjenlo al pobrecito
Si no se arrima al fogón.

Cuando se acaba la noche,
Cuando al este se ve el sol,
Al fulano le entró el sueño
Y el coro otro descorchó.
Déjenlo al pobrecito
Si no se arrima al fogón.

(Aura)

Vengan paisanos al coro,
Que vivan las chacareras.
Desafinen sin pudor
Zambas, guainos, chorrilleras.
Déjenlo al pobrecito
Si no se arrima al fogón.

Luego ocurrió la batalla. Más tarde llegó la policía. La peña fue clausurada durante más de tres meses y, a los miembros de la logia rosarina —el AKU—, ya no se les permitió el ingreso a la Casa Paraguaya.


3 Respuestas a “No se arrima al fogón”


  1. Junio 29, 2009 a las 00:49 p06

    Excelente!!!! Estoy aplaudiendo!!!

    Besos!

  2. Junio 29, 2009 a las 00:49 p06

    Muy Interesante tu Publicación, me quedo en la lectura.

  3. Junio 30, 2009 a las 00:49 p06

    Hola, MiNe. Tanto tiempo… Se te extrañaba por estas latitudes.


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TAPA DEL LIBRO SANTIAGODELRIO Todos éstos están ahora atrapados en nuestro remanso costero:

«La caza es sólo una denominación cobarde para un asesinato especialmente cobarde de criaturas sin posibilidades. La caza es una forma secundaria de enfermedad mental humana». Teodoro Heuss.

Que nuestros humedales no sean transformados en una pampa ganadera.

Quema de pastizales

«El fuego quedó prendido, como testigo nuestro ... en silencio, contrarestrando los escopetazos de los bobos que todavía van a cazar algo cuando no necesitan de eso para vivir ... quitando una vida inutilmente.

Cuando era chico me gustaba cazar a mí también, hasta que traté que una perdiz levantara vuelo para tirarle y, como no subía a pesar de mis pisotones al suelo, al acercarme me di cuenta que tenía cría abajo ... nunca más le tiré con algo a un ser vivo.»

Capitán Martín Burbuja.

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A diferencia de los soldados, que en la mayoría de los casos tienen ante sí a un enemigo con iguales posibilidades, el cazador es especialmente cobarde: él dispara sólo cuando la víctima no se puede defender.

Que el hombre se atribuya el derecho de matar por diversión a seres vivos que sienten y que perciben el dolor igual que él, es algo absolutamente miserable.

Los cazadores futivos están acabando con la fauna nativa. No les sigas la fiesta a los matadores de carpinchos. Defendé nuestros recursos.

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