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20
ago
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Amazonía Boliviana

arara de mara12

Diario de viaje por la amazonía boliviana.

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14
may
10

Agua en la Cabeza (parte 2/10)

Leer el capítulo primero.

Dejamos la localidad de San Clemente y seguimos camino por el Valle de Calamuchita. Acercándonos cada vez más a los parajes más remotos y puros de la cuenca del Alto Carcarañá.

Un rey chimango nos bendijo en la partida, pero nos advirtió de los malos tiempos que traen las lluvias y las crecidas. Trito Timai entendió la lengua de las aves y nos lo comunicó en nuestra limitada forma de significar el mundo.

Las sierras son elevaciones muy antiguas del terreno. La erosión las ha gastado tanto, que el paisaje pareciera una constante de lomadas dispersas. Si bien las trepadas no son tan duras, es realmente cansador pedalear por ellas porque se suceden unas a otras todo el tiempo. Gente del Río andando por la piedra… Ay ay ay…

¿Lancheros en las sierras? ¿Qué querrá decir este cartelito?

Pedaleamos por muchas horas y nos detuvimos a descanar. Estábamos muy cansados y no hallábamos el rumbo hacia el Gigante con Agua en la Cabeza.

Renata Trotsky Timai se echó a dormir debajo de un arbolito cuando…

…despertó alertada por una picazón y observó su cuerpo. Algo andaba mal.

La desesperación fue instantánea.

Renata había sido flechada por un molle, según la leyenda de los antiguos (*).

Pasado el ardor seguimos camino hacia las Sierras Grandes.

Lentamente nos acercábamos a nuestro destino, al nacimiento del Carancho Diablo.

Trito Timai cambiaba el color de su madera, y eso daba señal de que el Paraná estaba cerca. Una piedra gastada nos llevó hasta el sendero bueno.

Un músico que había perdido su bandada nos preguntó si habíamos visto a sus primos; por supuesto: le indicamos que más abajo habíamos visto a su familia ictérida.

El pequeño tordo nos indicó dónde podíamos conseguir agua y se alejó por el pastizal serrano.

Agua de vida, pero aún con sabor a Ansenuza. No damos con nuestra cuenca, pero sabemos que corre cerca.

Pasados los pircales alcanzamos una zona de pampas muy altas.

Un naranjero nos advirtió que el tiempo desmejoraba y que halláramos pronto reparo. Lo oímos y buscamos lo más alto de las planicies.

El último rayo solar, antes que la nube tapara todo, nos permitió echar una última mirada al observatorio. Desde allá, y aún más, venimos.

Y entonces la lluvia. Y luego la noche.

(*) Flechada debajo de un molle. Eso es por un antiguo derramamiento de sangre india a manos de un español de la conquista. Rodrigo de Soria conoció a la bella indiecita Mishki, que estaba enamorada de Alimi, el hijo de un cacique Comechingón. Rodrigo intentó seducirla, pero ella lo negó. El español, humillado, optó por raptarla. Cuando Alimi intentó rescatarla, una noche, fue descubierto por Rodrigo, quien decidió, impotente por no obtener nada del amor de la doncella, sacrificarla con un sablazo en el corazón antes que saberla feliz al lado de un jefe indio. Fue debajo de un molle que se realizó la matanza. Desde ese día el molle está ofendido, atacando con urticarias y crisis asmáticas a quienes busquan amparo bajo sus sombras.

Continúa…

27
abr
10

Pasado del Sur

El sur santafesino es la tierra donde a muchos nos ha tocado nacer, crecer y aún hoy seguir viviendo. Salvo por la majestuosidad del río que lo limita al este, el sur santafesino es un paisaje triste, chato, enfermo de cultivos tóxicos y de horizontes largos que han perdido sus florestas. 

El sur santafesino es un paisaje sin música, sin folclore, un fantasma lúgubre que sólo se sustenta en la enorme cantidad de dinero que produce. Pero sin vida… Triste… Una cuadriculada mancha de soledad que, como una enfermedad argentina, rápidamente se expande hacia los vientos. 

Este paisaje triste y sin música avanza constante y metastático sobre la cuña boscosa del norte, sobre las onduladas tierras entrerrianas, sobre los valles cordobeses, sobre la infinitud ganadera bonaerense, avanza, siempre avanza sin detenerse. 

El sur santafesino alguna vez alternó pastizales y espinales; aguadas, lomadas leves y lagunas, diversidad toda y pura en un maravilloso marco donde el antiguo poblador se nutrió por centurias.

Pero se ha modificado… ahora es de viento que arde de tierra en los ojos, y de caminos silenciosos que aún guardan las huellas de agónico éxodo del puma y del cardenal. El sur santafesino es un triste paisaje productivo donde la biodiversidad se ha marchado.

 

 

 

Pero existe un lugar enclavado justo en el centro de nuestro sur…

Un pequeño reservorio olvidado por los nunca satisfechos productores santafesinos, donde el tala y el chañar siguen siendo los soberanos del espinal, un pequeño portal hacia el pasado, un espacio donde podemos imaginar cómo ha sido nuestra tierra antes de los tiempos del afán de lucro.

Un lugar así: 

 

Chingolo.

Calandria Grande.

Niño Carancho. 

 

Jóvenes en formación. 

Naranja Silvestre. 

 

 

 

Galería.

 

 

Orquídea terrestre.

Detalles del Tala. 

 

Bicho Canasto. 

 

 

Chañar. Recuerde los maravillosos detalles de la corteza.  

 

 

Carpintero Blanco.

 

 

 

 

Fruto maduro y flores de la trepadora Tasi. 

 

 

 

 

Cina Cina. 

Monjita coronada. 

 

Troncos de Chañar y Tala. 

 

 

 

 

 

Hembra Cortarramas. 

Macho Cortarramas. 

 

 

 

 

Juvenil de Torcaza. 

 

Copa de Corona de Cristo. 

 

Tronco de la Corona de Cristo.

Tallos volubles (que se enroscan dando vueltas) de una trepadora. 

 

Crestudos. 

 

 

 

 

 

Espinero Chico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COA Federal Rosario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 El regreso a la desolada tristeza del sur santafesino.

 

 

Finalizo esta publicación con un texto de Pablo Aliado:

Qué importa que trasformemos nuestros ecosistemas en un gran desierto, hoy este yuyito sigue creciendo y en algún momento la tierra se cansará.
Somos un país tercermundista y subdesarrollado, qué importan los recursos naturales, qué importa que los Tobas, Wichís, en el norte, entre otros y los chicos de nuestra periferia mueran de desnutrición si todos los años batimos un nuevo record en exportaciones de alimentos, y dragaremos mas el Paraná para poder sacar los barcos mas cargados, que importa la erosión de las costas y si el Rio escurre mas rápido o lo contaminemos…
Qué importa que los chicos que están en las esquinas no estudien, si podemos darles fútbol gratis.
Por suerte todavía quedan algunos oasis como el de las fotos, como algunas esperanzas de cambiar el rumbo de este camino al precipicio.

 

12
abr
10

Apología

Por más que éste no sea un espacio para difundir actividades como el remo o el canotaje, no ocultamos en lo más mínimo esas pequeñas embarcaciones plásticas que nos permiten llegar ahí donde no todos pueden, pero que quedan muy cerca.

Frente a nuestra ciudad, a minutos de remo, hay ambientes naturales, albardones que forman pequeñas selvas, lagunas que nada tienen que envidiarle al Iberá, cementerios indígenas, animales salvajes que son prácticamente desconocidos para la ciencia, hay cientos de plantas medicinales que si las aprendiéramos a manipular ya no tendríamos que acudir a una farmacia, hay árboles tan longevos que han visto nacer a nuestra Rosario, hay silencios, hay calma, hay vida que nos aborda por todos lados.

Un día un amigo me dijo: el kayak lo que te da es la libertad de llegar donde quieras… donde sea… y por más obvio que parezca hay una gran verdad en estas sabias palabras de Juancho: la Libertad. Recorrer el Alto Delta del Paraná en un kayak es una clara imagen de lo que la libertad representa. Andar, subir, bajar, cortar, entrar, salir, levantar, arrimar, derivar… cualquier infinitivo que se relacione con moverse en libertad le encaja perfectamente a un kayak: nuestro vehículo de plástico.

Por eso esta publicación es apenas una imagen de la libertad, de la libertad de andar cauces, de subir correntadas, de bajarlas, de cortar tapias, de entrar y salir de riachos, de levantar para pasar el albardón, de arrimar a la costa, de ir a la deriva como un camalote.

El kayak es nuestro vehículo: en tan lindo para tener, tan fácil de manejar, tan suave para pasear, tan económico de mantener…

Viva el Río… Viva la Libertad. ¡¡¡Vivan los kayakeros!!!

Un día abrí los ojos
Y al nacer vi que yo era el río.

Crecí, corrí y fui feliz;
Me alimenté de agua ‘e lluvia
Y en larga cañada forjé un cuerpo.

Fui feliz en los remansos y
Alegré al ver un aguapé
Enredado en el remolino turbio
De mis venas.

Y fui canción de corredera
Trinando, con las aves,
Al compás del reflejo ‘e resolana
Que interrumpe con la espuma.

Fui hervidero en lagunales,
Tuve frío y gusto amargo en el estuario,
Transparente en arenales
Y manta ‘e barro en los zanjones.

En una nostalgia de orgullo
Di llorando mi fruto amado
Al hombre manso
Que le dio la historia al albardón.

Espejo de cielo grande
Aún me plazco en mirar mis costas;
Sólo raíz, barro y cangrejal…
Sólo arena, raya y arenal…
Sólo palo caza-tapias y el biguá.

Un día abrí los ojos y al nacer vi que yo era el río.

¡¡¡Si querés conocer a algunos de ésos que nos animamos a la Libertad, entrá en este enlace!!! Acá estamos parte de la familia kayakera argentina.

Y falta algo: una canción que habla de nuestra libertad, en este video que sigue. La canción se llama «La Jaula».

Y por si alguno se quedó con ganas de oír las voces de donde andamos en nuestros ratos libres, invertí unos minutos en ver esto.

¡¡¡Qué lindo que es vivir!!! Pensar que hay gente que se pasa más tiempo haciendo algo que odia, con gente que no ama, en lugar de ser libre y estar con su familia o disfrutando de la naturaleza.

Aprovechando que empieza la estación fría y con ella la época más linda para remar, te imaginás anotándote en una de las tantas escuelitas de canotaje que enseñan cómo ser «feliz» y «libre» saliendo un ratito a mirar a tu ciudad desde la banda. ¿Demasiada utopía, no?

Es demasiado barato y lindo para ser real…

¡¡¡Viva la vida y vivan los locos que transforman las utopías en realidad!!!

 

14
ene
10

Arara de mara 19-01-2008 -Última parte-

DIARIO DE SANTIAGO DEL RÍO. 19 DE ENERO DE 2008. ADIÓS A ARARA.

Anotaciones en las últimas páginas del cuadernito.

Estamos muy cerca y el ánimo no es de jolgorio como hubiéramos imaginado. Quisiéramos pasar Riberalta de largo… No tocarla, no verla, seguir río abajo: caer por la cachuela Esperanza, continuar nuestra deriva por el Madeiras para dar con el Solimoe y no detenernos camino al mar; pinchar la Pororoca y al fin perdernos en el estuario. Arara puede lograrlo, pero a la vuelta de la esquina nos espera Riberalta. Hace apenas unos días atrás no veía la hora de llegar a nuestra Meca, pero hoy tan cerca quisiera alejarla miles de kilómetros.

Nos consolamos pensando que será un paraíso como Rurrenabaque. Riberalta tendría un muelle largo que entraría más de cien metros adentro del río, por aguas tranquilas y playas, donde asomarían palmeras y árboles gigantes por los costados, encerrando el muelle en una galería verde. Entre pescadores y juntadores de castaña, la inmaculada Catu estaría esperando nuestra llegada, aunque estemos una semana antes de lo que habíamos calculado. En el muelle me estaría esperando una Catu plastilina… moldeable a todos mis deseos y ansias, porque no me he dado lugar a ver quién era ella y la he inventado a partir de mis desvelos. Siempre me ocurre con esas mujeres a quienes no puedo tocar. Me ha pasado con Catu, con la piragüera, con tantas otras. Mujeres plásticas que se estiran, que se doblan, que se hacen firmes y compactas… Una Catu de plastilina estaría esperando en el larguísimo muelle de Riberalta. Tendía un pañuelo atado al cuello, un machete en la cintura, plumas de caburé en los bolsillos de su camisa de trabajo y, en el cuaderno de viajes que guarda en su mochila, una autorización para entrar a las zonas intangibles del Noel Kempff Mercado. Hoy llegaremos a la bella Riberalta, ciudad rodeada de selva virgen, donde los monos te roban la comida y los yaguaretés son adoptados por los niños como mascotas. Hoy me encontraré con Catu y empezaremos nuestros grandes viajes juntos por Latinoamérica, como lo habíamos pactado. Pronto tomaremos Wisky en la cumbre del Illimani, seremos rehenes de Sendero Luminoso, recuperaremos los restos de la Rosinha en el Araguaia, domesticaremos un urutaú y un yasí yateré en Misiones, tendremos por amigo a un yapú yungueño, izaremos una bandera de Central en la cima del Chaltén, cruzaremos a lomo de llama el Atacama… Pronto el mundo sería nuestro. Seríamos jóvenes por siempre. En pocas horas llegaríamos a Riberalta… El residencial Navarro tendría las hamacas y las frescas ensaladas de fruta esperando nuestro descanso.

El sol estaba fuerte. Para soportarlo varias veces tuvimos que tirarnos al agua.

Golpeamos muchos troncos en las curvas. Los remansos y las correderas eran más grandes que las que habíamos visto hasta entonces. Tuvimos mucho cuidado en cada maniobra.

En una recta vimos un enorme árbol derivando. Quisimos ser como los rayadores y viajar sobre él. Leonardo Ferreyra y Paolo Cardozo subieron a la rama que asomaba e Iván Machado y yo quedamos al mando de Arara.

El río había subido mucho y arrastraba muchísima madera. Entre lo objetos que flotaban encontramos una balsa chamita, hecha a partir de palos de madera liviana y sujetada por clavos hechos con la durísimo palo de la palmera chonta. Paolo Cardozo jugó un buen rato sobre la balsa perdida por los esse ejas.

Vimos un caimán bebé tirándose al agua en una corredera.

En cada uno de las laderas de las barrancas altas vemos mucha modificación humana: huertos, desmonte, ganado, antenas, viviendas, vehículos. El viaje va acabando.

Llegamos a la confluencia del Beni con el Madre de Dios que llega desde la amazonía peruana. Río arriba por este gran cause se llega a la reserva de Manu, al Tambopata, al Candamo: los sitios con mayor biodiversidad del planeta.

Y entonces la vimos, ahí estaba: Riberalta se presentaba ante Arara. Riberalta: una típica ciudad portuaria. Sin el muelle largo, sin la selva, sin Catu…

Encontramos una ensenada de aguas contaminada y ahí estacionamos a Arara. Ahí quedó abandonada nuestra vieja y fea canoa. ¿Por qué será que nos sujetamos tan tontamente a las cosas materiales? No hablábamos, no reíamos, no nos abrazábamos. Una llegada silenciosa. Llegar no fue gratificante como habíamos soñado.

Agua sucia, tierra colorada, ruido de cientos de motos, surtidores que venden gasolina en botellas de gaseosa, gente por todos lados. Riberalta no era Rurre. Riberalta no tenía la selva. Riberalta y Catu no se conocieron.

Escuchamos música de Agrupación Marilin en cada negocio de venta de alimentos. Hay una gran contaminación acústica de los bares karaokes a toda hora. Pasamos por un negocio de venta de discos musicales: Zambas Argentinas era uno de los más promocionados.

Llegamos al residencial Navarro. El olor más feo que el del agua de la ensenada donde dejamos a la pobre Arara. Una rubia malhumorada me pide los datos para hacer el registro. Se los doy y leo lo que escribió: Santiago del Río, 38 años, artesano. 38 porque sacó mal la cuenta pero, ¿por qué artesano? Le pregunté. ¿No vienen de Argentina? Sí, le respondí. ¿Entonces no son artesanos? Los ingleses piratas, los yanquis consumidores de cola y hamburguesa, nos colombianos narcos, los mexicanos borrachos, los tanos gritones, los franceses sucios, los españoles brutos, los portugueses ladrones, los holandeses ingenieros, los alemanes racistas, los israelitas avaros, los peruanos médicos, los chilenos mineros, los uruguayos fiesteros, los bolivianos mulitas, los brasileros pescadores, los argentinos artesanos. Sí, somos artesanos. Acertaste, rubia. Las rubias: taradas.

Hemos perdido la flota que sale de Riberalta y llega a Trinidad, la que tarda entre uno y quince días en llegar a destino, según las lluvias. Uno y quince días… pequeño margen de error. Hemos perdido la avioneta. Viajaremos por Brasil, dándole la vuelta al Paraguay y entrando por Misiones. Tardaremos un poco más de una semana para llegar a Rosario. Termina éste pero empieza otro.

Allá vamos. Sigue el viaje. Muere éste, nace otro.

Arara o Arará quedó abandonada en una ensenada de aguas contaminadas. El último viaje de nuestra hermosa Arara de Mara ha sido hermoso, pero ha acabado en el lugar más horrible del Beni. Pobre canoa. Si Ze Oroco nos viera abandonándola así… Cosas materiales, cosas que pasan… Arara está viva. Su Mara seguirá viajando. Fue árbol gigante en la selva, miles de aves han nidificado en sus ramas en los cientos de años previos a ser encontrada por el obrajero. Después fue canoa y viajó. Los árboles nacieron para echar raíces, pero la Mara de Arara pudo ser canoa y ver horizontes. Hoy ha hecho el último viaje de su vida. Tal vez debimos haberla quemado. Arara ha cerrado los ojos por última vez, y ahora es sólo un pedazo de madera muerta que flora en aguas del hermoso Beni boliviano.

Adiós Arará, adiós hermosa Bolivia.

FIN

Nota final:

Página de perfiles:
Pasé al cyber para ver dónde estaba:
Catu; Medellín, Colombia. En relación con Darío.



Art. 41. de la Constitución Argentina.

Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales. Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales. Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos.
TAPA DEL LIBRO SANTIAGODELRIO Todos éstos están ahora atrapados en nuestro remanso costero:

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¡¡¡Seguimos adelante!!!

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Que nuestros humedales no sean transformados en una pampa ganadera.

Quema de pastizales

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Máxima del libertador

«Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: —Anda, pobre animal: el mundo es demasiado grande para nosotros dos.»

José de San Martín.

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SANTIAGO GUARÚ DEL RÍO

LLAMADO A LA DEFENSA DE LA VIDA Paremos la matanza de animales autóctonos en nuestros humedales. Cambiá tu arma de fuego por un cámara de fotos, y ayudá a tu río a que ellos sigan con vida. Sin armas de fuego: Vuelve el Ciervo de los Pantanos a llenar de belleza al río. El Yacaré nos ayuda a controlar la población de palometas. El Lobito de Río otra vez se acerca a nadar junto a nuestras embarcaciones. El Carpincho deja de ser un animal de hábitos nocturnos, recupera su población mermada y vuelve a visitar nuestros campamentos a la luz del día. Sin armas de fuego paramos el depósito contaminante de plomo en aguas quietas. Sin armas de fuego dejamos un ambiente rico en biodiversidad de fauna autóctona a nuestros hijos. ¿Qué río querés vos? ¿El de un paisaje depredado o el de un ambiente rico en fauna? Ayudá a tu río. Recuperarlo es posible. Paremos la matanza de animales autóctonos.

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nuestrorioparana@argentina.com

Decálogo de la Naturaleza

1 No tendrás otros dioses delante de la Gran Madre Naturaleza. Amarás con todas tus fuerzas a la Creación que te ha dado vida.

2 No te harás imágenes artificiales de las cosas que están en la tierra, o debajo de las aguas o arriba en los cielos. Dejarás los árboles donde están los árboles, las aves donde están las aves y las nieves donde están las nieves. No levantarás un bosque donde hay desierto o harás un desierto del lugar donde está el bosque.

3 No tomarás el nombre de la Gran Madre en vano. No repetirás frases como «Todo bicho que camina va a parar al asador» o como «Todo árbol es madera pero pino no es caoba».

4 Acuérdate de tus tiempos libres, para visitar los espacios naturales de la Gran Madre. Seis días trabajarás, pero uno tendrás para acariciar la creación que cada día te da el pan y el oxígeno para que tú y los tuyos puedan vivir.

5 Honrarás a la Gran Madre, para que tus días y los de tus hijos se alarguen en la tierra que te es nido. 6 No matarás a ningún animal salvaje, sino es para alimentarte cuando no tengas otra posibilidad o cuando el que lo haya matado gane, por esa vida muerta, el pan para sus hijos.

7 No cortarás el árbol ni mandarás a cortarlo, si primero no has plantado sus semillas en un lugar seguro, poniendo tu vida como precio por la descendencia de ese ser longevo de esta tierra. No tendrás mueble de madera lenta ni papel que no uses de las dos carillas.

8 No le robarás su pan a las personas que sobreviven por las criaturas de la Gran Madre: ni al pescador, ni al horticultor, ni al cazador, ni al tambero le robarás la dignidad de vivir como vive.

9 No mentirás diciendo que eres lo que no, y serás consecuente si vas a estar de este lado de la lucha.

10 No desearás el árbol, el pastizal, el agua, los animales, las nieves, el oro, los bosques ni el suelo del que ha ocupado la tierra antes que ti y que la ha mantenido sustentable por cientos de años.

http://rioparana.wordpress.com/

Cuando era chico me gustaba cazar a mí también, hasta que traté que una perdiz levantara vuelo para tirarle y, como no subía a pesar de mis pisotones al suelo, al acercarme me di cuenta que tenía cría abajo ... nunca más le tiré con algo a un ser vivo.»

Capitán Martín Burbuja.


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