


Fue una semana dura, que terminó en la reunión con Hermann Wolbing —militante del Mo.Ca.Se contra el desmonte y los monocultivos—. Organizando las actividades para la reunión de Pueblos Fumigados del sábado 12 de septiembre, en San Lorenzo —Capital Provincial del Cáncer—, se acercó nuestro correligionario Ignacio Bouchard, el emblemático científico que dedica, desde hace algunos años, a revisar si son falsas o no las predicciones climáticas catastróficas de la pampa ondulada.
Unos sábalos a la parrilla, algunos vinos y entre diálogos y risotadas, habíamos solucionado los grandes problemas del mundo.
Pero las semanas se terminan y a muchas personas nos corresponden dos días de descanso. Como tantos otros, como siempre: carpa, comida, unos vinos y ya. Salgamos a vivir un poco. Muchos se quedaron en la ciudad porque los medios anunciaron toda la semana que dos equipos de famosos se enfrentaban en el estadio de fútbol del barrio Arroyito. Nosotros no… Gracias…

Mujeres al volante. Les hicimos dedo pero no nos llevaron.

Me encontré con Hernán Dacharry, el personaje del AKU que pasara varios años estudiando en Escocia. Salimos río abajo.

Entramos por un arroyo en la Comunidad del Espinillo.


Nos recibieron esta garcita blanca y el gracioso gallito de agua.

Salimos de una laguna a la que los rosarinos conocen como el Saco y dentramos en el Arroyo San Marquitos.



Teros y maiceros nos dieron la bienvenida. Encontramos un buen lugar para acampar.




El amanecer nos encontró con ganas de ver si podíamos llegar hasta la laguna la Chata. Ricardo, un kayakero recorredor que habíamos encontrado saliendo por el arroyo el día anterior, nos dijo que sí se podía. Allá fui…


Hermosos los colores en el pico de la gallineta común.


Un monje deltaico disfrazado de cará cará me dio su bendición para que pudiera entrar hasta el final, sin tener que cruzar grandes tapias.


La primavera en los sauces.

Los maravillosos pinitos…


Contrastes… ¿Matadores y carroñeros?

La hermosa mañana invernal mostró sus matices celestones.



Familias de gallinetas chicas iban, en bandadas enormes, de un lado para el otro.




Ciudad de Rosario, qué maravillosos paisajes te rodean. Cuánta falta que le hace a tu río que los pobladores que te habitan salieran a trajinar tus aguas en respetuoso silencio.



Un viejo amigo hocó me volvió a saludar desde las ramas. Hacía varios años que no recorría tu arroyo, Señor Pájaro.

Renata Timai preparó el fuego para los mates…

…un pepitero gris esperó las migas del desayuno…

…y no hubo mayor felicidad mañanera que compartir este paraíso con amigos. La seño Alicia, la ciclista Valeria y Leonardo Ferreyra, el bioquímico del barrio Refinería, acompañaron este momento de calma.


La profe Marina Olivera nos dio algunos consejos de cómo socorrer a alguien caído en un arroyo de aguas quietas y frías.
Después lo mismo de siempre… volver al lunes citadino. Pero felices.
Los hay muchos —la mayoría— que pedecen el domingo por la tarde. Sufren, se malhumoran, no disfrutan…
Nosotros amamos los domingos. Y, claro… Si nosotros salimos a vivir.


















































































Los que se animan a levantar su voz