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30
may
10

Los todos

Hubo una vez, en una ciudad Argentina llamada Rosario, un grupo de personas que se reunieron para hacer un viajecito en kayak desde un pueblo que lleva el nombre de Andino, recorriendo un río conocido como Cará Cará Añá, que aguas abajo los dejaría en el Paraná que los devolvería a su Rosario.  

Este grupo de personas tuvo que ahorrar un poco de dinero para comprar estas embarcaciones, que tienen un costo similar al de una bicicleta. El kayak y la bicicleta representan básicamente el mismo concepto, con la leve diferencia que caerse de una bicicleta implica «golpearse», mientras que de estos vehículos «mojarse». Algunas veces el suelo está duro… otras, el agua está frío.

Muchas de estas personas no se conocían entre sí… pero el grupo de los que sí se conocían recibió a los desconocidos con el mayor de los entusiasmos…

…con jugos frutales…

…y con alegría.

Para romper las p… digo… el hielo. El grupo de los que sí se conocían escondió los botes de los iniciados.

Cuando llegó la mañana, el grupo de personas decidió que llegaba el momento de partir por el Cará Cará Añá.

Estuvieron todos listos, y partieron…

El primer gran obstáculo sería el puente ferroviario.

Cosa que complicó a algunos, pero no fue motivo de retroceder. El agua está fría, pero el corazón caliente. A pesar de la ambición de los nadadores otoñales, el raíd siguió su camino.

El Cará Cará Añá ha dejado de ser un río sano, pero tal vez estas imágenes concienticen un poco.

Esta joven pareja saluda desde su kayak doble. Qué lindo es el amor y la compañía…

La flora exótica no dejó de verse en ningún momento. Aquí vemos unos gigantes australianos que cantan al son del viento y las cotorras.

El hombre, según la naturaleza… una imagen que pronto se borrará de la tierra, si sigue queriendo lo que no necesita.

Otro peligro. La autopista. Pero por suerte no representó serias dificultades para los raidistas.

Siguen las trabas, los problemas, los obstáculos…

Pero el grupo de rosarinos sigue viaje hasta el final.

Algo más en el camino. Un cable instalado por gente pobre para pasar a la banda…

Ups… Un muchacho al agua tras enredarse con él.

El panzón que navega en un chatón estaba preocupado… esperemos que aguas abajo la cosa cambie y no tengamos más de estos problemas.

La prolija comuna de Oliveros tiene su rinconcito oculto al costado del río.

Un puente exclusivo donde los pobres no son bienvenidos… Pasamos el Campo Timbó.

Un enfrentamiento entre los miembros del Consejo de Ancianos. La banda de Ramón ve una desorganización en el raíd. Cree que el actual jefe Toto no prevé los accidentes. El Masca Ramón es autopostulado rey del grupo.

¿Y vos nos vas a llevar por buen camino?, preguntan desde un embalsado camalote vecino…

Voten a Ramón… Yo soy la luz, la verdad y el camino.

El taguató votó por Toto.

El ombú que sobresale en el chañaral por Ramón.

Algunos se abstuvieron.

Este tala dio sus votos por Toto.

42 chañares por Toto y 25 por Ramón.

Roberto votó por Ramón.

El raíd se detuvo antes del final para llevar a cabo el acto eleccionario.

A este viejo le pasamos el trapo…

Sí… jajaja. Se termina el tiempo del Totismo.

Yo le tengo fe a mis crías… no me saca este gordo.

La bruja del Cará Cará Añá consultó con la borra de su mate y putió porque alguien le había puesto azúcar.

Yo le doy al Toto.

Ramón es la renovación del Consejo de Ancianos.

ZZZZZZ… Ramón puso el voto por el Huguito. ¿Fraude electoral?

Por una diferencia mínima… Toto logró mantener el título de Cacique Bote Insipiente. Ramón deberá esperar hasta el próximo raíd.

Para ver la panorámica entera, apretá sobre la foto.

El viaje culminó su primera etapa. Gaboto… pueblo de costas mugrientas y gente contenta.

La multicolor flameó como lo hace en cada campamento y las carpas mellizas estuvieron juntas y contentas.

La alegría se hizo parte de todos y el grupo de rosarinos empezó a prepara la segunda etapa.

Los que apoyamos a Toto saludamos al Cacique —nota: Luciano votó por Ramón, pero como es amigo del poder…—

El Panzón Gustavo prepara su chatón para partir.

Todo es alegría otoñal.

Para ver la panorámica entera, apretá sobre la foto.

El grupete de rosarinos estuvo listo y… zarparon.

El paleolítico.

El chatón.

Los piragüeros.

La niña maestra y el señor necesitado de afecto.

El que votó dormido.

El que pasea a los turistas con dólares y la rubia del chaleco mal puesto.

El que robó la pala del Toto porque era Ramonista.

La parejita que ya no se ve por el río.

Las veteranas del kayak largo que no entra en la foto.

Los que no coordinan la palada.

El Cacique Toto Bote Incipiente.

Todos…

Todos…

Todos…

¿Todos?…

O casi todos…

Menos la pirincha…

La Calandria linda…

La Bandurria…

El Caballo prófugo…

…y nosotros… Que preferimos volver en colectivo para dejar los botes en Gaboto.

Recorrimos la comuna para disfrutar de su encanto.

Sus verdulerías…

Sus ricinos colorados que saqueamos por las semillas que le debo a Matías de Berisso…

Sus calles largas…

Sus bajadas…

Sus empanadas de pescado…

Su gente linda…

Sus monumentos olvidados…

Sus costas inundadas…

Sus damas de noche abiertas en pleno día…

Sus cosas raras que no entendimos…

Sus animales exóticos…

Sus árboles nativos…

Sus paisajes…

Sus carteles lindos…

Su arte contemporáneo y vanguardista…

Sus espacios dantescos…

Su libertad de prensa…

Y su historia.

Gaboto… pionero de la ambición y la barbarie…

11
mar
10

Cuniculandia

Salir del tosco cemento y alejarse por una calle cualquiera… una calle que un poco más adelante se convertirá apenas en una huella.

Todas las calles terminan en un lugar maravilloso. Algunas en pastizales, otras en el río, algunas se convierten en picadas de tierra, otras en aguadas.

La idea es tomar una calle. A ver… ésta. Y seguirla hasta donde termine… y ver en qué se transforma. Ésta que tanto me gusta seguir, pasa un puente, se vuelve una ruta sin tránsito, cruza una vía…

El horizonte irregular de ángulos rectos se torna de complicadas figuras que responden sólo a la orden del sol y el viento.

Sin semáforos, sin bocinas, sin apuros. La calle que me gusta seguir se va poniendo tan linda. Y las criaturas salvajes se presentan a medida que más nos dejamos arrastrar por ese camino sin apuros.

Jilguero Dorado Juvenil. Los jauleros lo llaman misto.

Éste ya está más grandecito.

La calle ésa que me gusta se hace de vidrios… bajo mis suelas quién sabe recuerdos de qué navidades habrá, de qué aniversarios, salidas adolescentes…

Paloma Turca y sus increíbles colores y detalles.

Carpinteros Campestres disfrutando de espacio sin apuros.

El brujito argentino: el Pico de Plata, siempre atento desde sus atalayas.

Un joven Caracolero pasó sobre mí en busca de sus invertebrados alimentos. Seguramente me va a guiar hacia algún espejo de agua. Lo voy a seguir…

Bandurrias… un Tero Real… El agua tiene que estar por aquí…

Dejé a Cleta Coba junto a un alambrado y me metí en un campo contaminado con soja RR. Aquí adentro debe de estar el agua… Maldita soja, recuerdo cuando había sapos y mariposas… Introducir esta leguminosa ha sido una masacre para la biodiversidad.

Una pequeña sobreviviente de las fumigadas, oculta entre las hierbas.

Un bebé de sagitaria…

El agua y su tero real buscando alimentos… pronto volverán las bandadas a imitar perritos en los cielos nocturnos.

Un pastizal florido realmente maravilloso.

Un Carancho volando a todo lo que da…

La huella desaparece lentamente. Allá vamos por esta calle que tanto me gusta seguir.

Ahora entramos en la zona de las Lechuzas: las verdaderas reinas de este paisaje.

Un Caracolero Adulto se hace presente.

La calle de los sin apuros sigue, siempre sigue.

Los Carpinteros Campestres aparecen por todos lados. Acá, buscando su alimento entre los postes del cableado.

¿Y esta pequeñez emberízida? Es la Hembrita de un Corbatita. Qué maravilla. ¿Por dónde andará el machito?

¡¡¡Acá está!!!

El Corbatita Macho proclamando la revolución antisojera. ¡¡¡Queremos un campo sano!!!, nos dice…

Y claro… tan bello canto y mensaje no podía dejar de atraer a otros amigos.

Así llego este Halconcito Colorado.

Así se hicieron presentes los Tordos de Pico Corto.

Así corearon los Cachilos de Ceja Amarilla. ¡¡¡Los sojeros están arruinando la tierra, la vida, la salud de los campesinos!!!

De los últimos tres campitos de sorgo… entre el contaminado mar seco de soja pampeana.

Y en el Achiral también se oyeron las voces de la vida natural.

Que no fumiguen mi plantita, pidió una Hembrita de Picaflor.

La comunidad de la Achira es vasta y esos mosquitos envenenadores de la Tierra no deben llegar por estos lugares. 

La calle sin apuros es maravillosa, pero también lleva adelante sus luchas.

La vida es tan maravillosa como para no ser respetada… ¿Quién puede tirar agroquímicos en la tierra y decir que ama la vida? Una persona hipócrita e insensible… Uy… de esos monstruos está lleno… Mejor me callo para que aparezcan sus fantasmas por aquí… Sigamos hablando de la vida…

…para no llamar a los criminales sojeros.

Y bueno… ya que estamos. Sigamos las tradiciones de los Chibchas Colombianos y llevemos a casa algunos rizomas.

La calle que tanto me gusta, que es la calle sin apuros, se desdibuja y pierde su traza recta para mimetizarse cada vez más con el paisaje. Pero bueno… todo lo bueno llega a su fin… Es verano, hace calor, y tengo sed. Ya tengo las achiras, muchas semillas, una florcita amarilla que me gustó, una sagitaria… ahora a regresar.

Pero no sin antes visitar a Maleva del Río, la cazadora de las ranas.

…la de las garras afiladas…

¿Qué tenés para mostrarme, Male? ¿Algo en el estanque incipiente?

Una Ranita… Qué lindo…

¿Ésa es una escupida, Male? ¿Nooo? Qué será… ¿Huevitos? ¡¡¡¡Huevos de Rana!!!! Qué hermosos… ¡¡¡¡Adentro de cada burbuja hay un renacuajito creciendo!!!! La vida en miniatura. ¡¡¡Es hermoso!!!

Y pensar que hay gente que le tira veneno a la tierra…

Sojeros…

A casa. A volver al cemento… Adiós calle del silencio sin apuros, adiós auto multicolor que todavía circulás, adiós Ibarlucea, solitaria tierra santefesina…

Nos vemos pronto… si esta maravilla queda taaan cerca…

Para seguir un poco más…

Para quienes quieren renacer sin pavimento, no importa a qué edad, pero por fin despertar y abrir los ojos debajo de un árbol, oyendo un trino, molesto por una mosca…

«Nos tenemos que ir», de La Chicana.

Y a quien le haya gustado la letra de la canción… Que entre acá.

13
feb
10

Descubrir el río (nacimiento)

Dar un portazo, dejar todo atrás y salir a andar un camino nuevo. ¿Serán reales esas manifestaciones de felicidad?
Un día empezar a correr, correr, correr…
Correr…
Sin penar lo que uno deja atrás.
Correr… No escapar…
Correr para buscar; para dejarlo al pasado partir en paz y arrojarse con violencia a lo que vendrá.

Así fue cómo un día Leonardo descubrió el río.
Corrió…
Corrió…
Iba tan ciego y nervioso que al llegar al borde se hizo costero y cayó al agua.
Y ya saben qué pasa cuando uno descubre el río… que no es lo mismo que saberlo, porque la mayoría lo sabe sin jamás descubrirlo.

Leo descubrió el río y el río se adueñó de él.

Leo… quien descubrió el río… El Padre del Niño del Agua.

07
feb
10

Un cuento del AKU

El alumno

Muchas historias del río parecen encerradas en la nostalgia de un tiempo imaguaré, cuando los sapukais rompían el silencio del monte, o cuando el yacaré era el señor de los esteros. Aun así, y como es mi intención destacar, todavía se suceden maravillosas anécdotas que dejan entrever que el tiempo de la mística sigue marchando, que las letras chamameceras, las canciones y las leyendas litoraleñas, todavía tienen motivo de inspiración, si queremos que nuestra traza siga adelante.
Es cierto que las islas aún guardan misterios ocultos. Pero cada vez menos nos atormenta el llanto del crespín o las apariciones del carpincho blanco. Ocurre que las nuevas historias incluyen lozanas y renovadoras musas, muy distantes de aquellos mitos. Hoy, decenas de narraciones cantan al hombre perseguido que escapó de Coronda, a la venganza de las gatas peludas que avanzan río abajo, o al ecosonda que encuentra la silueta de un monstruo semienterrado en las profundidades del canal.
A pesar de todos estos cambios, la tradición litoraleña nos estimula a mantener vivas las letras de nuestros viejos poetas. Así, las «Monedas de Sol» de Chacho Müller brillan con el mismo esplendor de antaño, y la «Canción de Cuna Costera» de Linares Cardozo sigue durmiendo al gurí que sueña con ser pescador. Pero debemos saber que el nuevo hombre también ha llegado al delta, ha visto con sus ojos color cemento y, a golpes de aire puro, ha matizado también su río. Ahora distingue un curupí de un aliso, un remanso de una corredera(1), un moncholo de un patí, un dos hileras de un bandoneón. Las obras nuevas abren las puertas a quienes disfrutamos de la prosa y el canto, renacidas del puesto vacante que dejaran nuestros viejos poetas.

Esta vez, no sé si fue por voluntad o fuerza mayor, pero debí salir lejos y caminar hasta una laguna para buscar esa porción de misterio. Tuve que atravesar un albardón lleno de mosquitos y sauces, sortear los cardales secos, pasar por yuyeríos espinudos, enterrar las botas en el barro y, una vez sorteados esos obstáculos, por fin esperar. Ahí estaba yo… solo… con un telefonito celular en las manos y un paisaje gigantesco ante mis ojos —SIN SERVICIO—.
A lo lejos se veían enormes los puertos cerealeros y, detrás de ellos, un fuego que encendía con furia las nubes blancas del poniente —UNA RAYITA DE SEÑAL (pero está en modo analógico)—. Un poco más acá se acostaban los esteros interminables del paisaje islero.
Una garza mora apareció entre los pastos, dio varias vueltas por la zona y se perdió detrás de unas arboledas —DOS RAYITAS (sigue analógico: lo apago y lo vuelvo a prender para ver si pasa algo)—. Una pareja de zorzales de pecho colorado se arrimó a la escena, curiosos del ser humano que apretaba botoncitos, al tiempo que revisaba el fondo del agua, caminando con cautela y blandiendo su machete —HOLA, DULCE (el saludo inicial de mi teléfono)—.
—¿Serán taruchas o sabalitos? —Algo se movía entre los camalotes. El río, aunque mostraba unas leves subas por aquellos días, estaba pronto a bajar y estos charcos no tenían salida—. Si los agarro con el machete van a la fritanga; total… igualmente están condenados… que los coma yo o los caranchos… —Me lamenté de no tener una fija(2) en ese momento— DIGITAL, CON UNA RAYITA (capaz que tenga suerte).
Me di cuenta que eran sábalos, los de lomo negro, y no eran tan chiquitos.
—A ver si llego —pensé.

Caía la tarde y la mosquitada se hacía cada vez más insoportable —DIGITAL, CON DOS RAYITAS—. Cada vez estaba más cerca del animal.
—Ya te tengo. No te me escapés, por favor —estaba tan cerca—, que te aso ahora mismo. Te veo y me hace ruido la panza.
Aguanté los mosquitos, que ya tenía de a docenas en el rostro, elevé el brazo que empuñaba el arma y preparé el golpe certero. Elegí el lugar exacto donde iba a dar machetazo: entre la branquia y la aleta pectoral.
—Ahí voy —pensé, pero entonces ocurrió:
—TI TI TI TI TI TI (¿eh?) MENSAJE RECIBIDO.

El sábalo se ahuyentó con el ruido. ¡Se fue!
—¡Ay! Se escapó. ¡Qué odio! ¡Qué tremendo mi fastidio! —vociferé insultos en cantidad; por supuesto, dije groserías mucho más fieras, pero me da un poco de pudor repetirlas en este momento, que lo cuento en frío.
Después de aventar los mosquitos miré al aparato culpable de la fuga del pez.
—LEER (decía la pantalla, haciendo referencia el nuevo mensaje que había receptado) —mis sensaciones en aquel momento se parecían a una mezcla de bronca e intriga—. ¿Será de ella? —como por arte de magia, la totalidad de mis exasperaciones se volvieron sosiego y puras ansias.
El sol que se alejaba y la luna que asomaba al este, miraban, rojos de celo, cómo mis ganas de leer el mensaje tan esperado hacían temblar las puntas toscas de mis dedos callosos, buscando desesperados en el pequeño aparato las respuestas a los grandes sigilos de la juventud.

Nota de Facundo Santoro, censurada luego por Juan Olivera cuando la historia se publicó el la página oficial del la escuelita de canotaje: «supongo que, si el Señor me lo permite, años más tarde y al releer estas líneas, encuentre poco oportuno creer que Paolo utilizara de forma atinada la palabra juventud para identificar el momento donde el amor se presenta como un misterio por el cual nos enfermamos, hacemos humillantes manifestaciones públicas o, por el contrario, nos hacemos de la fortaleza para prescindir de casi cualquier cosa que no se parezca al placer de ocultarse en los ojos cálidos de la mujer amada. De lo contrario, si entiendo que juventud es la palabra acertada donde se encuadra el misterio del amor, entonces mi vida habrá dejado de tener sentido, igual que la de todos ustedes. Seguramente, si aún permanezco con vida: si aún no he cometido un suicidio, me hallaré llorando entre las sombras del muchacho que fui en este pasado… que fui en este presente que se me habrá vuelto tan lejano.»

Mis ojos se llenaron de regocijo al ver las letras oscuras en la pantallita verde:
—QUÉ CALOR EN ROSARIO. TE EXTRAÑO MUCHO. CONTAME QUÉ ESTÁS HACIENDO DE LINDO.

Volví al campamento. Habían hecho fuego y estaban, como dijo don Julio Migno, «vistiando de humo las mosquitadas». Lo abracé al profe Juan y le comenté que mañana íbamos a hacer fijas con troncos de aliso para ver si agarrábamos unos sábalos. Me miró desconfiado y retrucó:
—En esta escuela no matamos peces ni cortamos árboles.
Igualmente le agradecí. Los ayudantes del profe (que en realidad habían ido al raid a tomar vino y a jugar a las cartas) rieron al ver la escena. Esa noche los oí: recordaron con Juan cuando robaban armados en los espineles de los pescadores distraídos, y cuando, a golpes de machete, desmontaban alisales enteros para armar aleros contra el sol y benditos(3) para repararse de la lluvia.Segunda nota de Facundo Santoro: «Durante un asado en una guardería para kayacs, yo escuché a Paolo Cardozo relatándole esta historia a los integrantes viejos del Círculo Rosarino de Canotaje. Recibió aplausos y ovaciones.»

BIENAVENTURADOS LOS QUE ELIGEN AL CIELO COMO TECHO Y A LA TIERRA COMO NIDO.

Referencias.
1 Corredera: agua desplazándose de forma veloz por un cause angosto o en las proximidades de una barranca.
2 Fija: lanza que se utiliza para chuzear en las lagunas claras o en bancos de arena. En las márgenes del río Teuco o Bermejo, los wichis y los tobas la utilizan aun en las aguas oscuras, haciendo lanzazos ciegos desde la costa, pues la falta de acopiadores de pescados (cerdos empresarios: en Victoria, cerca nuestro, tenemos varios ejemplares de esta basura) permiten la abundancia ictícola.
3 Benditos: rancho muy precario. Por lo general, hecho a partir de un travesaño, desde donde se descuelga sólo un nailon a dos aguas.



Art. 41. de la Constitución Argentina.

Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales. Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales. Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos.
TAPA DEL LIBRO SANTIAGODELRIO Todos éstos están ahora atrapados en nuestro remanso costero:

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¡¡¡Seguimos adelante!!!

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Que nuestros humedales no sean transformados en una pampa ganadera.

Quema de pastizales

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Máxima del libertador

«Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: —Anda, pobre animal: el mundo es demasiado grande para nosotros dos.»

José de San Martín.

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SANTIAGO GUARÚ DEL RÍO

LLAMADO A LA DEFENSA DE LA VIDA Paremos la matanza de animales autóctonos en nuestros humedales. Cambiá tu arma de fuego por un cámara de fotos, y ayudá a tu río a que ellos sigan con vida. Sin armas de fuego: Vuelve el Ciervo de los Pantanos a llenar de belleza al río. El Yacaré nos ayuda a controlar la población de palometas. El Lobito de Río otra vez se acerca a nadar junto a nuestras embarcaciones. El Carpincho deja de ser un animal de hábitos nocturnos, recupera su población mermada y vuelve a visitar nuestros campamentos a la luz del día. Sin armas de fuego paramos el depósito contaminante de plomo en aguas quietas. Sin armas de fuego dejamos un ambiente rico en biodiversidad de fauna autóctona a nuestros hijos. ¿Qué río querés vos? ¿El de un paisaje depredado o el de un ambiente rico en fauna? Ayudá a tu río. Recuperarlo es posible. Paremos la matanza de animales autóctonos.

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    Guarú del Río
  • Ramsar Jaaukanigás (7/10) marzo 17, 2012
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    Guarú del Río

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Decálogo de la Naturaleza

1 No tendrás otros dioses delante de la Gran Madre Naturaleza. Amarás con todas tus fuerzas a la Creación que te ha dado vida.

2 No te harás imágenes artificiales de las cosas que están en la tierra, o debajo de las aguas o arriba en los cielos. Dejarás los árboles donde están los árboles, las aves donde están las aves y las nieves donde están las nieves. No levantarás un bosque donde hay desierto o harás un desierto del lugar donde está el bosque.

3 No tomarás el nombre de la Gran Madre en vano. No repetirás frases como «Todo bicho que camina va a parar al asador» o como «Todo árbol es madera pero pino no es caoba».

4 Acuérdate de tus tiempos libres, para visitar los espacios naturales de la Gran Madre. Seis días trabajarás, pero uno tendrás para acariciar la creación que cada día te da el pan y el oxígeno para que tú y los tuyos puedan vivir.

5 Honrarás a la Gran Madre, para que tus días y los de tus hijos se alarguen en la tierra que te es nido. 6 No matarás a ningún animal salvaje, sino es para alimentarte cuando no tengas otra posibilidad o cuando el que lo haya matado gane, por esa vida muerta, el pan para sus hijos.

7 No cortarás el árbol ni mandarás a cortarlo, si primero no has plantado sus semillas en un lugar seguro, poniendo tu vida como precio por la descendencia de ese ser longevo de esta tierra. No tendrás mueble de madera lenta ni papel que no uses de las dos carillas.

8 No le robarás su pan a las personas que sobreviven por las criaturas de la Gran Madre: ni al pescador, ni al horticultor, ni al cazador, ni al tambero le robarás la dignidad de vivir como vive.

9 No mentirás diciendo que eres lo que no, y serás consecuente si vas a estar de este lado de la lucha.

10 No desearás el árbol, el pastizal, el agua, los animales, las nieves, el oro, los bosques ni el suelo del que ha ocupado la tierra antes que ti y que la ha mantenido sustentable por cientos de años.

http://rioparana.wordpress.com/

Cuando era chico me gustaba cazar a mí también, hasta que traté que una perdiz levantara vuelo para tirarle y, como no subía a pesar de mis pisotones al suelo, al acercarme me di cuenta que tenía cría abajo ... nunca más le tiré con algo a un ser vivo.»

Capitán Martín Burbuja.


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