Textos de David Linaro.
El Canohero y el Yatebesé.


CANOHERO
El Canohero es conocido en nuestra geografía como el superhéroe de los isleros. Suele aparecer, parado en la penumbra, sobre el taco de su canoa fucsia, piloteando su viejo Tritón de 5 hp.
Muchos de los paisanos que fueron beneficiados por sus acciones aseguran que es un viejo flaco como un aliso, que luce un rotoso sombrero de paja y que es más fácil entenderlo por los exaltados movimientos de sus manos, que por sus palabras, entremezcladas de un dialecto propio, especie de rosarigasino aguaranaizado.
Siempre acompañado de su fiel amigo Can Didato, saluda a los turistas con el clásico «saludo raya».
Canohero es el hazmerreír de los supervillanos Comadreja Cínica y Jack Aré ya que casi nunca llega a tiempo para detener sus fechorías. Protegidos por la oscuridad de la noche, ni se calientan por evitar al superhéroe, ya que el estruendoso ruido de las explosiones de su motor, se oye a dos leguas de distancia.




Otras veces se le empasta la bujía y pasa horas enteras tirando piolazos y nada…
Dicen que Canohero supo vivir de joven en la ciudad y se internó en la soledad de las islas indignado por la falta de reconocimiento a sus acciones. Injusto destino el suyo, a pesar de haberse presentado a todos los casting, por su irrefrenable vocación mediática.
Canohero es realmente un buen tipo, existen relatos que aseguran que acompaña a los borrachos hasta que se acuestan en su rancho, e incluso contesta en las noches imitando su voz, llegando en ocasiones a acostarse con sus esposas para zafar de la responsabilidad al mamado.
Devuelve las mascotas perdidas a sus dueños y hasta zurce profilácticos en épocas de malaria.
Pero el mayor reconocimiento lo alcanzó entre los paisanos de los pagos del Fogonazo, regalando sardinas con dulce de leche a los enamorados, el día de San Valentín.



YATEBESÉ
Mítico ladrón de besos del litoral, hace sus fugaces apariciones en los parajes isleños cercanos a las grandes ciudades. Dicen que nunca se aleja isla adentro, pues teme no poder llegar a los boliches el fin de semana.
Algunas veteranas del río, creen haberlo reconocido en Madame, con una chaquetilla desflecada tipo apache, pero él, huidizo, desapareció raudamente entre la multitud. Tiene el aspecto de un indio, de larga cabellera rubia con rastas, de ésas de las buenas, que parecen como embarradas.
Por las noches suele frecuentar los campamentos, casi siempre, se acerca sigiloso para reconocer voces de mujer.
Una vez detectada su víctima, aguarda oculto en la madrugada para sorprenderla con su «chupón fatal».
Si bien hay muchos relatos de sus andanzas, no se conocen casos en que haya matado a sus víctimas. Si le cabe la onda, a veces se zarpa… y las posee sexualmente. Hasta se ha recogido el testimonio de una joven kayakista que, asfixiada por su beso, tuvo que ser socorrida con respiración boca a boca por diez guardavidas durante cinco horas.





En la zona de islas muchos le atribuyen la paternidad de algunos paisanitos rubios de dudoso ADN.
Uno de sus chascarrillos preferidos es robar la ropa de las parejitas que hacen el amor en los yuyales; algunos, incluso, pudieron identificar muchas de esas prendas en la feria El Roperito frente la Estación de trenes Rosario Norte… Vaya a saber… Ésa es otra historia…
También se llegó a comentar que tiene amistad con Canohero, que muchas veces le libera la zona “de onda” si le tira algún güeso.
Pero lo que hace realmente temido al Yatebesé es la maldición de sus besos. Muchas de sus víctimas no han podido volver a besar a otros hombres y, según dicen: ahí andan, errabundas, «calen tan dojapi»(1) por los tugurios de la gran ciudad.








(1) Aclaración del editor, “calen tan dojapi” es una intraducible voz nativa de la lengua shuar que significa algo así como “persona que hace recordar a una brasa encendida que se mantiene echando humo pero no ardiendo”. Pienso que David Linaro, el recopilador de esta leyenda, se ha referido en este punto a alguna quedada nocturna en tiempos estivales: ocasiones donde no se aguantan los mosquitos y se utiliza un humero. Este artefacto repelente consiste en una lata de dulce de batata donde se echan algunas brasas y se las cubre con hojarasca seca de sauce sin permitir que arda, sino ahogando la circulación de aire del braserío, lo que genera una humareda efectiva contra el ataque de estos animales chupasangre.
Los que se animan a levantar su voz