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05
Dic
09

Lenguas de agua

Nota para el visitante del Blog del Río Paraná:

Que te quedes conmigo,
que veas,
que hagas un esfuerzo por
sentir lo que mi alma,
cuando recorro las
lenguas de agua que
le hablan vida a los castigados bajos de las islas.

Que te quedes conmigo,
que me acompañes a
recorrer ese lugarcito que
tenés frente a tu casa,
y que no te has detenido a conocer.

Que te vengas,
que no pases esta instancia,
que te quedes.

Prepará tu tiempo para darte la calma y
el espacio para reproducir eso
que mis ojos han visto.
Te los presto,
te los doy,
son tuyos,
te doy mis ojos porque
necesito que vos los uses para
ver la vida de una criatura de
agua y barro
que llama, llora y espera.

Tapias en el canal.

Frutos de la Hidrovía y su dragado.

Piragüeros rosarinos.

Sin barranca.

El fin de un parador.

Retrato de un padre.

Albardones bajos anegados.

Detrás del monte se esconde un gigante de piedra.

Ingenio para sobrevivir.

Flor del Duraznillo Blanco.

Aguapé Eichhornia Azurea.

Aguapé Eichhornia Crassipes.

Aguapé Pontederia Rotundifolia.

Las cosas materiales pasan.

Juncos.

Caracolero adulto.

Caracolero juvenil.

Saucedales anegados.

Árbol Sangre de Drago.

Yunta de Carpinteros Reales.

Huevos de anfibio.

Taguató en el sauce.

Tertulia de mojarras.

Pichoncitos de Torcaza.

Mamá Torcaza.

Zorzal Chalchalero cambiando sus plumitas para dejar de ser un pichón.

Tener aves prisioneras es traicionar la confianza, la amistad y la libertad.

Paloma Manchada.

Mi lindo Toratay.

El rancho de Pascual.

Alisal anegado.

Golondrina Parda.

Sauces y alisos jóvenes en un albardón bajo.

Zanjón abierto.

Lagunas tapiadas pero navegables.

Timbotal a la vista.

Un caminito forzado.

Mágico monte de timbós.

Anambé en el timbó.

Verdón.

Hermbra del Picaflor Común.

Chingolito.

Árbol Sina Sina.

Cuclillo Canela.

Colmena abandonada.

La isla y sus lenguas de agua dentrando en los esteros.

 Gracias por la paciencia.

 

29
Nov
09

Lo que sí

No sé explicar qué es ser kayakero. Una vez leí algo bastante interesante en el relato de Facundo Santoro: un amigo a quien persigo desde hace años para terminar la obra sobre una vieja logia llamada AKU. En su texto él se pregunta si esto del kayakismo —no canotaje— es un deporte, una actividad de recreación o un estado de búsqueda… probablemente no sea nada de eso y casi con certeza lo sea todo, y mucho más…

Cuando yo era más chico me acerqué a este mundo tan lindo y fácil de aprender, tal vez buscando el sentido de pertenencia a un grupo, tal vez para ver de cerca al Paraná: que entonces era ese misterio oscuro que encontraba al oír, en la radio de mi madre, a las voces de viento atrapadas en los payés chamameceros.

El porqué de volverme kayakero es confuso para explicarlo. Pero aquí estoy, intentándolo. Ciro Lorente: un amigo en común con los miembros del AKU —actualmente internado en un hospital psiquiátrico—, me dijo en el año 2002 eso que me cambiaría la vida y me volvería esto poco pero digno que soy ahora. Él me regaló, con esa propuesta, la oportunidad de irme alejando de forma definitiva de las necedades de los improductivos intelectuales a quienes admiraba sobre su estúpido y efímero pedestal, tan grande como una mesa de café. Bueno… dejé una pavada que habíamos puesto por nombre Saint Térrièns: la casa donde habitan nuestros alter egos y la gente famosa que se muere, y me permití superar lentamente el síndrome de Estocolmo, para por fin borrar esa vulgaridad tan ridícula de creernos poderosos e intelectuales. Ahora podía enamorarme de algo real y vivo.

Ciro Lorente me dijo ese año: «El día del equinoccio de septiembre dejaríamos todo atrás y cambiaríamos de vida». Nos iríamos a buscar un espíritu al que llamábamos «La Calma», que habíamos encontrado oculto en la poesía del finado santiagueño Jacinto Piedra.

Durante meses planeamos aquel momento. Sabíamos que a La Calma no se la encontraba de a poco, sino que se la recibía de un solo golpe. Si la hallábamos, ya sabríamos siempre donde encontrarla.

El día del equinoccio de septiembre de 2002 nos iríamos a su encuentro. Estábamos convencidos —«trabados» diría un amigo kayakero— que ese espíritu nos iba a estar esperando allá en el monte…

Llegó el 21 de septiembre. Llevamos hasta el río los dos botes viejos, feos y rotos que habíamos podido pagar con nuestros ahorros —Ciro Lorente ganaba 14 pesos por día trabajando doce horas en un lavadero de autos y yo pasaba en computadora trabajos prácticos y tesinas finales a 80 centavos la carilla—. Cargamos los kayaks con pocas cosas: unas ollas de aluminio que habían sido de mis padres, una carpa que habíamos comprado a medias, una bolsa de dormir, unas velas, un machete que le gané a Lorente en una apuesta —el que aguantaba menos sin fumar tabaco debía pagarle un machete al otro… el tiempo que tardamos en esperarlo al equinoccio nos dio muchos ideas con las que elegimos rellenarlo—.

Y salimos a remar el 21 de septiembre de 2002. Tuve la suerte de que mi padre me enseñara lo básico para mover un kayak en el agua, y que me animara a comprar uno simple —para un solo navegante—. Había oído hablar de un paraje llamado La Milonga, y le sugerí a Ciro Lorente que tal vez en aquella dirección podríamos encontrar al duende de La Calma. Me dijo que sí. Ahora que escribo recuerdo las historias de La Milonga; así me la describían: es la entrada a un arroyo con árboles a los costados que te lleva al interior del delta. Un lugar increíble ¿Cómo sería la isla por adentro? ¿Qué habría en esos lugares? ¿Serían montes maravillosos como ésos que se ven en las fotos aéreas de los arroyos meandrosos del norte? ¿Serían arroyos de vegetación bajita como la que se ve al costado del Ludueña?

Nos dijeron que la Boca de la Milonga quedaba a muchísima distancia de donde habíamos bajado al agua los botes, así que imaginamos que, superando un tapón artificial de arena, podríamos acortar la distancia y llegar por atrás, sin enfrentar la corriente de ir río arriba. Para ello, después de saltar el tapón utilizamos el canal de navegación del terraplén Victoria-Rosario, pasamos una laguna, alcanzamos el arroyo Paranacito y lo remontamos hasta entrar en los saucedales donde el albardón se vuelve más alto. Estábamos en el paraíso. El camino no era más corto que si hubiéramos seguido por el río grande, pero por primera vez remaba por el interior de las islas, donde todo es pajonal, madera dura y distante, y los horizontes son largos y descubiertos.

Acampamos en un recodo al que con los años llamamos Las Pajas. Dos sauces jóvenes nos daban sombra y leña. ¿Para qué más? Y ahí fui feliz. Aprendí a hacer un fogón, a oler el perfume salicílico cuando le rompía las leñas más delgadas a los tronquitos de sauce, a encontrar la Cruz del Sur. En la primera noche de campamento en mi reencuentro con el kayak —o en realidad en mi nacimiento como kayakero— oí el canto del misterioso alilicucú: muchos años me llevaría observarlo. Fue maravilloso. Entendimos, con Ciro Lorente, que habíamos encontrado al duende de La Calma: un pomberito silencioso que nos mira desde la copa de los curupíes (*)y, tirándonos con pega-pega, nos aferra el alma, el corazón y el cuerpo, volviéndonos el ser que se anima a salir a andar por la más grande de las búsqueda de la vida: la de vivir sin evocar.

Con Ciro Lorente creemos que «kayakeros» son esas personas que han encontrado al duende de La Calma. Hay los que son palistas, remadores, amantes del kayakismo… Pero ya lo hemos acordado con mi amigo internado: ni Ciro ni yo vamos a considerarlos «kayakeros».

Facundo Santoro.

Bueno, voy terminando… tanto palabrerío ya ha aburrido y poco material concreto he presentado… Ahora paso unas fotos y un video de un lugar común para los kayakeros rosarinos. A media hora de remo de la gran ciudad aparecen estas criaturas de la gran madre naturaleza. Para disfrutarlas hay que practicar eso tan lindo que sabemos hacer silenciando gritos, sin apuro, escuchando, tocando, besando el aire… y siempre agradeciendo que toda esa naturaleza lindera a la ciudad nos reciba con los brazos abiertos cada vez que salgamos a buscar a nuestro amiguito que espera sobre el curupí…

Nota:

(*) El curupí es un árbol muy frecuente en el río y en los campos de nuestra pampa ondulada, que larga de su interior una leche pegajosa a la que llamamos pega-pega y que los jauleros utilizan para volver prisioneras a las aves.

Iguana Overa (lagarto overo).

Picaflor verde.

Cría de iguana.

Espinero grande.

Nido del espinero.

Kayakero (Juan Olivera, profesor de canotaje).

Pichón de algún tordo (ictérido) practicando mudanzas sureñas.

Pichón de ictérido besando la tierra.

Información para la identificación: César Giarduz (ornitólogo): mi profe de fauna.
09
Nov
09

Criaturas de los humedales

Fotos de una recorrida por lagunitas cercanas a Rosario, antes del encuentro kayakista por la defensa de los humedales.

santiago del rio parana

Una buena para la naturaleza.

santiago del rio parana

santiago del rio parana

Ceibo florecido.

santiago del rio parana

Tortuga de río.

santiago del rio parana

Garcita azulada.

santiago del rio parana

Chorlito de collar.

santiago del rio parana

Garcita blanca.

santiago del rio parana

Caracol recién nacido.

santiago del rio parana

Caracolito oculto.

santiago del rio parana

Curutié colorado.

santiago del rio parana

Caracolero en vuelo.

santiago del rio parana

Hembra del varillero negro.

santiago del rio parana

Macho del varillero negro.

santiago del rio parana

Monte lindo.

santiago del rio parana

Recorriendo humedales frente a Rosario.

santiago del rio parana

Timbotal y ganado.

santiago del rio parana

Caracolero sobre el mata ganado.

santiago del rio parana

Caracolero adulto en vuelo.

santiago del rio parana

Pollona azul oculta.

santiago del rio parana

santiago del rio parana

Pollona azul en retirada.

santiago del rio parana

Pollona negra.

santiago del rio parana

Caracolero juvenil.

santiago del rio parana

Patos capuchinos hullendo.

santiago del rio parana

Becasina en el pastizal.

santiago del rio parana

Colonia de cuervillos de la cañada.

santiago del rio parana

Tuyango (cigüeña americana).

santiago del rio parana

Carau.

santiago del rio parana

santiago del rio parana

Tuyango.

santiago del rio parana

santiago del rio parana

Caracolero buscando descanso.

santiago del rio parana

Tuyango oculto por una nube.

santiago del rio parana

¡¡¡¡Al agua!!!!

santiago del rio parana

Vadeando.

santiago del rio parana

santiago del rio parana

Garza blanca.

llegaban

FOTO DE WALTER ANDINO

Los que si

FOTO DE WALTER ANDINO

Todos de la misma tierra.

FOTO DE WALTER ANDINO

santiago del rio parana

santiago del rio parana

Los que SÍ.

¿Por qué nos reunimos los que sí?, según David Linaro.

De “Sitios”, “Lugares” y “No lugares”

Casi con seguridad cualquier kayakista o piragüero que sale remando desde la ribera rosarina, nos puede informar sobre el recorrido para llegar hasta “el Sitio” o “el Lugar”. Si los consultamos, nos podrán responder que cruzando el canal rumbo a la isla y, siguiendo río arriba por la costa, llegaremos al “Puntazo”; que si vamos cortando el Paraná Viejo, medio dejándonos llevar por las aguas, derivaremos hasta el “Sitio” (donde nos juntamos todos… donde seguro hay alguien con quien compartir unos mates…); pero si les preguntamos sobre “el Lugar”, nos dirán que para llegar deberemos pasar bajo el puente y remando de arribada unos diez minutos y, luego de pasar una pequeña ensenada que se formó en “el tapón” del canal que acompaña al terraplén, nos encontraremos con “el Lugar” (el lugar donde nos gusta acampar… o también, donde vamos cuando queremos alejarnos del ruido); un magnífico sauzal donde reina el ave y gobierna el verde. Estos parajes forman parte de una geografía con la cual nos identificamos, que reconocemos como “propia” y “familiar”; estos son sin duda “lugares” donde se vive y se convive, donde se establecen vínculos entre humanos y con la naturaleza.

Y… ¿Porqué esforzarme en resaltar todos estos rasgos, si estos sitios no constituyen atractivos para el turismo, ni tampoco características espectaculares? Pues bien: lo hago para oponerlos a los “No lugares”,* típicos de la era posmoderna, que se constituyen como espacios “sin arraigo”: los shoppings, los multicines, los locales de video juegos, los hipermercados; espacios sin geografía, ligados al consumo masivo y a la circulación permanente, semejantes en todo el mundo.*
Cuando caminamos dentro de un shopping, difícilmente podremos ubicarnos por los puntos cardinales, todo es luz, todo nos seduce a mirar, a tener, a querer comprar… También nos será difícil reconocer por dónde estamos transitando… tal vez hasta hayamos pasado dos veces, inadvertidamente, por el mismo punto.

Si analizamos un poco más, podremos aseverar que será lo mismo si ese shopping se encuentra en Bangkok, en Lima o en Arroyito; lo mismo da… Muchas veces, los cráneos de la mercadotécnia, del marketing y la publicidad, nos intentarán vender estos “espacios” como “lugares” de la globalización o “sitios” sin ideología… Y yo les digo ¡¡¡No!!! Nada más alejado de la realidad que estas aseveraciones, y digo que ¡Si tienen ideología!, una ideología que no nos pertenece “la de la clase dominante”, que es foránea y masificadora, éstos son los altares de la lógica capitalista a ultranzas, la que busca en nosotros al consumidor “sin arraigo y sin pertenencia”… Y no dudo un instante en reconocer que son lindos y atractivos estos lugares; pero cuidado… no perdamos de vista los propios; los de la geografía que nos pertenece, los que son parte de nuestra cultura, donde vivimos y nos reconocemos como rosarinos, santafesinos, litoraleños o argentinos. Y mientras —alegres— compramos los nuevos espejitos y cuentitas de colores, esos otros “Lugares”, esos “sí lugares”, ésos que sí son tan nuestros, hoy se encuentran en peligro. Sus recursos ya han sido focalizados, estudiados y evaluados, cuando no, ya comprados… por los poderosos del mundo. Pero por suerte… Este último fin de semana, un grupo de kayakistas preocupados por defender los “humedales del Alto Delta”, Eligieron “el Sitio”, como el lugar mas adecuado para reunirse y comenzar a trabajar en la difusión y concientización sobre las problemáticas ambientales y sociales que afectan a las islas, que son muy nuestras… y sin duda conforman nuestra identidad!

David Linaro (esta vez como profe de Geografía )

Anexo incómodo: ¿Por qué “Shopping” y no “paseo de compras”? ¿Por qué “Popcorn” y no “pochocho” o “pororó”? ¿Por qué “wafles o hot dogs” y no “panchos y empanadas”? ¿Por quéeeee….?

* Fragmento extraído de: “El río que somos”, Claudia Costinovsky , Coordinadora Area Eco Educación del Taller Ecologista de Rosario.

A continuación, un video donde podremos ver, además de fauna nativa de la isla, la virilidad del Señor Dobson y una muestra acrobática de los chicos de Kayakys.




TAPA DEL LIBRO SANTIAGODELRIO Todos éstos están ahora atrapados en nuestro remanso costero:

«La caza es sólo una denominación cobarde para un asesinato especialmente cobarde de criaturas sin posibilidades. La caza es una forma secundaria de enfermedad mental humana». Teodoro Heuss.

Que nuestros humedales no sean transformados en una pampa ganadera.

Quema de pastizales

«El fuego quedó prendido, como testigo nuestro ... en silencio, contrarestrando los escopetazos de los bobos que todavía van a cazar algo cuando no necesitan de eso para vivir ... quitando una vida inutilmente.

Cuando era chico me gustaba cazar a mí también, hasta que traté que una perdiz levantara vuelo para tirarle y, como no subía a pesar de mis pisotones al suelo, al acercarme me di cuenta que tenía cría abajo ... nunca más le tiré con algo a un ser vivo.»

Capitán Martín Burbuja.

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¡¡¡Seguimos adelante!!!

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A diferencia de los soldados, que en la mayoría de los casos tienen ante sí a un enemigo con iguales posibilidades, el cazador es especialmente cobarde: él dispara sólo cuando la víctima no se puede defender.

Que el hombre se atribuya el derecho de matar por diversión a seres vivos que sienten y que perciben el dolor igual que él, es algo absolutamente miserable.

Los cazadores futivos están acabando con la fauna nativa. No les sigas la fiesta a los matadores de carpinchos. Defendé nuestros recursos.

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SANTIAGO GUARÚ DEL RÍO

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