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14
sep
09

La entrada

Otros casos documentados.

«En la provincia de Neuquén, en el paraje de Piedra Trompul, donde se encuentra la comunidad mapuche Cayún, hay una enorme piedra que se levanta a más de cien metros por encima del bosque. Sobre ella puede verse, en un panorama inmejorable, el lago Lacar. Una delgada huella permite el ascenso hasta la cima pero, a pocos metros de comenzar el faldeo que conduce hacia arriba, entre dos robles pellines, existe una cueva que conduce a un espacio paralelo en el tiempo. No es fácil encontrarla pues está oculta tras unos matorrales de cañas colihues. Otro obstáculo que presenta esta entrada es la presencia de una guardiana: una mujer mapuche que es conocida por los pobladores del paraje como la Dama Nayén. Ella regula su acceso, y sólo las personas de corazón humilde pueden entrar allí. Se cree que aún nadie ha podido. Lo escépticos dicen que es sólo una leyenda para atraer turistas, pero unos pocos sabemos de su existencia.
De nada sirve buscar la entrada salamanquera.

Río Paraná Santiago del Río (1)

Río Paraná Santiago del Río (1)

Recuerdo una noche de enero en que acampábamos en la cima del lugar. La luna llena nos permitió ver la silueta de un jote que dejaba su forma alada y se volvía en una mujer de largos cabellos. Tuvimos mucho miedo. Ella sabía de nuestra presencia pero no se detuvo a observarnos. Caminó picada abajo y se perdió detrás de unos cipreses. Esa noche no dormimos. Apagamos el fuego minutos después de ver a la guardiana y entramos en la carpa.
Dicen los hombres originarios que Nayén es sobrina de Noé; que detrás del cañaveral, en el interior de la cueva, se esconde la pintura del mundo como fuera tras el diluvio. Al entrar en el socavón, según cuentan, se caminan unos pocos pasos y puede distinguirse una luz en el fondo. Como si entráramos en la simetría central de un punto ordenador del universo, rápidamente volvemos a ver que esa luminiscencia nos devuelve otra vez al paraje de Piedra Trompul, incluso después de haber caminado solamente hacia adelante. Pero éste no es el mismo paisaje. Allí, el constructor del arca se permitió no multiplicar su descendencia en abundancia. Ésa es la tierra como Dios la dirimiera de los seres humanos tras la Inundación. Allí, la naturaleza hizo en tres mil años su obra sin el entorpecimiento de las personas.
Cuando viajé al litoral, en una jornada en que exploramos unos misteriosos cerros que se levantan por sobre el paisaje isleño del río Paraná, les he oído decir a un grupo de huaqueros , que las etnias guaraníes aseguran que ya se han encontrado, en el territorio sudamericano, varios puntos ordenadores del universo.
Esos puntos, según me argumentaron, son un back up que utiliza la demiurgia para restaurar a la Creación de los errores y los excesos.»

Romina Doblado, San Martín de los Andes, junio de 2005.

Río Paraná Santiago del Río (1)

Río Paraná Santiago del Río (1)

Río Paraná Santiago del Río (1)

Parte I

El río se desbordó; pasaba los terraplenes y se metía velozmente en las lagunas que, para finales del verano de 2007, se habían llenado con tanta agua, que sólo se diferenciaban de los cauces principales por las hileras de árboles que emergían desde la superficie.

Leonardo Ferreyra, el bioquímico de Barrio Refinería, sabía que no iba a poder llegar muy lejos. Parar a armar campamento, imposible. Los pocos lugares que aún se mantenían secos atestaban de mosquitos. Sabía que ese mismo día debería volver a Rosario, pero aún así se alejó lo bastante como para que al regreso lo agarrara la noche en mitad de la vuelta. Pasó el brazo de los Meones, y entró en una lengua de agua ensenada hacia el interior de la isla. De allí se distingue, mirando hacia el territorio santafesino, el Campo de la Gloria, en la ciudad de San Lorenzo. Por primera vez iba a lograr cruzar la tapia que siempre le había marcado ese límite. Esta vez no había camalotes impenetrables: el agua se había llevado todo. Pasó unos alisos viejos y ya vio la claridad de una laguna detrás del sumergido albardón. Sólo se interpusieron unos repollitos y una planta de irupé, que apenas podía sostenerse, pues las raíces ya se habían soltado del lecho. A los pocos minutos ya había alcanzado el espejo de agua. Anduvo hacia el este, hacia el interior de la isla y encontró, así, un pequeño cerrito cuya cima mantenía firme un timbó colorado y un laurel . Halló leña seca y, con mucho humo, pudo espantar a la mayoría de los mosquitos.

—Bichos insoportables —se quejó—; qué pesados que se ponen.

Una vez amedrentados los bichos, y con el agua caliente en la pavita, se echó en el pasto a contemplar la crecida. El río se adentró para todos los confines de la comarca islera. No se veía lugar sin río. Abarcaba todo el ancho de la vista, hasta donde los árboles no dejaban ver más allá. Todo era crecida. Todo era río. Allá lejos se veían unas vacas que comían camalotes, sumergidas hasta el cogote. Más acá, el agua se hervía de sábalos y taruchas.

—Este año tuvieron suerte— pensaba Ferreyra. Aquella vez, el cobarde del gobernador levantó la veda de la pesca por miedo a los piquetes de los pescadores y, cuando los peces estaban condenados a muerte, el río les trajo este respiro, pudiendo irse para donde quisieran, siempre lejos de las redes.

Ferreyra quedó dormido sobre el aislante.

Se despertó al oír el ruido de unos pasos que quebraban madera seca a pocos metros de distancia.

Abrió los ojos y distinguió el rostro y la cabellera de una chica que se agachaba justo en el momento en que él levantaba la vista. Se incorporó de un salto, y ya no pudo ver nada. Tuvo miedo: acababa de ver a una persona a su lado y, un segundo más tarde, ésta había desaparecido. Si bien él era un escéptico para los mitos y creencias, supo que aquella figura de ojos sombríos tenía algo de real: que no era una simple fabricación de sus sueños.

—¿Estaré sugestionado? —intentó calmar sus nervios mientras amontonaba, de forma rápida y desprolija, los bártulos dentro de los estancos del kayac—. Pero… ¿Y si fuera real?

Río Paraná Santiago del Río (1)

Río Paraná Santiago del Río (1)

Río Paraná Santiago del Río (1)

Río Paraná Santiago del Río (1)

Regresó a la ciudad cuando el lucero terminaba de esconderse atrás del horizonte.

—¿Qué le pasa al farmacéutico que se lo ve tan callado? —le preguntó Ernesto Barbosa (el sereno), que había abierto la puerta de la guardería náutica para que ingresara con el bote.

—Nada.

—Estás nervioso. ¿Querés que te haga un té? ¿Te pasó algo raro allá adentro? —insistió Barbosa.

—Tuve un sueño muy real. Vi una india que se escondía atrás de unas salvias —explicó Ferreyra.

—Mirá que allá enfrente está lleno de almas. Y con esta creciente hay que tener cuidado. Uno debe saber que comparte los pocos lugares secos con todo el bicherío: víboras, iguanas, mosquitos, fantasmas, vacas. Todos buscan lo seco

—¿Los fantasmas también? —dudó Ferreyra.

—Claro, pibe. ¿Dónde se van a poner, sino?

—¿No son espíritus? Los espíritus vuelan —cuestionó el kayaquero.

—Son almas, no espíritus. Los espíritus son con Dios, las almas purgan. Además, ¿vos viste alguna vez un alma volando?

—Nunca vi un alma.

—Vamos… —desconfió el sereno—. ¿Me vas a decir que nunca viste una?

—Te lo estoy diciendo.

—Qué raros que son estos pibes de ahora. Muchos documentales, ustedes.

Esa noche Ferreyra durmió tranquilo en la casa de su amigo Facundo Santoro. Pero poco dijo sobre el suceso de la aparición. Al otro día pidió a otro de sus camaradas, Pablo Medina, que dibujara a la india de ojos sombríos, según él la describiera. Enmarcó el dibujo en un bastidor de madera y lo colgó en el laboratorio de la facultad, donde él daba clases.

Río Paraná Santiago del Río (1)

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Río Paraná Santiago del Río (1)

Parte II

Campamento de otoño con la escuelita de canotaje de Juan Olivera —mayo de 2007—. El río había disminuido su caudal en parte significativa. Ferreyra, el bioquímico, estaba allí, apartado del grupo de los adolescentes, tomando whisky con Hernán Dacharry, un amigo que hacía pocos meses regresaba de Escocia.

—Esto es el Pichi Traful de los anglosajones: el uisce beatha, como lo llaman ellos —habló Hernán Dacharry.

Paolo Cardozo, uno de los alumnos más pequeños, se acercó al grupo de los más grandes para tratar de ligar algo de bebida alcohólica.

—Dale, profe. Un traguito, nomás.

—Volvé para allá, con los otros —sentenció Olivera.

Pasaron unas horas y Cardozo se encontraba brindando con Ferreyra y Dacharry junto a la barranca, mirando el humo de mierda que hace la Celulosa de Capitán Bermúdez. Olivera dormía, preso de la borrachera, al lado del fuego.

—Yo traje un vino —comentó el menor, sacando un malbec añejado en roble de la mochila.

—Miralo al pibito —se asombró el escocés.

—Estos días —Cardozo se dirigió al bioquímico— escuché la historia tuya, Leo. La del verano; cuando pasaste remando por arriba de la tapia de La Primera y te fuiste para el lado de las lagunas del Video , esa vez que viste a la chica detrás del cerrito.

—¿Quién te lo dijo? —el bioquímico preguntó extrañado—. Se lo conté a muy pocas personas.

—No importa quién me lo haya dicho —el joven sabía que no debía revelar la fuente, pues Facundo Santoro, un correligionario de la agrupación del AKU (donde militaban también Dacharry y Ferreyra), narró esta anécdota a cambio de información sobre un tal Yarará, un bandido rural que vivió en las islas a finales del siglo XIX y que, según creía Santoro, Cardozo estaba al tanto de una fuente que lo orientaría en su trabajo de investigación literaria—. Pero yo te puedo decir más sobre eso: sobre el fantasma del cerrito.

Cardozo narró parte de la historia ocurrida a un tío suyo, cuando éste acampó sobre un cementerio aborigen. Ferreyra no la creyó, pero Dacharry, que en esa conversación se informaba sobre tales misterios y sugestiones, no tardó en enviar un correo electrónico a un grupo disidente del Auld Kirk, la Iglesia escocesa.

Río Paraná Santiago del Río (1)

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Río Paraná Santiago del Río (1)

Parte III

La respuesta tampoco se hizo esperar: la orden europea le sugería ir al lugar del hecho. Consiguió un certificado médico apócrifo para faltar al trabajo y emprendió la empresa en soledad. Sabía que lo más probable era que nada de eso fuera real. También lo sabían los del Auld Kirk, pero éstos no escatimaban en gastos relacionados con búsquedas misteriosas. Se le envió dinero a su cuenta bancaria. Dacharry pensó que sería innecesario utilizarlo.

Río Paraná Santiago del Río (1)

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Río Paraná Santiago del Río (1)

Parte IV

No con pocas dificultades, alcanzó a cruzar la primera gran tapia, enterrando las piernas en el barro hasta las rodillas cuando necesitó salirse del bote, pues lo playo le impedía seguir avanzando. Habían pasado ya cuatro horas desde que saliera de la guardería, pero las ansias por llegar al cerro hicieron que las fuerzas de Dacharry no atenuaran su marcha, siquiera para descansar por unos pocos minutos.

El acceso al lagunón era muy difícil. Estaba sin defensas, pues le era casi imposible moverse en el barro que lo succionaba. Enseguida, un centenar de mosquitos —a pesar de que fuera mayo— lo rodeó y se abalanzó contra su rostro y brazos descubiertos. Logró avanzar una corta distancia cuando, superando la primera tapia, vio un trecho de unos cien metros de pantano de barro y yuyos que aún debería atravesar. Supo que no iba a poder lograrlo. Retrocedió, como pudo, hasta alcanzar otra vez la hondura. Se sumergió de cuerpo entero en el agua fría para aliviar el terrible dolor de las picaduras, y sólo salió a la superficie para colgarse del aro de kayac, cuando el ataque hubo de acabar. El fresco del agua era lo único que lo calmaba. La totalidad de su cara estaba cubierta por ronchas coloradas.

Siguiendo las referencias de Ferreyra, y guiándose por una foto satelital, el escocés trató de bordear la laguna para poder acceder por otra de sus márgenes. Fue imposible. La situación era la misma: mosquitos y poca profundidad para pasar con el bote, para colmo el barro era demasiado blando, como ocurre cada vez que el río baja sus aguas.

El intento fue un fracaso.

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Río Paraná Santiago del Río (1)

Parte V

El Sínodo del Consuelo, como llamaba Dacharry a sus cofrades europeos, envió otro mail. «Los gastos totales de la investigación corren por cuenta nuestra: utilice el dinero y averigüe qué ocurre allí».

Desde un campo, en los alrededores de Pueblo Andino, partió la avioneta fumigadora que lo condujo hasta el paraje inalcanzable de unos días atrás.

—Hacia aquella laguna nos dirigimos —le dijo al piloto.

—¿Querés que le demos unas vueltas en círculo?

—Sí, y acercate lo más que puedas.

Pudo ver el gran barrial que circundaba a todas las lagunas. Ni una sola vaca pudo arrimarse a los cerros que distinguió desde lo alto. Pero entonces vio un gran borboteo en el agua, de unos diez metros de diámetro.

—¿Qué será eso? —se preguntó Dacharry.

—Parece que hubiera un gran hervidero en el medio del charco.

—Andá para allá.

—¿Te puedo hacer una pregunta, que nada que ver? —habló nervioso el piloto.

—Dale.

—¿Qué te pasó en la cara? —le señaló las enormes ronchas coloradas.

—La semana pasada tuve un problema con unos bichos. Hoy vengo a buscar la revancha —de la mochila que traía sacó una gran bolsa inflable—. Esto es el chinchorro de un velero —enseñó un pequeño inflador para bicicletas y comenzó a darle forma al gomón, que al cabo de unos minutos ya no entraba en la cabina del aeroplano—Cuando te diga, hacés una pasada rasante; por ahora seguí dando vueltas en círculo.

Llegó el momento. El avión pasó cerca del agua, a unos cien metros del remolino. Dacharry arrojó las cosas de la cabina, y saltó. Cayó haciendo una bomba. Nadó hasta donde estaba el bote a medio inflar y terminó de darle aire. De la mochila —que también flotaba— extrajo una pequeña vara de aluminio que resultó ser el caño telescópico del remo que completaría, pues, con dos palas de fibra de carbono. Ahora tenía lista la nueva embarcación. Hizo señas al piloto para que dejara de dar vueltas alrededor de la laguna y se marchara.

Río Paraná Santiago del Río (1)

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Cuando por fin terminó de acomodar las cosas, usó sus binoculares para observar cómo era el movimiento que hacían las aguas hacia el centro de la laguna. Dudaba del hecho de llegar hasta ahí, pues pudo comprobar que el agua se levantaba sobre la superficie de la laguna a más de un metro y medio de altura.

—¿Qué habrá abajo, que genera ese movimiento tan extraño? —se preguntó.

Entonces observó algo. Algo extraño. Una silueta oscura contrastó con el paisaje, justo delante del remolino, asomándose desde y saliendo desde el fondo a la superficie. Luego se sumergió.

Volvió a aparecer: ahora más cerca. Volvió a sumergirse.

—¿Un pez coleteando? No. ¿Un carpincho nadando? Tampoco.

Trató de despejar sus dudas… Y volvió a emerger. Ahora mucho más cerca, y entendió qué era. Una cabeza humana… Una persona que se asomaba desde el agua y volvía a sumergirse. Dacharry, atemorizado, bruscamente inclinó su cuerpo hacia atrás, dejando caer los larga-vistas en el agua. Buscó, nuevamente, y nada pudo hallar. La cabeza humana no volvía a asomarse. Tomó la pala y apuró la remada para alejarse de ahí, pero ocurrió que, cuando ya estaba pronto a orillar, oyó el ruido del agua a su espalda: la criatura lo alcanzó.

Sintió una mano mojada y fría que lo tomaba por la nuca. Oyó la voz de una garganta afónica que citó palabras en una lengua desconocida.

Sus ojos se cerraron.

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Parte VI

Cuando pudo volver en sí, lentamente, entendió que aún seguía sobre la canoa pero, lejos de estar en la laguna, se veía derivando aguas abajo por lugares que se le antojaban conocidos. Un arroyo con casas sobre una de las márgenes. «Taco », alcanzó a leer.

—Es el Charigüé— se dijo. Había derivado más de veinte kilómetros, siempre por la costa del este. Dos niños lo seguían, caminando a la par por uno de los senderos. Dacharry oyó el motor de una lancha que se acercaba desde el norte. Los chicos agitaban sus brazos, mirando hacia donde venía el ruido y señalando al muchacho sobre el chinchorro inflado.

—¡Acá está! —exclamó uno de los hombres uniformados que llegaban al cruce sobre un guardacostas .

—Vino bajando desde allá —explicó el niño, que ahora apuntaba con sus manos río arriba.

—A ver. Ayudame a subirlo y después le pasamos un cabo al gomón —le dijo un prefecto al otro.

Dacharry no habló. Se dejó conducir al destacamento del centro de Rosario, y allí permaneció hasta la aparición de su padre.

—No puedo decirle con seguridad qué le ocurrió —habló el Doctor que lo revisara momentos antes—. No presenta golpes y sus reflejos son normales. Supongo que le ha bajado la presión y eso le produjo un desmayo.

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Parte VII (final)

«Encontré una entrada y, custodiándola, una guardiana»; correo electrónico de Hernán Dacharry, a sus cofrades escoceses.

26
may
09

Pequeños Paraísos

Partir despacio… Subir a un kayak y dejar la urbe atrás es cuestión de mucha paciencia, sin pensar en llegar a ningún lugar, sólo mirar la costa que pasa en cámara lenta, las plantas que hablan entre ellas en la lengua de los vientos y los animales que van y vienen: algunos bajo el agua cuando nos arrimamos a una playa, otros en la tierra, saltado de rama en rama, moviendo pastos, bebiendo río, y otros enredados en lo altísimo de una térmica.

Así, con esas ganas de admirar las costas lentas, las plantas hablar y los bichos andar, nos juntamos en el finde largo del 25 de Mayo para salir a buscar pequeños paraísos.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Yendo hacia el norte, muy lentamente nos alejamos de Rosario.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Buscando una costa para desayunar. A este sitio le llamamos la Playa Quemada.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

¿Ven ese árbol que brilla…? A la mitad, un poquito a la derecha en la foto… ¿Lo ven? Ése es el laurel de río. Siempre que preguntan cuál es el laurel yo digo: el coposo de hojas brillantes.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

¿Lo ven?

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Justo debajo del laurelito a Renata le saltó un carpinchito. Eso es otra cosa que les pasa a quienen andan en grupos chiquitos, río arriba, pacientes y silenciosos… Las criaturas se muestran.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Hicimos noche en los Meones, detrás de un banco de arena.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

A última hora llegaron los ingenieros.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Oh… ¡¡Camina sobre el agua!!

Panoramica Meones atardecer

Y se fue el día, nomás… Y volvió unas horas más tarde.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

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Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Panorámica Meones amanece

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Entonces vimos unas huellas cercanas a las carpas, que iban hacia atrás. Las seguimos hasta un madrejón entre dos albardones con saucedal.

Santiago del Rio Nutria Coipo

Nutria escondida Meones

Familia de nutrias

Qué maravilla de animalitos.

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Como sólo hablábamos de las nutrias, Chuzita —hija de la finada Chuza Guacuraí— que estaba celosa, nos mostró sus habilidades sobre la pinza multiuso Allus.

 Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Gracias, Gran Paraná, por permitirnos un día más en tus costas. Nota: esta plegaria que nos muestra el bioquímico se vuelve muy difícil hacia los meses de junio, julio y agosto.

Y sigue el viaje.

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Un varillero nos dio el Buen Día, y supimos que la Gran Madre nos permitía seguir rumbo.

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Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Uy… Se ve que pasamos temprano, que sorprendimos a este pichón de taguató en plena tarea de auto-aseo.

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Y ahí nos perdimos por los canales pequeños.

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Un tuyango bien alto.

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Cotorras siempre trabajando.

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Un clásico.

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Los siriríes colorados tranquilos, porque a nosotros no nos gusta matar fauna salvaje por diversión.

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Segunda  noche… Otro día que se va.

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Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

A pesar del frío y la niebla, nos fuimos en nueva expedición.

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No hay para mí momento más bello del día que el amanecer.

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Después de caminar un buen rato, nos detuvimos bajo un timbotal a preparar el desayuno y a revisar la tierra.

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Efectivamente, pobladores originarios habían usado estos albardones en sus peregrinaciones nómadas.

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No pudimos más que admirar esta maravilla de la naturaleza, pero empezaba el lento retorno a nuestra casa dura.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

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¿Quién la encuentra a la tortuga?

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Siriríes pampas.

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Carau.

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Cuervillos de las cañadas.

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El verdón tomando solcito en un pajonal —gracias Marina por el dato—.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Incolma auspicia este mágico momento (¿o era Tramontina?)

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Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Éstas no paran de trabajar y hablar… todo el día.

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Las cuatrillizas T.T. preparando los botes para el regreso.

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Una gallareta chica buscando costa.

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Los biguás escapando del kayak invasor.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

El último tramo. Muchos cansancio… Mucha integridad.

Pequeños paraísos Santiago del Río (1)

Encuentro con amigos, para tomarles su mate, comerles su picada y sus galletitas, y seguimos a Rosario.

27
ene
09

Vuelta larga al Alto Delta

Un viaje sin tiempo, desde Rosario hasta Diamante, ida y vuelta por diferentes caminos.

Hablar sobre la paciencia. Bien escaso… Rareza…

Ir río arriba en un kayak que apenas puede recorrer diez kilómetros en un par de horas, en enero, con temperaturas que superan los treinta grados, y sin otra compañía que las criaturas que las que acompañan en mi cabeza… Ahí hacemos uso de toda esa sabiduría a la que otros llamaron paciencia. La paciencia es el don de los árboles. Ellos la transmiten y algunos sabemos tomarla. No muchos; sólo unos pocos podemos hacernos de esa calma mágica que nos hace respirar a pulso lento aún cuando las ansias de alcanzar algún objetivo sean muy grandes.

Paciencia tienen los que saben vivir para ver que las semillas den sus frutos. Paciencia tiene el estudiante que se involucra con una carrera completa y la termina. Paciencia ha tenido el anciano que ha llegado a viejo con integridad y no con desesperación y mal humor. Paciencia tienen los amantes que se esperan. Paciencia… Ese don de los árboles que lejos está de la imagen de la persona que se sienta y espera.

Paciencia es poner cada día un ladrillo, y no esperar una semana a que se desocupe el albañil. La paciencia es una bendición que en el día a día va edificando a la velocidad de la posibilidad.

Si uno se va de viaje lejos, su viaje empezará —si carece de nuestro don— cuando llegue a destino, o lo empezará —si es dueño de este privilegio— en el momento en que disfrutará de ver un campo sembrado, y luego una zona ganadera, y luego el desierto, y la noche, y la meseta y la cordillera… Y todo eso ya es parte de su viaje, y no el «tiempo hasta llegar a su destino».

El kayakero puede remar y emprender un raíd, y disfrutarlo sólo en función de su paciencia. Si el objetivo es una playa lejana, pero antes deberá cruzar correderas con empalizadas, canales de barcos, lagunas sin sombra, entonces sólo el don que enseñan los árboles será la condición de haber iniciado el viaje antes de llegar a la playa. Dice Fito Páez, un músico rosarino: lo importante no es llegar, lo importante es el camino. Creo que los artistas que la pelean desde abajo, y no se rinden, saben qué es la paciencia.

Entonces me armé de paciencia, llené el bote con comida, la carpa, el cuadernito, un poco de ropa, utensilios de camping, y mis dos amiguitos: Trito Timai, una carranca brasileña, y Chuza Guacuraí, una lechucita toba. Allá me fui. Y ya no hablé… Callé para ver qué decían las criaturas que hablan en mi cabeza, y traté de hacerme un poco del río, un poco más.

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Qué ruidosa es Rosario. Alejémonos. ¿Vamos, Chuza?

¿DÓNDE, TRITO? A MÍ ME DA UN POCO DE MIEDO.

Vamos al río… Vas a ver qué lindo es cuando te alejás de la ciudad. Pensar que hay tanta gente que lo ha tenido toda su vida frente a sus narices, y jamás se ha preguntado qué hay en su interior.

MHHH… SÍ, ES VERDAD.

¡¡Vamos, Chuza; vamos a descubrirle secretos!!

BUENO, SÍ. PERO CÓMO HACEMOS PARA IR.

Hay un humano… ¿viste ése que aparece cuando estamos acá en la repisita, que nos sacude el polvo y les explica a los otros humanos qué somos?

SÍ…

Bueno… Ése tiene un kayak al que llama Toratay, y nos colamos ahí.

QUÉ EMOCIÓN. VAMOS.

Perfecto. Nos vamos al río… Vas a ver que al humano lo usamos de motor y nos lleva donde nosotros queramos.

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Llegamos medio tarde, pero mirá qué lindo se ve el sol desde acá.

AY, TRITO. ES TAN LINDO. LA TARDE QUE SE VA LENTA… TAN MÁGICO.

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¿QUÉ ATÓ AHÍ?

Una botella de vino. Hizo tanto calor que lo deja un rato en remojo.

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¿Así de rápido iremos en nuestra aventura?

NO CREO, TRITO. CON LO LENTO QUE ES ESTE HUMANO PARA HACER TODO. VISTE QUE HAY OTROS QUE SIEMPRE ESTÁN APURADOS. ÉSTE NO. TIENE UNA LENTITUD…

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¿Qué nos retás, humana? El tonto que vamos a usar de motor sabe manejarse solo. Dejá de retarnos.

SÍ, SEÑORITA. ESTÁ BIEN LO QUE USTED DICE. YA SÉ QUE USTED DEBE REGRESAR A TRABAJAR. NOSOTROS LO VAMOS A CUIDAR… A VER QUE ME ACUERDO LO QUE ME DICE: QUE NO OLVIDE PONERSE EL PROTECTOR ANTES DE EMPEZAR A REMAR, QUE LE PONGA MUCHA SAL A LAS COMIDAS POR EL CALOR, QUE LAVE LA OLLA ANTES DE COCINAR, QUE NO BOLUDÉE CON EL MACHETE, QUE NO CAMINE POR PASTOS ALTOS SIN BOTAS, QUE NO SE META EN ARROYOS TAPIADOS, QUE NO SE TIRE DE CABEZA AL RÍO, QUE NO DEJE COMIDA AFUERA POR LAS RATAS Y LOS CHANCHOS, QUE DEJE LA POLLERITA A MANO Y NO GUARDADA EN EL FONDO DEL TAMBUCHE…

Ay, Dios, qué pesada. ¿Será la madre?

BUENO… NOS VAMOS… CHAU.

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MIRÁ, TRITO. UNA GARCITA AZULADA.

Acá le llaman Chuñita. Qué belleza.

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LOS CARANCHOS NO ME GUSTAN.

Ja, ja. Dan miedo con esa pinta de malos. Éste está cuidando algo… ¿Lo viste?

NO. ¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ CUIDANDO?

¿No ves abajo?

NO VEO… AH, SÍ… QUÉ HERMOSO.

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SU HIJITO CARANCHO. ES UNA BELLEZA. MIRÁ EL COLOR DE SUS PLUMITAS…

Los caranchos son hermosos. Sabés cómo les llamaban los nativos de acá.

NO.

Cará cará… El río Carcaraná era llamado Cará Cará Añá.

CARANCHO DIABLO, ¿NO?

Sí. El carancho es uno de los pocos animales que los isleros no comen, porque está toda la mística de que como es carroñero…

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Paramos frente a la islita, Chuza. Mirá. Estamos en los Meones.

MEONES. QUÉ NOMBRE RIDÍCULO.

Una vez el humano motor estaba de mochilero en las sierras de Córdoba, y con su grupo habían perdido la huella cerca de la Pampa de Achala, hasta que el zonzo, en un error de costero, gritó… Ahí hay Meones.

QUISO DECIR MOJONES, ¿NO?

Sí… Todos se le rieron mucho.

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Una chicharra.

NOSOTROS EN EL NORTE LE DECIMOS COYUYO.

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Mirá esos puertos que se ven allá.

ÉSE ES EL PUERTO DE CARGILL.

En Brasil, de donde yo vengo, ésa es la empresa que está llevando a cabo la destrucción del Amazonas.

SÍ, TRITO. EN CHACO ME ENTERÉ QUE UN POCO MÁS AL NORTE, EN EL PARAGUAY, QUIERE ROMPER UNA REPRESA NATURAL DEL PANTANAL PARA PODER LLEVAR LOS CHATONES EN LA BAJANTE HASTA LA CIUDAD DE CÁCERES, EN MATO GROSSO. Y ESO REPRESENTA LA PÉRDIDA DEL 25 POR CIENTO DEL PANTANO MÁS GRANDE DEL MUNDO.

Se ve que andan necesitados de plata.

MIRÁ, SÓLO EN PUERTO ROSARIO, CARGILL FACTURA 9000 DÓLARES POR MINUTO. ES UNA GRAN BASURA.

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MIRÁ LA TIERRA CORTADA DE LA SECA.

Sí. Esta bajante del río es histórica. Es terrible para la naturaleza.

¿BAJANTE RECORD?

Sí, Chuza.

TODOS LOS AÑOS BATIMOS RÉCORDS.

¿?

EN INVIERNO DE 2005 LA MORTANDAD MÁS GRANDE DE ARMADOS, EN 2006 EL GRANIZO MÁS GRANDE, EN OTOÑO DE 2007 LA LLUVIA MÁS LARGA, EN INVIERNO DE ESE AÑO LAS TEMPERATURAS MÁS BAJAS Y LA MORTANDAD MÁS GRANDE DE PECES DE TODO TIPO, EN ENERO DE 2008 EL VERANO MÁS CALIENTE, QUE HABÍA ELEVADO LA TEMPERATURA DEL RÍO TANTO QUE LAS PALOMETAS ESTABAN LOCAS DE HAMBRE Y MODÍAN A LOS HUMANOS, EN INVIERNO DE 2008 LAS MÁXIMAS TEMPERATURAS PARA JULIO Y LA SEQUÍA MÁS GRANDE EN ESE AÑO. EN DICIEMBRE DEL AÑO PASADO, TAMBIÉN, LAS TEMPERATURAS MÁS ALTAS PARA ESE MES, Y AHORA ESTA BAJANTE HISTÓRICA. EL MUNDO ESTÁ SIENDO ATACADO TAN RÁPIDAMENTE QUE NO PARAMOS DE BATIR RÉRCODS. ¿Y QUÉ NOS ESPERARÁ PARA LO QUE QUEDA DEL AÑO?

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SE NUBLÓ… ¿HACEMOS UNOS MATES, TRITO?

Buenísimo, Chuza. Me parece que va a venir tormenta.

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Uy, mirá esa nube y esos rayos tan locos. Me parece que no zafamos de la lluvia.

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LOS TUYANGOS ESTÁN NERVIOSOS Y VUELAN EN CÍRCULO. ESO ES BAJA PRESIÓN. SE VA A VENIR, CHE.

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En Brasil está lleno de esas espátulas. Ze Oroco, en la selva, era amigo de una de ojos azules, que después es cazada y matada por un nativo de ahí.

ES TAN LINDO ESE LIBRO DE «ROSINHA, MI CANOA».

Es tan… tan bello. Creo que todos los que aman el río, alguna vez en la vida, deberían leerlo. No hay otro libro que defina tan bien la vida al aire libre como ese libro.

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Uy, se fueron.

ES PORQUE EL HUMANO SE QUISO ARRIMAR PARA SACARLES FOTOS Y, AUNQUE SE ACERCÓ DE A POCO POR DETRÁS DEL ALISAL, LOS BICHOS LO VIERON.

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UY. ME GUARDO. SE VIENE.

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Esperá, Chuza. No seas miedosa.

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VOS PORQUE SOS DE MADERA, PERO YO SOY DE BARRO SIN COCER. ME DESHAGO SI ME AGARRA EL AGUA.

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Mirá. El humano se puso a cocinar. ¿Le dará tiempo?

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Se va el sol. Chuza, ¿no vas a salir? Parece que no va a llover todavía.

NO. ME QUEDO ADENTRO DEL KAYAK.

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DESPERTAME MAÑANA, CUANDO ARRANQUEMOS.

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La noche y sus matices. Qué lastima que este barro quejón se lo esté perdiendo.

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Uy… me pareció que vi un rayo atrás del puerto.

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Sí… A la carpa con el humano. Se viene un tormentón y es mejor estar al reparo.

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¿DÓNDE ESTAMOS?

Te dormiste todo. Estamos remontando un brazo que los kayakeros le dicen Paraná de las Chatas. Recién pasó un grupo que venía remando desde Paraná. Chuza… Anoche tuve un sueño.

¿CUÁL?

Quiero ser mascarón de proa, como son las carrancas en Brasil.

PERO ES PELIGROSO. EL KAYAK PUEDE CHOCAR CONTRA UN PALO O UNA BARRANCA.

Será mi destino… No me importa. Jacques Cousteau tenía una carranca en su Calipso. Se la regalaron cuando entró al Solimoe.

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Uy… Mirá cómo le quedaron las manos al motor. Parece viejito.

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¿DÓNDE VA ESTE HUMANO? SE METIÓ EN ESA PICADA.

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Debe haber seguido una huella de carpincho. Ya va a volver.

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CHE. YA PASÓ COMO MEDIA HORA Y NO APARECE.

Tranqui, lechuza. Ya va a aparecer y seguimos.

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Mirá que lugar hermoso. Todos esos agujeritos en el barro son pisadas de carpincho.

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¿Y ESO AHÍ ARRIBA? MIRÁ ESE PÁJARO.

Ese cuaco es la que llaman garza bruja. Cuando son pichones tienen un plumaje re distinto.

AHÍ VIENE EL HUMANO. SIGUE EL VIAJE.

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Cómo quedó ese árbol en medio del arenal.

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ES LA FORMACIÓN DE UNA NUEVA ISLA. EN OTOÑO, SIEMPRE QUEDAN ESAS EMPALIZADAS EN EL TEUCO, Y DESPUÉS APARECEN LOS ISLOTES NUEVOS. PERO EL RÍO ÉSE ES TAN VIOLENTO QUE NO LAS HACE DURAR, COMO HACE EL PARANÁ, QUE ES MÁS TRANQUILO.

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Ésta es la Orzada de Nogoyá. Pero ahora está seca. Casi no hay agua y el bote apenas pasa por arriba de los arenales.

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UY. PARA PASAR HAY QUE DARLE TODA LA VUELTA AL BANCO DE ARENA.

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ALGUNOS BANCOS SON INFINITOS. ESTE NOS LLEVO COMO UNA HORA PARA DARLA LA VUELTA Y LLEGAR A SU PUNTAZO.

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El banco es enorme y el río parece re chiquito con la baja.

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Estamos cerca de la Boya 500. Desde siempre, un lugar elegido por los lancheros y furtivos para venir a matar animales.

ES QUE ESTAMOS TAN LEJOS DE ALGÚN POBLADO, QUE ACÁ SE PUEDE HACER CUALQUIER DEPREDACIÓN SIN QUE NADIE SE ENTERE.

¿Por qué los blancos matarán animales, sin tener hambre?

LA VERDAD ES QUE NO LO SÉ. EN EL IMPENETRABLE NO SE TOCA EL ANIMAL SI NO ES PARA SOBREVIVIR. ALLÁ NO HAY HELADERAS, ENTONCES TOBAS Y WICHÍS TIENEN QUE MANTENERSE BUSCANDO ALIMENTO, PERO EN EL CASO DE LOS BLANCOS NO SE ENTIENDE. MATAN POR GUSTO, CREYENDO REENCONTRAR ALGÚN INSTINTO DE ALGO QUE NUNCA FUERON.

El humano ha llegado para destruir todo lo que se le cruce. El humano no se detendrá. Cuando haya transformado el último islote en un lugar de pasturas para vacas, entonces seguirá buscando cómo seguir sacándole frutos al río. No se detendrá aún después de verlo todo arrasado por los tractores y por el fuego. Algunos optimistas dicen que van a defender esto, pero mientras no se regule la propiedad privada, cada ganadero va a poder seguir haciendo lo que quiera en su campo: quemarlo, cerrarle los arroyos, acabar con las especies autóctonas.

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Mirá esos fierros, Chuza. Debe ser el barco hundido que figura en los mapas.

SÍ… ¿QUÉ LE HABRÁ PASADO?

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Qué belleza de arenales. Tanta sequía, aun permite enseñar algunas cosas muy bonitas.

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TRITO, ¿QUÉ HACE EL HUMANO?

¿Se habrá vuelto loco? ¿Se querrá convertir en gaviota? Me da vergüenza ajena.

AHÍ SUBE AL KAYAK. SEGUIMOS, VAMOS TRITO. AHÍ, ENFRENTE DEL ARENAL, HAY UN ARROYO. CAE LA NOCHE ASÍ QUE NOS QUEDAMOS ALLÍ.

Esta noche lo voy a ver cómo hago para convencerlo al humano de que me ponga de mascarón.

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ES ENERO PERO HACE FRÍO. Y ÉSTOS YA SE DESPERTARON.

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YO ME QUEDO EN EL PASTITO HASTA QUE LLEGUE LA HORA DE PARTIR.

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Quiero ser mascarón de proa.

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VOS ESTÁS LOCO, TRITO. ES UN PELIGRO.

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MIRÁ, TRITO TIMAI, SE VIENE EL AMANECER.

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Empieza el nuevo día. El humano se levantó de buen humor porque la espalda le duele poco. Creo que le pido ahora.

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DISFRUTÁ DE ESTE AMANECER Y DESPUÉS LE DECÍS. HACÉ SILENCIO. IMAGINATE UNA CANCIÓN.

Y DISFRUTÁ DE ESTA MAÑANITA. QUE LA PALA DEL KAYAK «LE FLORECE EN LOS DEDOS» CUANDO REMA LENTO, Y EN SILENCIO.

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Y cumplí mi sueño. Soy mascarón de proa. Pero el humano tiene miedo de que me trabe en un tronco si pasamos por una corredera, así que dijo que después me iba a atar mejor.

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Salimos del arroyo…

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Allá se ve la reserva de Campo Rico. Donde va a estar el próximo Parque Nacional.

QUE BUENO… VA A SER MUY IMPORTANTE.

Sí… Se salvan 3000 hectáreas, y se destruye el resto del Alto Delta. Pero ojo que éstas se salvan. El Parque está genial… Buenísimo, pero los ganaderos y los furtivos siguen con impunidad para destruir lo que queda de flora y fauna salvaje.

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¿Y esa línea clarita al ras del agua?

ES UN BANQUITO DE ARENA QUE SE FORMO EN MEDIO DEL RÍO. ESTA BAJANTE ES INCREÍBLE.

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Por este lado va a ser la entrada al Rico. Más adelante está la casa del puestero.

Mucha gente de esta zona está afectada con hanta virus, hay que tener cuidado con todo. No dejar la carpa abierta, no dejar comida cerca, asolar la carpa antes de desarmarla a la mañana. Es peligroso.

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AHORA QUE TE VEO, TRITO, QUEDÁS RE LINDO.

Sí, pero estoy medio flojo acá. El humano dijo que me iba a atar mejor. Me muevo para todos lados.

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¿TENEMOS QUE SEGUIR PARA ALLÁ?

Puede ser, pero…

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…mejor lo convencemos de que nos metamos por este arroyo. Le dicen el Malo.

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UY, SÍ. ESTÁ BUENÍSIMO. METÁMONOS HASTA DONDE PODAMOS.

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Mirá, Chuza, ése es un timbó pacará.

¿EL DE LAS OREJAS DE NEGRO?

Sí. Mirá qué lindo. Es el más odiado por los carpinteros.

¿POR QUÉ?

Porque el aserrín es terriblemente tóxico y molesto.

MIRÁ VOS. ¿Y VOS CÓMO FUISTE PARA EL CARPINTERO QUE TE HIZO?

Yo soy un cedro del Mato Grosso. Era feliz en la selva, muy bello era todo allí. Imaginate que siempre me visitaban las garzas para hacer nido entre mis ramas más altas, atraía los monos, amaba ver a los yacarés desde lo alto, siempre se echaban a panzonear en una playita cerca de donde yo había nacido. Todo era tan bello, pero bueno.. el progreso, el dinero para unos pocos… Viste cómo es. Un día las topadoras transformaron todo eso en un campo de soja, contaminado de agroquímicos y alambrado. Todo era tan bello. Es cierto que no servíamos para producir mucho dinero, pero teníamos una función muy importante en el ciclo de la vida.

¿QUÉ HACÍAN USTEDES?

Nosotros, los árboles, refrescábamos la tierra del sol tropical, juntábamos agua en las épocas de lluvia grande para que no se desbordaran los ríos, y en las épocas de sequía la íbamos descargando lentamente para que no ocurrieran los desastres que llegaron después, como le ocurre a este Paraná hermoso pero castigado. Los árboles siempre amamos la tierra. Somos sus criaturas más sagradas y más antiguas. Yo tenía más de cien años cuando un estanciero ordenó que me voltearan con una motosierra, y me amontonaran con un tractor en el costado de un camino. Un hombre muy viejo, llorando, logró despedazarme un poco antes de que mi cuerpo gigante terminara de secarse y se le prendiera fuego, y yo soy un pequeño recorte de una de esas maderas que llevó… Hoy soy un muñequito de madera, pero no he dejado de ser un cedro, aunque sólo esto haya quedado de mí. Cuando cierro los ojos veo al jaguar que corre un chancho ´e tropa junto a mis raíces, siento el viento que sacude suavemente a las ramas donde las garzas habían hecho sus nidos. Cuando cierro los ojos veo que toda esa vida ha quedado tan lejos.

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¿Por qué te pensás que los árboles callan cuando pasamos cerca? Miralos. Nos miran silenciosos, nos respetan…

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Mirá cómo los ceibos apagan su rojo de fuego, que es señal de sumisión a nuestra venida por este arroyo. Yo los conozco… Ellos también a mí. Saben quién soy, a pesar de mi porte burlón e idólatra. Ellos saben que soy un cedro grande, uno gigante que ha sido muerto por muy poco. No he podido terminar canoa de indios, ni cartel de un Parque Nacional. Me han transformado en la pequeña carranca de un kayak, pero ellos saben quién soy… o quién he sido. Y me respetan, como yo los respeto a cada uno de ellos, no importa si sea torcido como un sauce, blandito como un aliso, pegajoso como un curupí o pestilente como un laurel. Entre los árboles nos amamos mucho. Qué lástima que el Dios de los hombres sea más fuerte que nuestro hermoso Urupianga.

FUERZA, TRITO. DALE… NO TE PONGAS MAL.

Está bien. Siempre pasa.

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MIRÁ QUÉ LINDO MONTECITO DE SAUCES DONDE PARÓ EL HUMANO.

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Y MIRÁ QUÉ LINDO QUEDASTE ASÍ ATADO. AHORA ESTÁS BIEN FUERTE Y YA NO HAY PELIGRO DE QUE UNA RAMA TE SAQUE DEL BOTE.

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DALE. JUGUEMOS MIENTRAS EL HUMANO SE VA A CAMINAR. ¿QUÉ DECÍS?

Bueno, Chuza. Al final no sos tan apática como te aparentan esos ojos serios. Juguemos a la escondida.

BUENÍSIMO. YO ME ESCONDO PRIMERO.

Dale que cuento… Hasta veinte. Uno… dos… tres…

A VER… ACÁ NO ME VA A ENCONTRAR.

Siete… ocho… nueve…

NO… MEJOR ACÁ.

Quince… dieciséis… diecisiete…

LISTO.

Veinte. ¿Dónde estás, lechuza? Mhhh. Por ahí no… Adentro del tambuche tampoco… Atrás de la pala menos… Entre la chilca, no… Ah, sí. Te vi… Ya sé dónde estás.

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Pica a Chuza adentro del mate.

AY, ME ENCONTRASTE.

Viene el humano. Sigue el viaje.

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ESPERÁ QUE SALGA DEL MATE. LISTO. SEGUIMOS.

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Allá vamos. Nada nos detendrá. ¡¡¡¡Sigue el viaje!!!!

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¿Y ESE MAPA ASQUEROSO?

Lo hizo el humano la otra noche, copiando de una foto satelital grandota. Lo hace para no equivocarse en las boquitas donde los arroyos se prestan a confusión.

OH…

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MIRÁ ESE PUESTO ABANDONADO. CÓMO DESAPARECIERON TAMBIÉN LOS MONTES.

Sí. Estamos llegando a una zona lagunera, y la altura de los albardones baja considerablemente.

¿POR QUÉ?

Cuando el río sube y arrastra mucho sedimento, lo deposita donde hay más árboles y donde el cauce principal choca con las costas. El grueso queda allí y hacia las lagunas pasa el agua más limpia de tierra. Encima el gran desgaste que sufre la tierra por el uso de la ganadería, al no haber tanto pajonal, hace que cada crecida aumente el nivel de altura de los bancos de arena y albardones más boscosos, y que disminuya la altura de los campos más pisoteados.

¿DE DÓNDE SACÁS ESE CONOCIMIENTO?

Un poco se ve a simple vista. Cada vez que el río sube, los arenales y bancos se hacen más y más grandes, pues ellos no tienen vacas y el alisal se hace asienta y la isla se levanta. Al resto lo he oído de ensayos de geólogos que han venido a trabajar al delta. Dice Liliana, una trabajadora del Parque Nacional Pre Delta, que es notable cómo las zonas donde la ganadería ha sido más intensiva han perdido altura en los años, y cómo, hacia los canales más importantes y hacia el bajo delta las islas vuelven a ganar altura.

¿Y DÓNDE LA CONOCISTE A LILIANA, SI NUNCA ESTUVISTE ALLÁ?

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Acordate que soy un árbol. La paciencia es nuestro don, y en paciencia de oír al viento norte puedo escuchar las voces, y aun los suspiros más lejanos. Los árboles conocemos… mucho conocemos… Aunque a los humanos no les importe. Conocemos, esperamos, vemos, recordamos. Cada timbó reconoce el dolor de cada espinillo, cada ceibo sabe qué familia de peces está saliendo de su laguna, y reconoce quiénes regresan en la primavera siguiente para volver a reproducirse. Todos los árboles tenemos una sola Alma Grande… y la paciencia. Sólo una cosa tiene más paciencia que nosotros.

¿QUÉ COSA?

La muerte, que te espera toda la vida… Ja, ja.

QUÉ CURSI, TRITO. ESTÁS PARA COMPONER ROCK.

Ja, ja. Sí, la verdad… patético…

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Incluso puedo entender a este pequeñín verde que me saluda… Incluso sé su miedo a caer desde acá al agua del arroyo, pues no quiere ser devorado por pececitos. En temblor y quietud, esta langostita espera que el bote se acerque a una costa donde pueda desembarcar más tranquila.

PARA EL HUMANO ES SÓLO UN BICHO QUE SE LE PEGÓ AL KAYAK, PERO AHORA ENTIENDO QUE LA SENSIBILIDAD, PARA EL ÁRBOL, ES TAN GRANDE QUE LO HACER PREOCUPAR AUN POR LOS DETALLES MÁS ÍNFIMOS.

Cuando era entero, un año completo lloré porque en un atropello dejé caer al suelo una rama, y ésta mató a la pequeña oruga que había llegado desde un arrayán del río a saludarme y admirarme.

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Mirá a esos gigantes que se asoman de la barranca entrerriana.

SÍ. MARAVILLOSOS ALGARROBOS, ÑANGAPIRÍES, QUEBRACHOS.

Los últimos del suelo continental costero.

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¡¡Sigue el viaje!! Allá vamos. Pronto entramos en el Barro, y luego en la Azotea. Vas a ver, Chuza, cómo te va a gustar… Dicen que hay mucha vida por esos lados.

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VOLVEMOS A VER SAUCES. VOLVEMOS A VER VERDES POR TODOS LADOS.

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¿OTRA VEZ PARAMOS?

Y sí… Imaginate que hace horas que no encontramos una sombrita.

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¡¡LOS CARDOS!! CUANDO YO ERA APENITAS EL FONDO DE UN CHARCO, VEÍA EN LAS TRANSPARENCIAS DE LA SUPERFICIE A LOS PANADEROS Y A LOS DIENTES DE LEÓN QUE ACARICIABAN EL AGUA Y SEGUÍAN VIAJE.

CUANDO EL INDIECITO TOBA BUSCÓ PARA AMASARME, CUANDO EMPECÉ A SER LO QUE SOY AHORA —ANTES NO ESTABA MAQUILLADA, UNA VERGÜENZA—, VI DE DÓNDE SALÍAN ESAS MARAVILLAS VOLADORAS. DEL CARDO NACE ESE PANADERO TAN LINDO.

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Y DE ESAS CASCARITAS EN EL TRONCO VERDE NACEN LAS CHICHARRAS CANTORAS AL VERANO. LAS CHICHARRAS ÉSAS QUE INSPIRARON A TANTOS SOÑADORES Y QUE SIEMPRE LLAMAN A LA AÑORANZA DEL TIEMPO DE LA NIÑEZ. QUÉ MARAVILLA DE ANIMALITO.

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Hablando de troncos verdes. ¿Viste el laurel gigante que encontró el humano motor? Ese árbol sí que ha visto todo en la comarca. Él todo lo sabe. Escuchá todo lo que claman sus brillantes y tupidas hojitas.

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¿A quién no le ha brindado reparo este gigante de madera olorosa? A las aves, a las bestias terrestres, cuántos yacarés habrán descansado su reptar bajo estas ramas tan viejas, cuántos isleros pobres habrán pasado las heladas bajo su reparo coposo?

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OTRA MAÑANA. APROVECHEMOS PARA ARRANCAR TEMPRANO. EN ESTOS ARROYOS LA SOMBRA NO ES ALGO QUE ABUNDE, Y SE ME SALE LA PINTURA.

Ay, Chuza, una vez que te levantás temprano… Esperá que hagamos unos mates y empezamos.

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VAMOS A REMAR EN LA NEBLINA OTRA VEZ. QUÉ LINDO. ME ENCANTA.

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Esa magia que está tan cerca, que cuesta tan poco, y que nos necesita tanto.

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MIRÁ EL PESCADOR. ¿HABRÁ ALGO EN LOS TRAMALLOS?

Difícil, Chuza. Esta bajante es tremenda. Ésta es la época en que los peces deberían estar saliendo de las lagunas, y todas las boquitas están secas. Creo que va a ser un año muy duro para la pesca.

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Hay arroyos por todos lados.

SÍ. PERO EL HUMANO MOTOR ESTÁ TOMANDO TODO HACIA LA DERECHA. ME PARECE QUE SUS MAPAS FEOS Y COPIADOS LO GUÍAN BIEN.

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Otra curvita y vuelve a tomar ese rumbo, siempre pegado a las barrancas continentales.

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¿Qué hacés ahí?

ME QUEDO ACÁ PARA AVISARLE AL HUMANO QUE EL AGUA ESTÁ LISTA. YA HIRVIÓ UNA PAVA RECIÉN.

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Mirá esa nutriera.

SE FONDIÓ, POBRECITA.

Escucho cómo sus maderas se retuercen de humedad y agonizan. Pobrecita. Pronto será parte del viborón naviero. Adiós, amiga.

SI HABRÁ TRAJINADO ESTOS ARROYOS.

Pucha, che…

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Y aquel caracolero… cómo hace equilibrio en una ramita de sauce.

MIRÁ EL PIQUITO CURVADITO.

Con él se mete bien adentro del caracol.

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UY… ESTE BOSQUE, TRITO.

Estamos entrando al Parque Nacional.

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Es hermoso. Y bien tupido. Acá sí que el humano no va a poder bajar del kayak.

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Esta picadita. Es una belleza.
AY, QUÉ LINDA. CUANDO ME VUELVA A LA TIERRA ME ENCANTARÍA SEGUIR MIS DÍAS EN UN LUGAR COMO ÉSTE. MIRÁ ESTE ÁRBOL… SERÁ PARIENTE DEL HUMANO MOTOR…
Rosario diamante santiago del rio (101)

El aliso es el pionero. De todos lo árboles, éste es el que nace primero en una nueva playa de barro o en un nuevo banco de arena. Forma un ñandutí tan espero que la próxima crecida dejará barro en las costas, atrapado por este arbolito.

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¡¡Un carau!!

NO, TRITO, ES UN CUERVILLO DE LA CAÑADA.

¿Y por qué esos colores?

PORQUE ESTÁ EN EL REPOSO SEXUAL. SE PONE MÁS COLORADOTE CUANDO TERMINA ESTA PACIVIDAD.

Así que no es un carau…

CONOZCO EL CHAMAMÉ DEL CARAU. ESTÁ CANTADO MITAD EN GUARANÍ Y MITAD EN CRIOLLO. ES MUY LINDO. LA LEYENDA DICE QUE CARAU ERA UN PIBE BASTANTE APUESTO, PERO QUE ESTUVO MUCHO TIEMPO CUIDANDO A SU MADRE QUE SUFRÍA DE UNA ENFERMEDAD MUY GRAVE. VIENDO QUE ÉL YA NO PODRÍA SEGUIR AYUDÁNDOLA, DECIDIÓ MARCHAR AL PUEBLO A BUSCAR REMEDIOS O UN BUEN DOCTOR. EN EL CAMINO SE ENCONTRÓ CON UNA BAILANTA, DONDE ENTRÓ DE PURO CURIOSO NOMÁS, Y AHÍ SE LARGÓ A BAILAR CON UNA MOCITA MUY LINDA. BAILARON RATO LARGO, HASTA QUE UN AMIGO QUE LLEGÓ CORRIENDO, LE AVISÓ QUE SU MADRE YA HABÍA MUERTO. EL CARAU LE DIJO QUE NO IMPORTABA, QUE YA IBA A HABER TIEMPO PARA LLORARLA, Y CUANDO SE QUISO LLEVAR A LA DAMITA PARA INTIMAR CON ELLA, LA CHICA LE DIJO QUE NUNCA LE ENTREGARÍA EL CUERPO Y EL ALMA A UNA PERSONA QUE DEJABA MORIR A SU MADRE. ELLA LO DEJÓ SOLO EN EL BAILE Y ÉL, AL DARSE CUENTA DE LO QUE HABÍA HECHO, SALIÓ LLORANDO POR EL REMORDIMIENTO. JAMÁS VOLVIÓ A SU CASA… EMPEZÓ SU PEREGRINACIÓN SIN DETENERSE POR ESTEROS Y CAMPOS CORRENTINOS. SUS OSCURAS ROPAS ARAPIENTAS EMPEZARON A TRANSFORARSE EN PLUMAS Y SUS BRAZOS EN ALAS… LENTAMENTE SE FUE VOLVIENDO EN ESTE AVE ZANCUDA QUE ANDA GRITANDO ACÁ EN ESTA LAGUNITA. EL DIOS DE LOS GUARANÍES LO TRANSFORMÓ Y LO CONDENÓ A LLORAR POR LOS ESTEROS.

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Y ÉSOS OTROS QUE ANDAN CAZANDO MOJARRITAS ARRASTRANDO EL PICO… QUÉ GRACIOSOS.

Hay pitotoys chicos en las lagunas. Qué lindas aves.

 

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Estas totoras son del continente. No hay en las islas del Alto Delta, pero acá se arriman casi hasta el arroyo La Azotea.

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¡¡¡¡¡LOBITOS DE RÍO!!!!!

Aprovechan y salen a la mañanita a pescar. Se la pasan todo el día jugando. Es tan lindo…

¿A ÉSTE LOS CAZADORES LO DEJAN EN PAZ?

Este… Mhhh…

¿TAMBIÉN LO MATAN A ESTE ANIMALITO?

Sí. Es uno de los que está más en peligro de extinción. La provincia de Corrientes, como no sabe cómo hacer para detener su depredación, lo declaró Monumento Natural Provincial. Ya un antiguo documental que a fines de los ochenta deambulaba por las escuelas de Rosario, uno donde un grupo de lancheros trataba de encontrar el barco de cemento que quedó abandonado cerca de Victoria; ya ese documental mostraba al lobito como una de las especies más amenazadas. La mayoría de los kayakeros que andan solos o con poca gente han tenido el placer de remar acompañados de un lobito nadando al lado del bote. El lobito es un animalito que puede domesticarse con facilidad, aun en estado salvaje se acerca mucho a los humanos. Ése es su gran error.

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ESTOS CAMINOS SE PARECEN A LOS DEL CHACO.

Es que estamos en una especie de chaco entrerriano. Algunos le llaman el espinal pampeano. Son árboles nativos de madera muy dura. Son como los que vimos en la barranca, cuando salimos del Malo.

AH, SÍ… ME TRAE MUCHOS RECUERDOS. SOY MUY NOSTÁLGICA.

Y, claro… Sos de tierra. La tierra siempre recuerda y llama a volver.

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Allá abajo está el delta. Volvamos al río.

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MIRÁ LA GOLONDRINA. QUÉ PAJARITO MÁS LINDO.

Sí, Chuza, pero el verano de golondrinas es un período muy difícil para el resto de las aves. Éstas son muy agresivas y territoriales, y las vuelven loco a picotazos. Ni los horneros ni los cuacos se salvan del ataque de estos pajaritos. Es increíble verlas correr a los caranchos de a tres o cuatro golondrinas, arrancándoles plumas con sus picotazos.

NO TE LO PUEDO CREER.

Uf… No sabés lo que son… Un humor…

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¿ÉSTE ES UN CUACO?

Sí… Esta garza es un cuaco que llaman hocó colorado. Tiene algo en la boca.

SÍ, TRITO. PARECE UNA CULEBRITA O UNA ANGUILA.

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¿Será pariente? Otra vez la misma duda.

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EL RESTO DE COMIDA QUE SOBRÓ DE LA OLLA ATRAJO AL PEPITERO DE COLLAR. ¿A VER QUÉ OTROS PAJARITOS SE ARRIMAN?

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UN CARDENAL BEBÉ. QUÉ TERNURA. TIENE EL COPETITO MARRONCITO TODAVÍA.

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ESTÁ OSCURO, PERO ME PARECE QUE HAY UN CHANCHO ALLÁ ENFRENTE.

No, Chuza. Es un carpincho. Es el mayor de los roedores en el mundo. Quedate callada y vas a ver cómo come tranquilo.

SE ACERCA UNA LANCHA. VAN A VENIR A MATARLO. ME IMAGINO QUE, AL IGUAL QUE A LOS OTROS ANIMALITOS, A ÉSTE TAMBIÉN SE LO MATA POR GUSTO.

Sí, mi compañera. Pero tranquila que es de día. Vas a ver que el bicho se va a ir. Además, no nos conviene hacer mucho ruido porque el lanchero se va a dar cuenta que estamos mirando para allá, y que habremos visto algo.

¿POR QUÉ EL HUMANO MOTOR QUE NOS TRAE, SI NO LE GUSTA MATAR POR DIVERSIÓN, LES TIRA CON RAMAS O BARRO A LOS ANIMALES SALVAJES? ¿NO LE GUSTA QUE ELLOS SE ACERQUEN?

Sí que le gusta, pero él sabe que es mejor que los animales le tengan miedo al hombre. Si los lagartos o los lobitos se acostumbran a la gente, no duran mucho tiempo.

¿Por qué hay tantos animales acá, y nada por donde anduvimos estos días, si acá hay muchos más humanos que en esos parajes solitarios?

Porque en las islas faltan personas, pero sobran armas, vacas y tramperas. Acá la naturaleza respira un aire de libertad. Acá los únicos cazadores son los dorados, los yacarés y los fotógrafos.
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¿ENTONCES LOS CAZADORES SON UNA BASURA?

No. Basura y plaga es sólo el que mata sin necesidad. Los nativos han vivido del recurso sin jamás extinguir una especie. Llevaban cientos de años acá cuando llegaron los blancos; y entonces los indígenas cazaban y pescaban, y convivían con el carpincho, la nutria, el lobito, el ciervo de los pantanos. Cuando el hombre blanco vino a pisar fuerte y mató a todos los indios, empezó a destruir su ambiente para hacerlo productivo. El Estado ausente hace que los pobres se las arreglen como puedan, y salen a cazar y a pescar como en la ciudad un cartonero sale a recolectar, o como en la cordillera el mapuche sale a buscar piñones de pehuén. El pescador y el nutriero no tienen que cumplir horario, no tienen días donde rendir cuenta, ni pagar monotributo o impuesto a las ganancias; su único patrón es el hambre. Hay una canción del gran poeta uruguayo, de Anibal Sampayo, que habla de la vida de los pescadores. Dice… «Usted que ha venido a fotografiar, no haga de mi suerte sólo una postal».

Hay una locutora radial de la ciudad de Rosario, que cada mañana dice que la persona más afortunada es un pescador que ella ve cada vez que sale de su casa para ir al trabajo. Dice ella que él tiene la suerte de ver todos los amaneceres desde el agua. Como si su canoa, olorosa y vieja, fuera el balcón exclusivo de un edificio costero. De verdad que la vida de un pescador es algo horrible.

PERO TAL VEZ ESA LOCUTORA SÍ TENGA RAZÓN Y ESE HOMBRE SEA EL MÁS FELIZ DE ROSARIO.

Tal vez sí… Aunque tengo que pescar en plena veda o en las mañanas heladas de invierno.

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¿Y este arroyo donde paró el humano motor?

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ACÁ. MIRÁ TRITO. ES LA PARTE INTANGIBLE DEL PARQUE NACIONAL. AHÍ NO HAY QUE PASAR. ÉSTA ES UNA ZONA RESERVADA PARA ESTUDIOS.

Cuánta responsabilidad. Qué bueno. Nos vamos, Chuza. Empezamos el regreso hacia Rosario.

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¿Qué hacés, Chuza Guacuraí?

LES TAPO EL CAMINO A LAS HORMIGAS, Y NO PUEDEN PASAR.

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JE, JE, JE.

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UY, RAYADORES. NO SABÍA QUE HABÍA DE ÉSTOS EN ESTA ZONA DEL RÍO PARANÁ.

Yo tampoco. Es la única especie de ave en el mundo que tiene la parte de abajo del pico más larga que la de arriba. La arrastra al ras del agua para cazar peces.

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Es increíble cómo van raspando cerca del arenal.

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Nos metimos en un arroyo.

¿DÓNDE ESTAMOS?

Esperá que miro el mapa improvisado del humano. A ver… Se llama arroyo el Laurel, y llegando a Gaboto le llaman las Cañas. Allá vamos.

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Te cuento una historia que me acaba de contar un curupí, ahí donde paramos para que el humano descansara. Le conté que veníamos de Rosario, y él me relató una historia de nuestra zona. ¿La querés oír?

SÍ, TRITO. DALE.

«Cuando estaban en guerra las tribus chanás con las comunidades del norte, ocurrió un día que los segundos —guaraníes—, pactaron un trato con Y Jara, deidad pagana que, se cree, habita bajo las aguas de los ríos sudamericanos. El objetivo del acuerdo era el de acabar definitivamente con el último grupo de la resistencia chaná, a cambio de una mayor devoción y mejores ofrendas hacia su deidad. Y Jara realizó, pues, un temible conjuro que cayó sobre la población que ocupaba el paraje donde hoy se encuentra el Cerro del Durazno, en la desembocadura del riacho conocido como los Meones Chicos, afluente del Salto.

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Pindoví, joven mercader y cazador chaná, se ausentó por algunos días hacia el interior del monte alto buscando un asentamiento carcará. Remontó, así, el río Carcarañá hasta el lugar donde hoy encontramos la comuna de Pueblo Andino. Después de cambiar cueros y peces por armas y maíz, Pindoví decidió que era el momento de regresar a su paraje, en el Cerro del Durazno. Derivó el Carcarañá hasta alcanzar el Coronda; de allí remó por las costas altas hasta la isla Del Encanto, pasó la Angostura del Quebracho; cruzó el paso ancho hasta dar con la entrada del Salto, frente a la isla del Pele, que en aquel momento era sólo un banco de arena que se asomaba en las bajantes. Durmió en la entrada de una laguna. No hizo fuego para no ser divisado, pues llevaba una valiosa carga de cueros y maíz que no debía ser interceptada por guaraníes, que para aquellos años llegaban de a cientos desde el norte.

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Esa mañana partió temprano y se extrañó de ver unas oscuras nubes llegando desde el sudeste. Pronto hizo frío y todo el cielo se oscureció. Encontró a un niño guaraní en una de las costas, pidiéndole a Pindoví que se acercara a la barranca. El pequeño habló de una nueva conquista. El chaná no le hizo caso. El guaraní insistió.

—Tu raza ha sucumbido —le dijo—. Sobre el cerro ya no está tu linaje. Todos fueron muertos por Y Jara. Su conjuro aún domina allí. No vayas.

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Pindoví no se dejó atemorizar por esas palabras. Siguió derivando. Pero aconteció que una garúa helada comenzó su descenso desde las nubes. El muchacho resistió. El viento contra la proa frenó su marcha. Pindoví remó más fuerte. La garúa humedeció toda su ropa: estaba helado. Para empeorar las cosas, las aguas del arroyo cambiaron súbitamente la dirección de su corriente. Ahora remontaba con viento en contra. Pindoví, tiritando, no se detuvo. Vio al niño guaraní otra vez en la orilla.

—Y Jara es el soberano —gritaba el pequeño, que no parecía sentir los efectos de la ventisca ni de la helada llovizna—. Él maneja el curso de las aguas; es quien trae crecientes y bajantes. Él es el dueño de la evaporación que ensucia el cielo de su odiado hermano Tupá —el sol—. Él decide cuándo precipitar y cuándo estallar en truenos. Tu comunidad ha muerto, chaná. Ahora reina el guaraní.

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Pindoví, rendido, soltó las palas y se dejó arrastrar por la corriente, que aún no recobraba su curso original. Al alejarse pudo ver los rayos de Tupá que franqueaban entre las nubes oscuras.

El arroyo lo depositó en un remanso que lo tuvo dando vueltas por el tiempo que lloró el infortunio de su estirpe».

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¿Qué le pasa al humano motor?

EL CALOR SOFOCANTE LO HABRÁ VUELTO LOCO…

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 POBRECITO EL TORATAY. LA QUEMADA LE ACHICHARRÓ CASI TODAS LAS HOJITAS.

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ANDAN MAL LOS PELUQUEROS DE LA ZONA. MIRÁ QUE TIMBÓ TAN FIERAZO.

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Mirá esa víbora gigante. Tiene más de dos metros.

LA ÑACANINÁ. ES UN TREMENDO CULEBRÓN. ACÁ TAMBIÉN LE LLAMAN CURIYÚ, COMO A LA ANACONDA AMARILLA.

Sí… Qué animal hermoso. Mirá a la derechita, se le ve la cabeza asomada y el cuello hinchado como las cobras de las películas. Ahí se mete en la cueva.

QUÉ BELLEZA DE ANIMAL.

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UY. EL ARROYO SE VOLVIÓ LENTO Y LAGUNERO. QUÉ CALOR.

El humano motor está buscando un sombrita.

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¿Qué es eso que encontraste en el barro, Chuza?

SON PEDACITOS DE VASIJAS INDÍGENAS QUE SIEMPRE APARECEN EN LOS CERRITOS. ÉSTAS ESTABAN EN EL BARRO QUE SE ASOMABA POR LA BAJANTE. SON MUY VIEJAS Y ESTÁN HECHAS COMO YO. LA DIFERENCIA ES QUE RESISTEN EL AGUA PORQUE ESTE BARRO ESTA COCIDO. AY, QUE PIROPERAS. ME DICEN QUE ESTOY MUY LINDA ASÍ PINTADA. JAJA. ME PONGO COLORADA. SON VIEJAS PERO NO PIERDEN LAS MAÑAS.

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MHHH… NO SE ENTIENDE NADA ESTE MAPA MAL HECHO.

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Salimos del arroyo y llegamos al brazo Coronda.

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Llegamos a Puerto Gaboto. El primer asentamiento en suelo argentino para organizar la masacre indígena.

¿DÓNDE SE METIÓ EL HUMANO MOTOR?

Se fue arriba de la barranca a comprar algo frío para tomar y para recargar agua potable. Ya vuelve. Pronto se viene la noche y ya tenemos que buscar un lugar para acampar.

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Aprendo a quererte cuando

te descubro en el olor inconfundible de

tus sauces,

que son leños ardidos del inicio,

rescoldo de remansos matealeros,

y trasfogueros que llaman llamas

entre brazas ocultas de ceniza leve,

ésas que me invitan a soplar para volver,

en fuego,

a vociferar al aire

la canción que enseña el río.

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Aprendo a quererte cuando

te descubro en el olor inconfundible de

tus sauces que

son fogón de alegría,

rescoldo de remansos matealeros,

y trasfogueros que llaman llamas

entre brazas ocultas de ceniza leve,

ésas que me llaman a soplar para volver,

en fuego,

a vociferar al aire

la canción que enseña el río.

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¿QUÉ RECITÁS, TRITO?

Es una adoración al fuego. La repito porque la lloran los pocos árboles de esta zona. Son dos versiones del mismo adagio.

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Buen día, Chuza. ¿Cómo amaneciste?

RODEADA DE MUGRE. MIRÁ ESTO.

Sí. Es una vergüenza. No hay lugar más mugriento que Gaboto en todo el Alto Delta. Las excursiones en lancha deben ser para fotografiar bolsitas y botellas tiradas. Gaboto es reconocido por su olor a tripa y sus costas bañadas de plástico. Es para vomitar. Las costas isleras rosarinas son un poco más limpias porque existen escuelas de canotaje que enseñan a los chicos lo que es el cuidado del río, pero por acá se ve que el respeto por la naturaleza está muy lejos de conocerse. Mirá nomás lo que es el río. Los espineles lo cruzan de lado a lado.

LA CARRERA DE NADO EN AGUAS ABIERTAS LLEGA HASTA CORONDA, PORQUE SI LOS NADADORES LLEGARAN HASTA GABOTO QUEDARÍAN ENSARTADOS EN LOS ESPINELES QUE CRUZAN TODO EL RÍO. ESTAS COSTAS SON TODAS SANTAFESINAS. TANTO SE LLENARON LA BOCA CON LA VEDA DE LA PESCA, PERO EL GOBIERNO PROVINCIAL ARREGLÓ CON LOS PESCADORES DEL SINDICATO CORRUPTO ROSARINO, PARA QUE NO CORTARAN EL PUENTE, Y SE OLVIDÓ DE LOS SUBSIDIOS PARA LOS PESCADORES MÁS SUMISOS. LA LEY POR AQUÍ NO HA PASADO.

¿Y habrá muchos de estos pescadores que cobran el subsidio en Gaboto?

¿VOS TE QUEDARÍAS EN TU CASA SI TE REGALARAN 800 PESOS?

Si yo fuera humano, con eso no podría ni mantener a mi familia. Seguiría haciendo lo que sea.

NO LES QUEDA OTRA. A SEGUIR PONIENDO EL LOMO.

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VUELTA A CASA, TRITO.

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Falta poquito. Al motor ya no se lo ve animado como días antes.

HACE MUCHO CALOR. YA CASI NO REMA, SÓLO DERIVA AYUDADO POR LA CORRIENTE Y EL VIENTO.

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Volvimos a los Meones.

NO PUEDO PARAR DE REÍR CON ESE NOMBRE. MEONES… QUE NOMBRE TAN RIDÍCULO.

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OTRA VEZ LA ISLITA. ESCUCHÁ, TRITO, ME PARECE QUE ESCUCHO «PARA ELISA».

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BUENO, CHE. LA VERDAD ES QUE LA HE PASADO MUY BIEN.

Gracias por tu compañía, Chuza. Estuvo muy lindo. Espero que este año podamos hacer otro viaje juntos.

YO CREO QUE SÍ.

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Gracias a Renata, que me acompañó en la partida, y a Leonardo Ferreyra que me recibió al regreso. Igual que Ricardo, que de casualidad me despidió y me recibió.

Gracias a Liliana, del Parque Nacional, por sacarme tantas dudas. Gracias a Guillermo, el lanchero de la Ave Fénix, por seguir luchando para que la gente ame el río de vida, como él llama al majestuoso Paraná. Gracias, David, por enseñarme que la soja es una gran mentira y que el campo puede vivir sin glifosato, que se puede ser minifundista y apostar al cultivo intensivo, pero hay que tener ganas de trabajar. Gracias a Martita, por la atención y por la pata-muslo que me regaló. Gracias a Trito Timai y a Chuza Guacuraí, por el aguante.

Para salvar al Gran Paraná hay que contagiar. Se puede. Hay que contagiar ganas.

PARA VER ESTE DOCUMENTO FOTOGRÁFICO DE FORMA ORDENADA, Y CON LA POSICIÓN SATELITAL DE DONDE FUE SACADA, ENTREN AQUÍ, Y VAYAN CORRIENDO LAS IMÁGENES CON LA FLECHITA QUE ESTÁ SOBRE LA FOTO, HACIA LA DERECHA.

25
jul
08

Vuelta larga al riacho Paranacito

LA PARTIDA. COMO ANDÁBAMOS SIN PLATA, NOS SUBIMOS A LOS BOTES Y PARTIMOS SIN RUMBO.

LA MILONGA. EMPEZAMOS ACÁ, A UNA HORA Y MEDIA APROXIMADAMENTE DE LA GUARDERÍA. ENTRAMOS EN EL RIACHO PARANACITO, DESDE EL PARAJE CONOCIDO COMO BOCA DE LA MILONGA.

NAVEGANDO POR EL PARANACITO

DEJANDO ATRÁS A «ESO QUE LLAMAN CIVILIZACIÓN»

MARTÍN PESCADOR PEQUEÑO

UN DESCANSITO

EMA, TINA, GOYO, PAOLO EL CUENTACUENTOS Y YO. CUANDO LE PREGUNTAMOS POR PAVADAS Y CREENCIAS, EMANUEL NOS CONTÓ SOBRE UN EXTRAÑO CERRO EN LOS CONFINES DONDE COSAS RARAS SE VEN DE NOCHE. TRATAREMOS DE LLEGAR HASTA ALLÁ, LE DIJIMO AL MUCHACHO ISLERO.

REGALO DE RUBÉN GÓMEZ. UNA NUTRIA O COIPO. DESPRECIAR ALGO CUANDO UNA VIAJA POR AGUA ES PEOR QUE CODICIARLE LA GUAINA A UN ISLERO: ACEPTAMOS SU REGALO.

QUEMA DE PASTIZALES

ISLA VUELTA PAMPA GANADERA. MIREN CÓMO LA CASA DEL CARPINCHO QUEDA ARRASADA POR LOS GANADEROS ASQUEROSOS QUE SÓLO QUIEREN DINERO.

VISTA DEL ARROYO DESDE UN ALBARDÓN

ESPINILLO SOLITARIO

CAE LA TARDE EN EL ARROYO

ROSARIO CON UN ZOOM ENORME

EL ÚLTIMO RAYO DE SOL

SE VA TUPÁ YARA

LLEGA LA NOCHE

FOGÓN Y CARPA

FUEGO, LUZ, CALOR, VIDA

EL PACTO DE LOS VIAJEROS.

CISNES AL AMANECER

 

AQUELLO QUE QUEDÓ ATRÁS

MATE, CHAMAMÉ Y AMIGOS. LINDO PARA ARRANCAR. PAOLO HACE DOS AÑOS QUE TOCA LA GUITARRA, YO HACE 5. NUNCA ES TARDE PARA LARGARSE A APRENDER.

CANOA FONDEADA

NO OLVIDAMOS, JAMÁS. ESTEMOS DONDE ESTEMOS PEDIMOS JUSTICIA Y CASTIGO A LOS RESPONSABLES DE LA MASACRE NEUQUINA DEL 4 DE ABRIL DE 2007. SOBISCH 100 POR CIENTO ASESINO.

ELONGACIÓN.

DESVÍO POR EL ARROYO CONFINES, DESDE EL CAMPO LAS OCHOCIENTAS.

BUSCANDO EL CERRO, QUE PARECE NO APARECER NUNCA. SEGUIMOS EL RASTRO QUE NOS DEJARA EMANUEL.

TORTUGA CAMUFLADA

LEJANÍSIMO

 

EL HAMBRE. SEGUNDA COMIDA CON LA NUTRIA.

CHAU, CERRITO

PASANDO LA TAPIA PARA VOLVER AL PARANACITO

ASÍ SE INICIA LA MUERTE DEL MONTE

ASÍ QUEDA LA VIDA, POR CULPA DE LOS GANADEROS

EL HUMO QUE DOS DÍAS DESPUÉS SE VOLVIERA UNA IMAGEN DANTESCA DESDE LA CIUDAD. AQUÍ Y ASÍ SE ORIGINÓ.

LA SALIDA DEL ZANJÓN DEL CAICA.

EL KAYAK, ¿QUÉ MÁS SE NECESITA?

VACA PEQUEÑA SUBIDA AL LOMO DE LA GRANDE

HAMBRE

ADENTRO DE LA ZANJA

ARROYO MARAVILLOSO

PAOLO EL KAYAKERO

BUSCANDO COSTA Y LUCHANDO CON LA CORRIENTE

BONITO, ¿NO?

AVANZANDO

CANSANCIO

SENTIMIENTO DE AÑORANZA POR UNA PRENDA

LUGARCITO PARA ACAMPAR

CULEBRITA AMIGA

LA LUNA TRAS LOS SAUCES

UNA SOPA EN LA OLLITA QUE ERA DE MIS PADRES —CUANDO ACAMPABAN— Y QUE DEBE ESTAR RONDANDO LOS 35 AÑOS.

NUESTRA CASITA TRANSPORTABLE.

PREPARANDO LA CENA

SE DURMIÓ EL AMIGO

URUTAÚ LLORÁNDOLE A LA LUNA

VOLVIENDO A CASA, AL AMANECER

DESCANSO Y MATE EN LA LECHIGUANA DEL CHARIGÜÉ

GALLINETA CURIOSA DE LA MUGRE QUE DEJARA ALGÚN LANCHERO

CALAMBRES Y DOLORES

LLEGANDO AL PARANÁ VIEJO

BIGUÁ DISFRAZADO DE GÁRGOLA

EL REGRESO A CASA. FIN DE LA VUELTA.




Art. 41. de la Constitución Argentina.

Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales. Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales. Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos.
TAPA DEL LIBRO SANTIAGODELRIO Todos éstos están ahora atrapados en nuestro remanso costero:

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¡¡¡Seguimos adelante!!!

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Que nuestros humedales no sean transformados en una pampa ganadera.

Quema de pastizales

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Máxima del libertador

«Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: —Anda, pobre animal: el mundo es demasiado grande para nosotros dos.»

José de San Martín.

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SANTIAGO GUARÚ DEL RÍO

LLAMADO A LA DEFENSA DE LA VIDA Paremos la matanza de animales autóctonos en nuestros humedales. Cambiá tu arma de fuego por un cámara de fotos, y ayudá a tu río a que ellos sigan con vida. Sin armas de fuego: Vuelve el Ciervo de los Pantanos a llenar de belleza al río. El Yacaré nos ayuda a controlar la población de palometas. El Lobito de Río otra vez se acerca a nadar junto a nuestras embarcaciones. El Carpincho deja de ser un animal de hábitos nocturnos, recupera su población mermada y vuelve a visitar nuestros campamentos a la luz del día. Sin armas de fuego paramos el depósito contaminante de plomo en aguas quietas. Sin armas de fuego dejamos un ambiente rico en biodiversidad de fauna autóctona a nuestros hijos. ¿Qué río querés vos? ¿El de un paisaje depredado o el de un ambiente rico en fauna? Ayudá a tu río. Recuperarlo es posible. Paremos la matanza de animales autóctonos.

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  • Tierra de gigantes junio 5, 2014
    Originalmente publicado en NATURALEZA EN CASA:Hay quien no puede ver porque su preocupación está en generar dinero. Hay quien no puede ver porque su preocupación está en mantener nutridos a sus miedos. Hay quien no puede ver porque ha hallado su pequeña cuota de seguridad apegándose a los pequeños espacios ganados con esfuerzo. Hay…
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    Originalmente publicado en NATURALEZA EN CASA:En un discreto borde del gigantesco valle de inundación del Paraná, como una posta poblada en la delgada línea del agonizante bosque de barrancas, aparece la comunidad costera de Puerto Las Cuevas, allá en el este de nuestra gran comarca del agua. Desde allí partieron nuestros tres nobles navíos,…
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  • NDORÍ marzo 16, 2014
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  • Final del verano recorriendo las islas marzo 13, 2014
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  • El Blog del Río Paraná en 2013 enero 16, 2014
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  • ALGARROBALES DEL SUR SANTAFESINO diciembre 18, 2013
    Este bosque hermoso que atrae musas de poesía y música, sirve de refugio para aves que llegan desde el norte selvático a nidificar a nuestra tierra, da madera, da miel, da medicina natural en abundancia, da harina dulce, da tinturas oscuras para telas, da frutos, retiene al agua de las lluvias, guarda predadores que controlan las poblaciones de roedores pequ […]
    Maximiliano Leo

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Decálogo de la Naturaleza

1 No tendrás otros dioses delante de la Gran Madre Naturaleza. Amarás con todas tus fuerzas a la Creación que te ha dado vida.

2 No te harás imágenes artificiales de las cosas que están en la tierra, o debajo de las aguas o arriba en los cielos. Dejarás los árboles donde están los árboles, las aves donde están las aves y las nieves donde están las nieves. No levantarás un bosque donde hay desierto o harás un desierto del lugar donde está el bosque.

3 No tomarás el nombre de la Gran Madre en vano. No repetirás frases como «Todo bicho que camina va a parar al asador» o como «Todo árbol es madera pero pino no es caoba».

4 Acuérdate de tus tiempos libres, para visitar los espacios naturales de la Gran Madre. Seis días trabajarás, pero uno tendrás para acariciar la creación que cada día te da el pan y el oxígeno para que tú y los tuyos puedan vivir.

5 Honrarás a la Gran Madre, para que tus días y los de tus hijos se alarguen en la tierra que te es nido. 6 No matarás a ningún animal salvaje, sino es para alimentarte cuando no tengas otra posibilidad o cuando el que lo haya matado gane, por esa vida muerta, el pan para sus hijos.

7 No cortarás el árbol ni mandarás a cortarlo, si primero no has plantado sus semillas en un lugar seguro, poniendo tu vida como precio por la descendencia de ese ser longevo de esta tierra. No tendrás mueble de madera lenta ni papel que no uses de las dos carillas.

8 No le robarás su pan a las personas que sobreviven por las criaturas de la Gran Madre: ni al pescador, ni al horticultor, ni al cazador, ni al tambero le robarás la dignidad de vivir como vive.

9 No mentirás diciendo que eres lo que no, y serás consecuente si vas a estar de este lado de la lucha.

10 No desearás el árbol, el pastizal, el agua, los animales, las nieves, el oro, los bosques ni el suelo del que ha ocupado la tierra antes que ti y que la ha mantenido sustentable por cientos de años.

http://rioparana.wordpress.com/

Cuando era chico me gustaba cazar a mí también, hasta que traté que una perdiz levantara vuelo para tirarle y, como no subía a pesar de mis pisotones al suelo, al acercarme me di cuenta que tenía cría abajo ... nunca más le tiré con algo a un ser vivo.»

Capitán Martín Burbuja.


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