Marcelo Jalil, compañero del Proyecto Vertientes, en su discurso en Los Surgentes, recordando la masacre llevada a cabo por el terrorismo de estado durante la última dictadura militar en Argentina.
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Surgentes de memoria
de todos: Aaaaaaltas leyendas…
Textos de David Linaro.
El Canohero y el Yatebesé.
CANOHERO
El Canohero es conocido en nuestra geografía como el superhéroe de los isleros. Suele aparecer, parado en la penumbra, sobre el taco de su canoa fucsia, piloteando su viejo Tritón de 5 hp.
Muchos de los paisanos que fueron beneficiados por sus acciones aseguran que es un viejo flaco como un aliso, que luce un rotoso sombrero de paja y que es más fácil entenderlo por los exaltados movimientos de sus manos, que por sus palabras, entremezcladas de un dialecto propio, especie de rosarigasino aguaranaizado.
Siempre acompañado de su fiel amigo Can Didato, saluda a los turistas con el clásico «saludo raya».
Canohero es el hazmerreír de los supervillanos Comadreja Cínica y Jack Aré ya que casi nunca llega a tiempo para detener sus fechorías. Protegidos por la oscuridad de la noche, ni se calientan por evitar al superhéroe, ya que el estruendoso ruido de las explosiones de su motor, se oye a dos leguas de distancia.
Otras veces se le empasta la bujía y pasa horas enteras tirando piolazos y nada…
Dicen que Canohero supo vivir de joven en la ciudad y se internó en la soledad de las islas indignado por la falta de reconocimiento a sus acciones. Injusto destino el suyo, a pesar de haberse presentado a todos los casting, por su irrefrenable vocación mediática.
Canohero es realmente un buen tipo, existen relatos que aseguran que acompaña a los borrachos hasta que se acuestan en su rancho, e incluso contesta en las noches imitando su voz, llegando en ocasiones a acostarse con sus esposas para zafar de la responsabilidad al mamado.
Devuelve las mascotas perdidas a sus dueños y hasta zurce profilácticos en épocas de malaria.
Pero el mayor reconocimiento lo alcanzó entre los paisanos de los pagos del Fogonazo, regalando sardinas con dulce de leche a los enamorados, el día de San Valentín.
YATEBESÉ
Mítico ladrón de besos del litoral, hace sus fugaces apariciones en los parajes isleños cercanos a las grandes ciudades. Dicen que nunca se aleja isla adentro, pues teme no poder llegar a los boliches el fin de semana.
Algunas veteranas del río, creen haberlo reconocido en Madame, con una chaquetilla desflecada tipo apache, pero él, huidizo, desapareció raudamente entre la multitud. Tiene el aspecto de un indio, de larga cabellera rubia con rastas, de ésas de las buenas, que parecen como embarradas.
Por las noches suele frecuentar los campamentos, casi siempre, se acerca sigiloso para reconocer voces de mujer.
Una vez detectada su víctima, aguarda oculto en la madrugada para sorprenderla con su «chupón fatal».
Si bien hay muchos relatos de sus andanzas, no se conocen casos en que haya matado a sus víctimas. Si le cabe la onda, a veces se zarpa… y las posee sexualmente. Hasta se ha recogido el testimonio de una joven kayakista que, asfixiada por su beso, tuvo que ser socorrida con respiración boca a boca por diez guardavidas durante cinco horas.
En la zona de islas muchos le atribuyen la paternidad de algunos paisanitos rubios de dudoso ADN.
Uno de sus chascarrillos preferidos es robar la ropa de las parejitas que hacen el amor en los yuyales; algunos, incluso, pudieron identificar muchas de esas prendas en la feria El Roperito frente la Estación de trenes Rosario Norte… Vaya a saber… Ésa es otra historia…
También se llegó a comentar que tiene amistad con Canohero, que muchas veces le libera la zona “de onda” si le tira algún güeso.
Pero lo que hace realmente temido al Yatebesé es la maldición de sus besos. Muchas de sus víctimas no han podido volver a besar a otros hombres y, según dicen: ahí andan, errabundas, «calen tan dojapi»(1) por los tugurios de la gran ciudad.
(1) Aclaración del editor, “calen tan dojapi” es una intraducible voz nativa de la lengua shuar que significa algo así como “persona que hace recordar a una brasa encendida que se mantiene echando humo pero no ardiendo”. Pienso que David Linaro, el recopilador de esta leyenda, se ha referido en este punto a alguna quedada nocturna en tiempos estivales: ocasiones donde no se aguantan los mosquitos y se utiliza un humero. Este artefacto repelente consiste en una lata de dulce de batata donde se echan algunas brasas y se las cubre con hojarasca seca de sauce sin permitir que arda, sino ahogando la circulación de aire del braserío, lo que genera una humareda efectiva contra el ataque de estos animales chupasangre.
CICLO DE ECOLOGÍA
Décimo Septimo Año Consecutivo y Continuado (1994-2010)
Declarado de Interés por la Cámara de Diputados de la
Provincia de Santa Fe.
Declarado de Interés Municipal por el Honorable Concejo Municipal de
Rosario Decreto Nº 18168/00.
Lunes 25/10 – 20.00 hs
“COAs en Acción”
Como “movilizadores locales” del “Festival Mundial de las Aves” este lunes 25/10 recibimos la visita del “Club de Observadores de Aves” (COA Federal Rosario). Estos COAs son una iniciativa de Aves Argentinas (Ex AOP). Son observadores de aves silvestres en libertad, organizados en un club para disfrutar y proteger a las aves silvestres. El “COA Federal Rosario” nos visita entonces para compartir sus experiencias de campo. Se expondrá material que habitualmente utilizan en sus salídas de campo e imágenes fotográficas y en DVD exclusivas.
Compaginación y Coordinación : Sergio Rinaldi (Periodista)
Invita: Taller de Comunicación Ambiental (Rosario)
Centro Cultural del Ingrato Nombre – San Martín y San Juan (Plaza Montenegro) – Rosario
Entrada Libre y Gratuita.
de todos: Las islas de octubre
Quienes siguen estas publicaciones pudieron encontrar, unas semanas atrás, una entrada de este Blog en la cual difundimos nuestras observaciones sobre los cambios radicales que presenta la naturaleza de nuestra zona durante la última luna del invierno, al acercarse el equinoccio de setiembre.
En esta nueva presentación descubriremos los matices de octubre, el mes de los colores, disfrutando de una publicación sin desperdicios del Blog de los Aliados.
Para poder acceder a ella, no tenés más que apretar sobre la foto, o seguir este enlace.
Un recorrido rural por la zona centro-este de la provincia de Santa Fe, recorriendo un establecimiento donde se piensa que la naturaleza y la producción pueden convivir.
En la Provincia de Santa Fe no existe otro paisaje que no sea la llanura. Miles y miles de kilómetros cuadrados de extensión en las que no hallamos ningún tipo de serranías o montañas naturales. Y a pesar de esta uniformidad del territorio, la vastedad de horizontes largos y rectos presenta una diversidad de paisajes que rompe con la monotonía del llano.
El gran Paraná con sus paisajes de lagunas, riachos, bañados, e islas corre al este en lenta peregrinación hacia la pampa amarga del mar.
La región chaqueña que se adentra desde el norte en lengua de monte, bañando en madera a la cuña y de anegamientos a los bajos submeridionales, sin calmar su bravía inestabilidad, que no hace más que llamar a la fiera en el refugio del alteo, a morir de sed durante los meses de sequía.
Hacia el sur, a cientos de kilómetros de quebrachal, la pampa modificada que una vez fue sábana natural de pastizales, que hoy produce y produce, que se agota y se agota, y que sigue produciendo. Ya se han ido el cardenal y el lechuzón de campo, se han ido las mariposas y los sapos, pero la pampa viva sigue de surcos abiertos… tal vez llamando a la clemencia y el respiro… aun sin ser oída.
Y en el centro, parte de ese gran espinal que rodea la pampa húmeda, encontramos un paisaje de altos pastos amarillos donde la flora que aún ha sobrevivido representa espacios claves para la conservación de animales que ante el avance del desmonte y los monocultivos encuentran ambientes que llaman a gritos para ser salvados. En ellos, pechos colorados corean trinos que se confunden con cachilos y langostas; en ellos una extensión de aromos retorcidos y espinudos serán reductos seguros donde las aves hallarán un espacio a salvo para nidificar. El espinal santafesino guarda, a su vez, una colección de humedales donde claroscuros totorales serán morada de cigüeñas, chajáes y nutrias… todos en un perfecto equilibrio que no puede generar otro milagro que el de la vida y la descendencia. En este espinal del centro santafesino, algarrobos añosos que han se han erigido allí desde la época del mocoví, de ese tiempo pasado que se ha vuelto centurias a la era de los brotes, continúan a coro su canción de la tierra sin males y en sus ramas ásperas, ahí cuelgan y se sostienen sus epífitos: compañeros vegetales que comparten el atalaya que todo lo ve desde la pampa. El espinal santafesino también es pastizal, allí donde el ñandú en carrera desplaza tropas de legiones que huyen del hambre del puma… Y esto es parte de nuestra provincia de Santa Fe. El espinal es el barro salitroso donde el jume espera volver a ser ceniza en el arte de Viracocha. Es el juncal donde la gigantesca culebra ñacaniná se asola en los mediodías templados del invierno, donde el gallito de agua de pies gigantes camina entre repollitos y camalotes, donde el lobito de río dibuja caminos en la quieta superficie del agua y se mantiene como fiel representante mustélido ante la desaparición de su extinto compañero de gargantilla.
Y allí los hombres viviendo: colonizando, trabajando, modificando todo a cambio de la renta… sin saber… sin soñar… sin respirar ese espinal. Tumbando el algarrobo, ardiendo el pastizal, envenenando la tierra, erigiendo el idólatra monumento al dinero y la producción por sobre la vida y sustentabilidad… El espinal lentamente comienza a irse… Se va… Se vuelve raso, se vuelve monocultivado, se va…
Pero hay una luz para iniciar este cambio de conciencia.
Leve incandescencia aún, pero que busca ser haz de faro como ejemplo a seguir. Por suerte algunas personas alcanzaron a ver un horizonte diferente: tosco, espinudo, amarillo en la seca y colorido como arco iris en la primavera, lleno de vida, donde hay lugar para la naturaleza y también el hombre: el horizonte de la Vida Silvestre…
Hasta allí hemos ido, tan cerca de casa, tan diferente, tan bello y deslumbrante. Hasta el corazón del mismo espinal santafesino hemos llegado con nuestras ganas, búsquedas e inquietudes. A la tierra del puma y el ñandú, del aguará popé y el cardenal, del yarará y guasuncho. Tierra de negruchos y tuyangos, de algarrobo y cina cina, de pastizal y los bañados…
El COA aterriza en el espinal santafesino y aquí está su testimonio.
Un saludo inicial. Aquí estamos. Junto a Esteban y Gabriela, que apuestan a un trabajo conforme con la preservación de ambientes naturales. Parte del COA Federal Rosario visitando un establecimiento productivo en sur de Cayastá, sobre la Ruta 1 de Santa Fe.































Los que se animan a levantar su voz