Etiqueta agregada: ‘contaminacion

01
Jun
09

En tono de grises

Qué días grises los de este fin de semana: frío, lluvia, viento, nubes… Un finde en tono de grises.
Al atardecer, con mucho frío, partimos hacia la Isla Carcarañá.

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Mañanas congelantes.

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Pensar que en el barrio militar de Beltrán todavía deben vivir tantos de esos asesinos al servicio de los EE.UU. y su Doctrina de Seguridad Nacional, que arruinaron una generación matando a 30 mil personas en los ‘70.

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Trito al frente.

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Balneario habilitado de la isla Carcarañá.

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Increíbles los laureles de río. Son árboles maravillosos.

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El tuyango huelludo.

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Sopló viento a la noche. ¿Se nota?

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El cará-cará bebé se quiere parecer a su hermano mayor, y lo imita desde su rama.

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Renata Trotsky Timai haciéndole frente al modelo de acumulación sojero.

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Resultados al día de la fecha: Destructores 863, Río Paraná 1. Todavía perdemos por goleada.

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Les cuento un chiste brasilero:

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¿Tremendo, no?

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A Vicentín se le cayeron un par de millones de semillas de girasol al Paraná.

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Miren al arenero hundido que mostró la bajante del Paraná. Jamás lo había visto. Ojo al pasar remando por el Remanso Valerio.

Si quieren ver las fotos a color, les dejo este link.

10
May
09

De napas sucias y roedores

Hacia Ricardone (1)

Qué lindo andar en bici. Salir por el campo… Ver los chimangos, los teros, las pirinchas…

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Tomar cualquier camino y alejarse…

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La pampa inmensa muestra toda su extensión.

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Los matices del mayo otoñal. Es lindo perderse por los caminos del campo.

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¿Qué es eso que se asoma en la lejanía? Parece una montaña.

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Una montaña en plena pampa… ¿Qué será?

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¿Habrán trasladado el Uluru australiano? Pero qué mal huele. Hoy sopla del alisio… nos trae esta inmundicia pestilente.

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Mirá eso… Es una montaña de mugre… es… es…

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…un basural gigantesco…

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Mirá cuánta inmundicia junta, amontonada a cielo abierto…

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Mirá cuántas aves. ¿Serán cóndores andinos?… digo… es tan alta esta montaña de basura.

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¿Una réplica del Cono Volcánico de Río Negro

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Un horror nauseabundo, donde nada se recicla y todo se tapa con tierra…

Con ustedes, el Basural de Rosario, en tierras de Ricardone.

basural panorámica

Pida la panorámica grande del basural a santiagodelrio@argentina.com para enviarles a sus amigos postales inéditas de Rosario, la mejor ciudad para vivir. Son 10 fotos que arman este bello y enorme mural para exportar. Mire, sr. turista. Ésta es la alfombrita donde tapamos nuestra mugre.

Hacia Ricardone (95)

Nos vamos… Es un asco… Pobrecito este curupí solo que tiene que soportar esta asquerosidad de vista. Si seguimos amontonando allí, pronto nuestro intendente puede armar una buena pista de esquí o traer turismo internacional a escalar la montaña maloliente.

06
May
09

Campamento en el arroyo Salto

Aviso previo.

Éstas son imágenes de un paraíso que se pierde rápidamente… Pero antes de mostrarles lo que aún permanece, quisiera que se tomaran el tiempo de leer estas líneas que, por lo que creo, son importantes para que entiendan esta lucha que muy poquitos llevamos a cabo… De verdad que somos pocos.

Vivo en una ciudad a la que llamamos Rosario, en el límite oeste del Litoral Argentino, frente al Paraná: uno de los ríos más importantes del mundo.

Entre las comunidades costeras de Diamante y Coronda, a unos 100 kilómetros más al norte de mi ciudad —río arriba—, la cuenca entera comienza a depositar su sedimentación de forma constante, al tiempo que su cauce se ensancha de forma abrupta, formando el majestuoso Delta del Río Paraná. Este delta inmenso desemboca —unos trescientos kilómetros más al sur— en un mar de agua dulce conocido como el estuario del Río la Plata, que comienza frente a una enorme ciudad de nombre Buenos Aires y termina —250 kilómetros más al sur— en el Océano Atlántico. 

Nuestro delta es un ecosistema con una biodiversidad muy rica. Representa el segundo sistema de pantanos en importancia mundial, con enormes lagunas de agua limpia, y una biodiversidad muy variada.

Pero nuestro ecosistema está sufriendo, desde hace décadas, un impacto humano que ya ha superado los límites de tolerancia de la que podía recuperarse el río, este impacto ha dejado de ser sustentable. Nombro algunos de los problemas más importantes:

-Acopiadores de pescado tratan al sábalo como un commodity más, y lo exportan como harina para alimentar animales domésticos en países lejanos. El recurso ictícola se agota año a año. Especies como el manguruyú o el pacú están prácticamente extintas en nuestra zona.

-La empresa Celulosa Argentina lleva 70 años arrojando sus residuos tóxicos al agua, y ni un estado municipal o provincial ha podido desterrarla de la costa. Innumerables empresas usan al río como depósito de basura y los funcionarios, hasta ahora, han mirado para otro lado. El poder económico prima sobre las decisiones soberanas.

-Los desagües cloacales arrojan los desechos directamente al río sin un tratamiento previo. La gente que se baña en los balnearios que están en la banda oeste del río, literalmente, nadan entre el orín y el excremento de los pobladores que viven más al norte.

-Las fumigaciones de agroquímicos en los campos llegan a los arroyos que son afluentes del Paraná y estos venenos se mezclan con las aguas del río. Nuestra Secretaría de Ambiente Provincial aún no sabe si el agrotóxico denominado glifosato es contaminante o no, aunque «presupone» que sí lo es.

-El avance de las fronteras agrícolas para la siembra directa de la soja transgénica —apoyado por emprendimientos de lucro neoliberales como Aapresid, Fundación Libertad, Monsanto y demás empresas con influencia mediática— ha hecho que los productores vean al humedal deltaico como un buen sector para ser transformando en una pampa ganadera, y así han llevado sus vacas desde el campo continental —ahora contaminado con soja—, hasta la zona de islas, con todo el daño que esto acarrea: quema de pastizales para mejorar las pasturas, cierre de zanjones y arroyos para secar lagunas y ganar campos, desmonte de flora nativa para sembrar cultivos relacionados con el sistema ganadero, arrinconamiento de las especies autóctonas en sectores sin desmontar ni quemar, donde son fácilmente encontradas por los cazadores.

-La caza es la principal exterminadora de los mamíferos en estado salvaje. Al cazador podemos clasificarlo en dos tipos: El primero hace referencia a aquel que día a día vive del recurso, producto de un Estado ausente que no le garantiza igualdad de oportunidades para tener su propia tierra, y mucho menos una educación de vanguardia que le permita organizarse con sus pares en comunidades productoras de recursos sustentables —criaderos de yacarés, carpinchos o pacú, producciones de miel orgánica, etc.—. El segundo tipo de cazador que, al igual que el primero, agota los recursos naturales, es el que elige matar estos animales salvajes por mera diversión, sin respetar leyes y arrojando por voluntad propia —aquí no hay un arrastre a esa situación de supervivencia, sino una responsabilidad conciente del cazador furtivo— peligrosos residuos de plomo en las lagunas y tierras del humedal. Si bien el pescador deportivo le ha aportado al río una importante cantidad de plomo, la correntada de 20 millones de litros de agua por segundo disminuye considerablemente los daños; no ocurre lo mismo con el plomo de una bala, que se deposita estático en aguas quietas o en tierra seca expuesta al sol. La caza, en el segundo pantano en importancia a nivel mundial, ha exterminado especies naturales como el yacaré y el ciervo de los pantanos, y ha encerrado en sectores reducidos al carpincho —capibara—, al lobito de río —nutria carnívora— y a nuestra hermosa y buscada nutria roedora —coipo—.

Nuestro majestuoso delta sufre, cada día, una destrucción que ya ha dejado de ser sustentable para el río. Si no paramos esta masacre, pronto sólo tendremos una inmensa pampa sin la biodiversidad maravillosa que siempre la ha destacado, sin reservas de agua dulce y limpia, y deberemos conformarnos con visitar un par de Parques Nacionales pequeños para ver cómo era todo esto antes del desastre. Entre el Campo Rico —en proceso— y el Pre-Delta —funcionando— suman apenas 5 mil las hectáreas protegidas.

Con estas líneas previas al material audiovisual, pretendo hacer que la gente tome conciencia de lo que está pasando y nos ayude a difundir nuestro trabajo. Sólo a través de un reclamo social vamos a salvar nuestro delta. Hoy somos muy pocos los que hemos tomado conciencia, pero necesitamos sumar gente, experiencia y compromiso para llevar a cabo nuestra lucha. Yo pertenezco al kayakismo, algunos a la pesca deportiva, hay arqueólogos y huaqueros que se dedican a rescatar la alfarería indígena que hay oculta en el delta, tenemos gente que nos apoya desde su lancha o velero, pero necesitamos acercar más almas al río. Gente con ganas de disfrutar de la naturaleza y la cultura de una región grande, que se va transformando en un desierto por culpa del lucro, de la marginación y del poder de matar por diversión, dejándonos sin todo ese paraíso que algunos —todavía pocos— aprendimos a ver y a amar.

El río es biodiversidad, cultura y una reserva de agua dulce para nuestras generaciones futuras. En nuestro río pueden convivir en armonía los animales, la flora nativa, la historia de mil años atrás, con quien lo vive y lo disfruta. Tenemos que disfrutarlo sanamente. Tenemos que ser muchos más. Somos pocos todavía. Los dueños de las escopetas, de los efluentes y de las vacas nos ganan en cantidad y fuerza, pero no podemos rendirnos si queremos ver esto vivo, sano, libre… Yo quiero ver al islero con una casa digna, un trabajo asalariado, un centro de salud en su paraje, viviendo en comunidades y no sólo y aislado como está hoy en día; quiero ver a sus hijos en la escuela y con las competencias para terminar una universidad; quiero ver al carpincho silbando cerquita de mi carpa sin temor de oír el terrible alarido de la escopeta que rompe el silencio de la noche; no quiero seguir viendo nutrias y lobitos mutilados por haber escapado de una trampa; quiero ver la aleta del surubí a flor de agua cuando busca su comida cerca de la superficie; quiero comer pescado porque sé que me hace bien; quiero sacar agua de la costa para calentar una pava de mate, sin temor a ingerir agrotóxicos, excreciones humanas o efluentes de una fábrica. Quiero ver a mi río sano y a su gente con dignidad y alegría.

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—Yo cuido la casa… vos andá tranquilo—, me dijo Maleva del Río.

—Gracias, muchacha —le respondí—. Voy a recompensarte con algo muy rico.

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Y nos fuimos… ni tan lejos ni tan cerca. Al arroyo Salto. Éste es un martincito pescador mediano macho que se peinó las plumas para la foto.

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Renata Trotsky Timai encabezó la marcha, y allá fuimos.

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El biguá (en Santiago del Estero el Ochogo, y en el Discovery el Cormorán).

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Prepara su vuelo…

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…y se marcha.

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Allá se va. ¿Lo ven a lo lejos?

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Otro martín pescador buscando su alimento en las aguas poco profundas.

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Se marcha la tarde… Se va el sol…

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Allá se ve el puerto de la contaminante empresa Molinos, en el límite sur de la Capital Provincial del Cáncer.

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La noche llega y hay que seguir remando.

El atardecer.

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Después de un par de horas cruzando el Paso los Meones, paramos a morfar en una playa frente al Campo de la Gloria. Si San Martín viera lo que Molinos, Vicentín, Petrobras y los Concejales corruptos hicieron con la gente que vive donde él tuvo su debut de fuego…

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Delicioso… Mhhh… Empanadas y vino. Una cena bien criolla.

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La imagen de un Jesús de palo nos miraba desde el lado de la luna creciente.

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¿No es una belleza de la escultura?

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La mañana y sus matices. Frío y amanecer.

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Allá quedó nuestra casita nómade.

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La bajante del Paraná.

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Una ranchadita para sombrear.

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Y otro día… y otra vez sobre el bote.

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Allá quedó San Lorenzo.

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Una garcita blanca nos dio la bienvenida al arroyo Salto, y ahí dentramos.

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Renata Trotsky Timai observa costas. Nosotros pertenecemos al tipo de kayakeros que navegamos siempre costeando, en silencio, atentos a lo que pueda aparecer atrás de cada yuyo.

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Armamos campamento en un albardón limpio y, tras un breve descanso de mateada, partimos en busca de vida lagunera.

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Renata ubicó una laguna cerca del campamento, y fuimos.

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Maravillosos irupés que empiezan a marchitar sus aros.

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No hay mayor alegría que vivir la vida sin destruirla.

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Un mar de las victorias.

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Una maravilla que quedó aislada.

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Trabajando…

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Los mosquitos nos hicieron abandonar la laguna, pero prometimos regresar al amanecer, cuando el rocío frío los mantiene quietos.

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Por lo pronto aprovechamos de lo lindo del día para recorrer el arroyo.

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Lo que queda cada vez que un furtivo pasa por la isla. Muy poca carne le habrán sacado a esta garcita, e incluso es más barato comprar medio kilo de carne picada que los cartuchos de escopeta que se necesitaron para matarla. A pesar de esto, es más fuerte el deseo y el placer de matar que cargan los furtivos.

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Dejemos la muerte y volvamos a la vida: cada mayo llegan estas hermosuras.

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Pero tenemos que volver al campamento. Hay hambre.

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Llegaron amigos kayakeros, Renata. ¡¡¡Qué bueno!!! Leonardo Ferreyra, el bioquímico, la bombonera Flori y Vale, la maestra especial.

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Y llegaron también lancheros. Son Omar Ubaldini, y Analía y Ciro, los psicólocos.

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Y se arma el fogón, como cada noche. Hasta los mosquitos quieren salir en la foto.

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Ciro estrena cámara.

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Ñoquis en la isla. Qué bueno.

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Preparando la salsita.

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Flori amasando harina.

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Así son las noches en la isla.

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Y siempre amanece. Siempre sale el sol. Qué lindo es poder coleccionar amaneceres en el recuerdo. Miren éste. Niebla, rocío, vida…

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Timbotal al fondo, después la nuebla, el pajonal donde se ve el albardón, palustres en la orilla, irupés en la laguna, camalotal acá cerquita… Así de bello es lo que tenemos que salvar para que no quede así:

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Estas imágenes desoladoras son del 20 de septiembre de 2008, a escasos 10 kilómetros de este paraíso. El paisaje es el mismo. Se ven las arboledas al fondo, y los lugares oscuros son lagunas que fueron cerradas hace varios años, cuando un vecino mío de Rosario mandó a cerrar la vieja Boca de la Zorra, donde estaba el paraje conocido por kayakeros como el Bosquecito.

Pero volvamos al Salto.

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Es hermoso.

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Así de maravillosa es la naturaleza.

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Estas trepadoras blancas son increíbles. Se abren de noche y se cierran a media mañana, cuando les da el sol. Me hicieron inspirar una canción, que se las escribo ahora. La imaginé como un rasguido doble y me suena bastante pegadiza. Si alguno se anima a ponerle música, pegue el chiflido.

Del mayo costero

 
     D               A7
En mayo, el río que pasa,
                               D
rojizo de yunga en bajante otoñal,
     G                F  
en bruma despide chicharras,
              A7                D
crespines, zorzales dejan de cantar.
 
En mayo regresan bandadas
de patos maiceros, macás y biguás;
el barro costero se enfría
y las mariposas sobre él bailarán.
 ------------------------
ESTRIBILLO
          D7                 G
Te canto mayo, el otoño del río:
             A7                 D
el señor pintor con brocha de frío;
                G                  D
de las flores blancas en las trepadoras;
          A7                  D
curupíes calvos y flor de alisal.
              G                   F
El laurel que pasa de siesta a su sombra
            A7                   D
al noble reparo en la helada otoñal.
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Los cisnes sacuden el aire
sobre lagunales donde el irupé,
ya va marchitando sus flores
y explica al gallito que habrán de volver.
 
En mayo remontan arroyos
los peces que buscan el cauce mayor;
cachorros, dorados y bogas
tras del sabalaje en su fiel procesión.
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ESTRIBILLO
-------------------------
Y ya que estamos se las muestro tal como la imaginé... En realidad... como me salió... Disculpen...
    

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Pero el tiempo subjetivo cuando uno es feliz hace que las agujas giren más rápido, y todo llega a su final. Los finales en el río son lentos.

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La foto de la banda.

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Anque ustedes no lo crean… Se puede ser lanchero y amigo del río… Es real esta imagen… Acá no hay photoshop… Estos lancheros maravillosos se están llevando de regreso la basura… Sí… Un aplauso para Omar, Analía y Ciro.

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Y me pusieron a cocinar. Sopa de verduras.

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Y la vuelta a casa.

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Las dos grandes enfermadoras de San Lorenzo: Molinosy Vicentín.

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Y la pestilente de Capitán Bermúdez: Celulosa Argentina.

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La comunidad costera del Espinillo. Resistieron el desalojo y siguen presentes. Aguante la Escuelita 2 de Abril.

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Made in Argentina. Puentes for export.

Y este viajecito se ha acabado. Espero que lo hayan disfrutado.

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Un homenaje.

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Chuza, siempre te tendremos en nuestro recuerdo. Un olvido la mantuvo mucho tiempo en la humedad… y se ha desintegrado. Ya no estás entre nosotros, Chuza… Trito te va a extrañar mucho.

Y un recuerdo:

El viaje de Chuza y Trito.




TAPA DEL LIBRO SANTIAGODELRIO Todos éstos están ahora atrapados en nuestro remanso costero:

«La caza es sólo una denominación cobarde para un asesinato especialmente cobarde de criaturas sin posibilidades. La caza es una forma secundaria de enfermedad mental humana». Teodoro Heuss.

Que nuestros humedales no sean transformados en una pampa ganadera.

Quema de pastizales

«El fuego quedó prendido, como testigo nuestro ... en silencio, contrarestrando los escopetazos de los bobos que todavía van a cazar algo cuando no necesitan de eso para vivir ... quitando una vida inutilmente.

Cuando era chico me gustaba cazar a mí también, hasta que traté que una perdiz levantara vuelo para tirarle y, como no subía a pesar de mis pisotones al suelo, al acercarme me di cuenta que tenía cría abajo ... nunca más le tiré con algo a un ser vivo.»

Capitán Martín Burbuja.

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¡¡¡Seguimos adelante!!!

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A diferencia de los soldados, que en la mayoría de los casos tienen ante sí a un enemigo con iguales posibilidades, el cazador es especialmente cobarde: él dispara sólo cuando la víctima no se puede defender.

Que el hombre se atribuya el derecho de matar por diversión a seres vivos que sienten y que perciben el dolor igual que él, es algo absolutamente miserable.

Los cazadores futivos están acabando con la fauna nativa. No les sigas la fiesta a los matadores de carpinchos. Defendé nuestros recursos.

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