Publicado por primera vez en agosto de 2008.
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Agua en la Cabeza (Parte 1/10)
Las vertientes más altas del Río Carcarañá son del gigante que tiene Agua en la Cabeza. ¿Qué significa este misterio? ¿Qué hay en la cabeza del gigante?
Allá fuimos. Con Renata, la cazadora de hombres topo, a tratar de encontrarlas. A buscar el Gigante con Agua en la Cabeza.
Es tanta la emoción de algunos viajantes por escaparse de la rutina diaria, que algunos hasta improvisan campamentos antes de tiempo, como esta chica que logró armar una canadiense dentro del tren o el niño que, con tal de olvidar la cama que cada mañana debe abandonar para ir a la escuela, decide dormir en el suelo como lo hacían sus antepasados bárbaros en el norte europeo.
La imagen de los tres soles siempre representa buen augurio al viajante.
Preparando la misión… Dónde ir primero, dónde viajar, cómo encontrar todas las palabras en esta sopa de letras.
Y llegó el momento de la partida. Córdoba Capital… a armar las bicicletas. ¡¡Allá vamos!!
Logramos la maniobra, escapamos de la policía que nos persiguió con el ticket impago, y dimos con un camino rural que nos llevaría hacia las montañas.
Jaja. Como BJ con su mono… Nos escapamos de la milicada.
Guillermo el kayakero, que se vino desde Alta Gracia cuando oyó que éramos perseguidos por no pagar peaje, nos escondió en un pequeño campito de Falda del Carmen, y ahí permanecimos hasta que dejaron de buscarnos. Excelente. Quién diría que somos nosotros. Una carpa, dos bicicletas con alforjas… Camuflaje perfecto… Pasamos por lugareños sin ninguna duda.
Amaneció y nos sorprendieron algunos animales de las sierras chicas: un cacholote ciruja y una manchada trataron de robarnos el desayuno. Pero por suerte Renata los ahuyentó con su olorosa remera transpirada.
El carro con el que el abuelo de Alfredo De Angeli mandaba a labrar las tierras. Como en aquella época no se conseguían buenos caballos, los niños mejor dotados físicamente tiraban del mismo, con la soja (digo… la soga) atada al cuello.
Encarar con la bici la trepada hacia el Observatorio, para un humano de la llanura, es más duro que aprenderse la tabla del ocho.
8 por 5 cuarenta…
…por 6… cuarenta y… ocho.
8 por 7… ¿?
¡¡¡55!!!
No… 56… ¡¡¡Burro!!! Ja, ja.
Dimos con un pinar en la cima y, oculto entre la floresta:
El coloso.
Ahora la bajada… A volar… ¡¡¡De esto no tenemos allá en el pago!!!
Una chiyet vizcachera nos observaba atenta desde un poste de alambrado… Mirá, lechuza… yo sé que a vos siempre te gusta pararte en lugares altos y despejados pero… ¿no podés subirte a un arbolito así no se ve la intervención humana en la imagen?
Gracias.
Las sierras chicas han quedado atrás y hemos pasado para el lado del valle.
Un descansito en el río La Suela. Esto sí que es bueno…
Los que se divierten lastimando animales que, además de exóticos, son depredadores de insectos, peces y anfibios, no quieren que la gente pesque para comer los ejemplares sembrados. Qué lindo comerse una trucha de este río. ¡¡¡Aguanten los biguáes, depredadores estivales de estos peces exóticos!!!
Una mimus nos recibió en San Clemente y grande fue la alegría de encontrar un buen lugar para descansar de la terrible pedaleada.
Me cansé de pedalear…
Caía la noche buena y dimos con un bonito camping en la comuna.
Renata agradeció a Ñande Yara y pudimos estar en paz con la Tierra.
Como premio, una chuña patas rojas nos vino a avisar que nuestra gratitud había sido oída.
Feliz Navidad.
El amanecer un muchacho se acercó a nuestra carpa. Dijo que hacía varios días que venían desapareciendo las ovejas de los puesteros de la zona, y un viejo borracho había sido encontrado violado en las cercanías a un arroyo. Sirenas Travestis, no tardó en responder Renata. Vamos por ellas… Pero, le dije, nuestro viaje en bicicleta… Vamos por ellas, insistió; o te vas solo.
Supe que el instinto de la cazadora de hombres topo la haría permanecer en San Clemente hasta dar con el misterio que venía asustando a los serranos.
Llegamos a una incubadora de alevinos abandonada. El lugar perfecto para estas criaturas.
Montamos la guardia en un escondite y esperamos.
Quietud… calma… entonces apareció…
La sirena apareció disfrazada de paisano arcoiris, con un cuchillo, y se nos vino encima. Echá pa’ trás… juira, perro. Pero la cazadora mostró su habilidad, sacó un crucifijo maldecido dos veces: por el Pepe Ramallá y por Monseñor Storni. Con él golpeó ferozmente a la sirena travesti hasta que ésta cayó al suelo, y rápidamente sacó una estaca con los colores de Ñubelsol Bois y se la clavó en el pecho para enfriarle el alma.
La sirena travesti cayó muerta y yo procedí a desollarlo para investigarlo por dentro.
Miren la forma de su cráneo. Estas son criaturas del mismo mandinga.
El estanque quedó limpio de sirenas y volvimos al campamento.
Fuimos a hacer unas compras al pueblo y de paso conocimos algunos detalles pintorescos de esta comunidad.
El cartel.
El nudo.
El saucedal.
La escuela.
La iglesia.
Los honguitos.
El aviso tiroteado.
Un carancho expulsado de todos los nidos. Primero lo corrió un carpintero, después una golondrina y también una cotorra.
Otro juguete, éste del padre de Miguens.
Los bichitos.
Las extrañas flores que se convierten en coláptidos.
Las turcas de cuello largo.
Los suertudos que tienen la vaca atada.
El ternero de Bond… de James Bond…
Vuelta al campamento y a descansar.
Ha sido una larga jornada. Tras la fría noche serrana seguiremos buscando aquella lejana vertiente del Alto Carcarañá.
Continúa… Se actualiza todos los viernes.














































































































































































































































































Los que se animan a levantar su voz