Entre los secretos del arcón del AKU en la misteriosa casa de calle Reconquista, disimulado entre revistas gremiales y álbumes de figuritas, hallé un cuaderno escrito en lápiz, aún con olor a humo de sauce y sin ácaros, donde el músico había plasmado pensamientos que seguramente fueron inspirados en sus tardes de isla.
Entre líneas desprolijas, gotas verdosas de mate y moradas de vino, encontré un texto que resultó demás de interesante para seguir sosteniendo mis ideas sobre las relaciones del AKU con el sistema capitalista del trabajo.
Escribió Iván Machado, el músico de Barrio Unión, cuando el artesano Néstor Renzi se disculpó por no poder asistir a un campamento en las islas debido a una entrevista de trabajo.

Al precio de «hasta cuánto querés tener» no lo pagás con otra cosa que no sea con los mejores días de tu vida.
A cambio del dinero que necesitás para el seguro mensual de tu auto elegís dejar pasar dos días de sol radiante.
Por la escuela con dueño de tus hijos, tres días del viento que acaricia, despeina y eleva sus barriletes.
Por tener 100 estúpidos canales, una tarde de mate y lluvia debajo de un quincho…
Por el exceso de energía gastado con el aire acondicionado, una tarde de nadar, fabricar castillos de arena y chapotear con tus pequeños en el hermoso Paraná que baña tu pueblo.
Así se va tu vida cada semana… día a día… de lunes a lunes.
Un lunes que se va sin dejar otro ínfimo recuerdo que una discusión laboral.
Un martes que parte para siempre, alejándose de la cobarde memoria de los que mueren en vida.
Un miércoles… Y más tarde un domingo que sangrará con sabor a lunes.
La vida se va… morimos… envejecemos… todo lo edificado sobre cimiento de material será vilmente repartido entre hijos, nueras, yernos y abogados…
¿Sabías que cada jueves, cuando el sol se está yendo por detrás de las distantes arboledas, un ave observa al coleccionista de ocasos y le susurra sólo dos trinos que hablan de la historia de la Tierra?
¿Sabías que en el amanecer de cada viernes sopla una fría brisa desde el este que seca los ojos del trasnochador solitario, haciéndolo llorar junto al río?
De todo eso te estás perdiendo, por el solo precio de lo que no necesitás.
Un lunes cualquiera, en primavera:

Saucedal en paz.

Suirirí Amarillo.

Cleome.

Saucedal muerto durante la última creciente cuando las vacas, amontonadas en este lugar y sin tener comida, devoraron las cortezas en busca de alimento…
Nota: las vacas murieron de hambre.

Margarita del Bañado.

Churrinche.

Lupinus.


Un senderito cualquiera, en el interior de las islas.
La banda de Ramón.
Parada kayakista.
Cortezas y focos de los sauces.
Un Músico pispiando.
Don Yasí, el señor de los cielos nocturnos.
El martes siguiente de aquel lunes que quedó a un día de distancia:
Otro saucedal.
Juan Chiviro contento por el gajito de mandarina.
El sol bronceando a la negra linda.
Tanto para contar.
Manos de kayakera.
La tarde tan linda.
Predominio vertical.
La brotada.
Leve repunte.
Creceré y seré tapia.
Otra del parador montaraz.
Maniobrando y cazando bichitos en las chilcas.
¡¡Un hermoso Carpinterito!!
El día miércoles de la misma semana, sin ganas de remar:
Líneas paralelas para este trigo que quién sabe qué rico pan será algún día.
¿Caserito, dulce, miñón, factura? Ahora sos tan diferente.
Caminos tan largos como los horizontes, así son los paisajes rurales en esta parte del mundo.
Un mega basural de ésos que nunca deben faltar en las cercanías de una gran ciudad.
Un tas que pronto será una achicharrada planta contaminada con agroquímicos.
¡¡Un misto!!
Oh… Acá comparten el alambrado con un pecho colorado. Pensar que en un par de meses empieza la soja y les van a fumigar los nidos en el suelo.
Lo que se hace por dinero, ¿no?
Una manera económica, saludable y sustentable de moverse sin apuros por todos lados.
Llega el hombre con su máquina. Ya volveremos a las cavernas.

Una fotografía muy fea, pero vale por el nidito y su mirada. Ésa es la cara que ponen las chiyetitas los miércoles al caer el sol.


Y vos preocupado por tanta cosa efímera.
Seguramente Iván Machado, el músico, después de escribir estas líneas, habría tarareado alguna canción como ésta mientras regresaba a su casa, como tararareaba cada lunes al atardecer.
Los que se animan a levantar su voz