El sur santafesino es la tierra donde a muchos nos ha tocado nacer, crecer y aún hoy seguir viviendo. Salvo por la majestuosidad del río que lo limita al este, el sur santafesino es un paisaje triste, chato, enfermo de cultivos tóxicos y de horizontes largos que han perdido sus florestas.
El sur santafesino es un paisaje sin música, sin folclore, un fantasma lúgubre que sólo se sustenta en la enorme cantidad de dinero que produce. Pero sin vida… Triste… Una cuadriculada mancha de soledad que, como una enfermedad argentina, rápidamente se expande hacia los vientos.
Este paisaje triste y sin música avanza constante y metastático sobre la cuña boscosa del norte, sobre las onduladas tierras entrerrianas, sobre los valles cordobeses, sobre la infinitud ganadera bonaerense, avanza, siempre avanza sin detenerse.
El sur santafesino alguna vez alternó pastizales y espinales; aguadas, lomadas leves y lagunas, diversidad toda y pura en un maravilloso marco donde el antiguo poblador se nutrió por centurias.
Pero se ha modificado… ahora es de viento que arde de tierra en los ojos, y de caminos silenciosos que aún guardan las huellas de agónico éxodo del puma y del cardenal. El sur santafesino es un triste paisaje productivo donde la biodiversidad se ha marchado.
Pero existe un lugar enclavado justo en el centro de nuestro sur…
Un pequeño reservorio olvidado por los nunca satisfechos productores santafesinos, donde el tala y el chañar siguen siendo los soberanos del espinal, un pequeño portal hacia el pasado, un espacio donde podemos imaginar cómo ha sido nuestra tierra antes de los tiempos del afán de lucro.
Un lugar así:
Chingolo.
Calandria Grande.
Niño Carancho.
Jóvenes en formación.
Naranja Silvestre.
Galería.
Orquídea terrestre.
Detalles del Tala.
Bicho Canasto.
Chañar. Recuerde los maravillosos detalles de la corteza.
Carpintero Blanco.
Fruto maduro y flores de la trepadora Tasi.
Cina Cina.
Monjita coronada.
Troncos de Chañar y Tala.
Hembra Cortarramas.
Macho Cortarramas.
Juvenil de Torcaza.
Copa de Corona de Cristo.
Tronco de la Corona de Cristo.
Tallos volubles (que se enroscan dando vueltas) de una trepadora.
Crestudos.
Espinero Chico.
COA Federal Rosario.
El regreso a la desolada tristeza del sur santafesino.
Finalizo esta publicación con un texto de Pablo Aliado:


































































































Hermoso reducto que la soja todavía no nos quita. Esperemos que los tractores no se entusiasmen con la observación de aves.
Excelente blog!
Otra vez muy bueno! La excepción que confirma la regla… Donde estuviste? No me contestes…
A ver si le hechan el ojo a tan improductivo sitio! Jaja
Esto me hace acordar a un viejo compañero del curso cuando estudiaba Agronomía que cuando ibamos al Parque Villarino de Zaballa me comentaba “Que desperdicio todos estos árboles acá, tendrían que ganar este terreno para poner soja”, que había sido bruto el gringo!
Somos esclavos del mercado de Chicago que regula lo que se siembra y expande las fronteras agropecuarias…, que importa que trasformemos nuestros ecosistemas en un gran desierto, hoy este yuyito sigue creciendo y en algún momento la tierra se cansará.
Somos un país tercermundista y subdesarrollado, que importan los recursos naturales, que importa que los Tobas, Wichís, en el norte, entre otros y los chicos de nuestra periferia mueran de desnutrición si todos los años batimos un nuevo record en exportaciones de alimentos, y dragaremos mas el Paraná para poder sacar los barcos mas cargados, que importa la erosión de las costas y si el Rio escurre mas rápido o lo contaminemos…
Qué importa que los chicos que están en las esquinas no estudien, si podemos darle futbol gratis.
Por suerte todavía quedan algunos oasis como el de las fotos, como algunas esperanzas de cambiar el rumbo de este camino al precipicio.
Slds,
Pablo C.
Maravilloso los comentarios de ustedes. Maravilloso. Me permito plagiar el texto de Pablo Aliado para enriquecer esta publicación. Gracias
Bueno Santiaguito…se ve que te gustó ese lugar y sus lagunas secundarias…además levantaron una buen cosecha de aves, nidos, flora, etc., por lo que pude apreciar en tus fotos y en las de Juan…Por otro lado, agradecemos que no des detalles de la ubicación del lugar, aunque no es un secreto. Viste y fotografiaste huellas…y las hay…y de unos roedores muy interesantes, de quienes juntamos las fecas también y por eso no hay dudas…pero los están cazando, así que con tiempo, los van a terminar. A veces, solemos ver las tortugas dulceacuícolas, asoleándose en la ribera del Carcarañá. Hay bichos todavía…pero no sabemos por cuánto tiempo. En fin…como decimos siempre, es un oasis en el desierto de la soja…y lo fumigan también, de eso no se salva. Nosotros tampoco, somos todos fumigados, como corresponde. Como diría quien nos dirige desde Santa Fe, habría que ver quiénes son más importantes, si los que salvamos del hambre con la soja transgénica, forrajera y con residuos de glifosato, o los que contaminamos en el camino por terminar con los hambrientos del mundo…quienes por cierto siguen aumentando empecinadamente, a pesar de que llevamos varias décadas de Revolución Verde…A ver si nos conocemos entre COAS!!. Abrazo Cordial, Claudia
Clau:
Es un lugar hermoso. Ojalá se lo pueda preservar!!! o multiplicar sería mejor.